La Lepra, el fútbol, los apodos épicos, los falsos ídolos y el vil metal - Mendoza Post
Domingo 9 Jun 2019Domingo, 09/06/19 atrás
porEmanuel Tristán
Editor de Deportes

 El miércoles 29 de mayo el mundo de Independiente Rivadavia celebraba con franca algarabía la continuidad de Gabriel Gómez al frente del equipo, luego de la brillante campaña en la última temporada de la B Nacional.

Gómez llegó a la Lepra en marzo del 2018. Debutó el 11 de ese mes con una gran victoria ante Quilmes. La última campaña de la Lepra fue fantástica.

Menos de diez días después, la galaxia Azul se desayunó con la intempestiva salida del entrenador, quién llamó a los dirigentes y les dijo que se iba a Mitre. Pum, corchazo a la alegría, de un segundo al otro.

"El Comandante", le habían puesto. Marcando un insensato paralelismo con el "Napoleón" de Marcelo Gallardo, todos compramos el apodo épico y nos prendimos en anteponer de manera viral ese excesivo alias previo a su nombre.

No pasaron ni dos semanas que caímos en la cuenta, una vez más, que al fútbol lo manejan la plata y los intereses, y que el propio Gabriel Gómez, que se había metido a los hinchas de la Lepra en el bolsillo, se mudaba a Santiago del Estero con una oferta superadora y un salario mensual suculento.

Y está bien que así sea. El técnico le sacó agua a las piedras con el plantel que tuvo y construyó junto con los jugadores un equipo sólido que contagió a sus simpatizantes un sentido de pertenencia que hacía tiempo no se percibía por avenida Las Tipas.  

"Me quería quedar. El error que cometí fue no haberme ido cuando terminó todo. Yo sabía que esto podía pasar".

Nadie va a renegar que Gómez aproveche una oportunidad laboral superior y siga su crecimiento como profesional. El que se enoja por eso pierde, y además claramente no entendió nada.

Lo que sí jode y hace ruido son los modos, los falsos discursos, las ilusiones basadas en castillos de cristal que ante la primera de cambio se derrumba como si nada. Culpa de eso, el "Comandante" pasó a ser el "mercenario" en las redes sociales. Culpa de eso el amor se transformó en enojo, desilusión y desesperanza en cada uno de los hinchas de Independiente que le habían ofrendado su corazón.Esto no es más que otro capítulo que la vida escribe para aprender la lección y crecer. Que en un club los que más sufren por las manipulaciones de la pasión son los hinchas, y que el resto está de paso y encara los colores por trabajo y nada más.

"A los hinchas les digo muchas gracias. Hice todo lo posible para quedarme y hay cosas que no puedo contar".

Para la próxima no quedará otra que pensar dos veces antes de proponer apodos épicos a quien todavía no hizo méritos comprobables con el valor de la continuidad, ni mucho menos crear falsos ídolos que dan el portazo sin aviso por unos (o muchos) pesos más.