Las razones políticas que alejan a Cristina del acuerdo con el FMI - Mendoza Post
Por: Mendoza PostJueves 24 Dic 2020

La escena que, como había que temer, iba a llegar, llegó. E inauguró una gigantesca incógnita sobre la vida nacional. Martín Guzmán frente a Cristina Kirchner. Entre los dos, la cuestión más espinosa: el aumento de tarifas. El ministro propone un 40%. La vicepresidenta le contesta: "Si vos estás ahí sentado, es porque yo gano elecciones. Y con ese ajuste las perdemos. No podemos tolerar más que un dígito. De una sola vez. En marzo". El límite quedó en 9%. Es una condición que desbarata toda la estrategia de Guzmán. El acuerdo con el FMI está en peligro. La vicepresidenta tiene razones para ser hipersensible a las correcciones en los precios de los servicios públicos.

Julio De Vido se cansó de anunciarlas pero, llegado el momento, siempre se detuvo. La experiencia regional refuerza esa inhibición. A Sebastián Piñera se le incendió Chile después de una suba en el ticket del transporte. La marea de descontento que afectó a Dilma Rousseff, y desembocó en su impeachment, tuvo el mismo origen. Cuando se examinan las encuestas que determinaron la derrota de Mauricio Macri se advierte que el enojo se enfocaba en los incrementos tarifarios. La señora de Kirchner está repasando ese panorama. Por eso le dijo a Guzmán: "Si no ganamos en octubre del año que viene, vas a tener una mayoría opositora en el Congreso. En ese caso, olvidate de gobernar". El razonamiento parece impecable. Salvo por un detalle: el camino alternativo también puede garantizar un derrumbe electoral.

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La estrategia sobre servicios públicos comunicada al ministro de Economía se había insinuado el viernes pasado, en el Estadio Único de La Plata. Allí la vicepresidenta fijó dos premisas. Dijo que para que el crecimiento del año próximo "no se lo queden 3 o 4 vivos, hay que alinear salarios y jubilaciones, precios, sobre todo de los alimentos, y tarifas". Y, en un sentido más amplio, propuso su propia gestión, ejecutada por Axel Kicillof, como la estrella de Belén que debería seguir ahora el Presidente. Fue directa. El éxito electoral de 2019 no se debió sólo al reencuentro de facciones, como pretende Sergio Massa. El electorado los prefirió porque recordaba el bienestar asociado a aquella experiencia. Ahí hay que volver.

La evocación nostálgica de Cristina Kirchner olvidó que aquel paraíso perdido contaba con una peculiaridad de la que este presente gris carece. Ella comenzó su segundo período, en 2011, con 25.000 millones de dólares de reservas líquidas en el Banco Central. Y entregó el poder con reservas disponibles negativas. Aún así, Kicillof debió soportar una devaluación en febrero de 2014. Además de reforzar una y otra vez el cepo cambiario, para que el público no accediera al mercado de divisas. Esos dólares fueron la fuente principal con la que se financió aquel muy discutible milagro.

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Hoy el Banco Central no tiene más que 1.100 millones de dólares para intervenir en el mercado. En un año se perdieron 10.000 millones. El drenaje se debe a una expectativa devaluatoria muy justificada. El público huye del peso al advertir los enormes niveles de emisión a los que obliga un déficit fiscal abultadísimo, que no es susceptible de ser financiado de otro modo. Quiere decir que existe un puente directo entre la dimensión del déficit fiscal y la caída de reservas.

La vía elegida por la señora de Kirchner para ganar las elecciones activa ese círculo vicioso. Los agentes económicos lo advierten de inmediato. Desde sus declaraciones en La Plata los contratos de futuros del dólar comenzaron a cerrarse con precios cada vez más caros. Un ejemplo: entre el 18 de noviembre y el jueves pasado, la cotización de abril del año próximo había caído de 110,23 a 101,13 pesos. Ayer cerró a 103,80 pesos. Esa alteración se verifica en todos los meses por venir.

¿A qué se debe el cambio de tendencia? A que la propuesta de la vicepresidenta supone, en principio, una ampliación del déficit fiscal. Las distribuidoras de gas y de electricidad deben pagar a las empresas que les venden el producto un precio que no se cubre con la tarifa que le cobran al cliente. La diferencia se cubre con subsidios que paga el Tesoro. Los especialistas calculan que, si en vez de un ajuste tarifario del 40% se realiza uno del 9%, ese subsidio ya no sería, como está previsto, de 2,6 o 2,8% del PBI, sino de 3,3 o 3,5%. Por lo tanto, hay que esperar más emisión monetaria y, en consecuencia, mayor presión sobre el dólar. 


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