Mendoza y sus cines: cuando el séptimo arte copaba el centro

Entre butacas rojas, marquesinas encendidas y largas colas, el cine fue durante décadas uno de los grandes rituales sociales del centro de Mendoza. Hoy, cuando muchos de esos edificios ya no existen o cambiaron de destino, la memoria vuelve sobre aquellas salas que marcaron a varias generaciones.

Mendoza y sus cines: cuando el séptimo arte copaba el centro

Por:Juan Manuel Lucero
Periodista

Hubo un tiempo en que ir al cine en el centro de la Ciudad de Mendoza era mucho más que ver una película. Era salir, caminar, encontrarse. Las calles Lavalle y Buenos Aires se transformaban cada fin de semana en verdaderas arterias culturales, con filas interminables frente a los cines, vendedores de pochoclo, policías cortando el tránsito y, después de la función, la parada obligada para comer pizza.

Quienes hoy rondan los 40 recuerdan bien ese ritual: la matiné de la tarde, la función nocturna más elegante, el plan completo que empezaba en el cine y terminaba en Capri o Trento. El centro era el escenario y las salas, verdaderos templos del entretenimiento.

Con el tiempo, los viejos cines del centro se convirtieron en locales comerciales.

Lavalle, la calle del cine

En pleno centro, la calle Lavalle fue sinónimo de cine. Allí funcionaron salas emblemáticas como el Cóndor, el Ópera, el Lavalle, el Emperador y, más tarde, el América. Eran edificios imponentes, muchos de ellos cine-teatro, preparados tanto para la proyección de películas como para espectáculos en vivo.

El Cine Teatro Cóndor, inaugurado en 1946, fue uno de los grandes íconos. De estilo art decó, con una arquitectura escenográfica que evocaba un poblado mediterráneo, tenía capacidad para unas 1.800 personas. Al finalizar las funciones la cantidad de público era tal que se debía interrumpir el tránsito.

El Cine Cóndor, un ícono de mediados del Siglo XX. (Foto: Mendoza Antigua)

El Cine Lavalle, abierto en 1960, destacaba por su modernidad: aire acondicionado, gran pantalla y una sala pensada para el confort. Allí se estrenaron superproducciones y también se vivieron anécdotas inolvidables, como efectos "4D" artesanales con aromas durante ciertas películas. 

Con el tiempo, como muchos otros, fue dividido en dos salas para sobrevivir hasta su cierre definitivo en los años 90. Hoy es una playa de estacionamiento.

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El Ópera, inaugurado en 1953, sorprendía por su diseño: una única platea en pendiente continua, sin bandeja alta, y un escenario preparado para grandes compañías teatrales. Allí se presentó, entre otras, la obra Cuando los duendes cazan perdices, con Luis Sandrini y Malvina Pastorino.

Solo una cuadra más al norte, la calle Buenos Aires fue la otra gran "calle de los cines" del centro mendocino. Allí se levantaron el Gran Rex, el Buenos Aires - Roxy, el Premier y el Fantasio. El Gran Rex, con 2.200 butacas, fue el más grande del interior del país y un orgullo provincial.

El Gran Cine Lavalle promocionando un film nacional.

El cine también se integró a otros espacios del centro. En la Galería Tonsa, sobre calle San Martín, funcionó el recordado Cine City, inaugurado en 1960 y considerado uno de los más avanzados de Latinoamérica por su sonido y su sistema cinemascope. Su sala, con piso curvo, permitía ver perfectamente desde cualquier butaca.

Sobre la avenida San Martín estuvieron salas como el Avenida, el Palace, el Ideal y el Alhambra, hoy desaparecidas. El Avenida, proyectado por Daniel Ramos Correas y Emilio López Frugoni, fue demolido en 2006 y simboliza el destino final de muchos de estos edificios.

Lolita Torres, protagonista de una de las películas que se proyectaban en el Palace.

En calle San Juan, el Cine Teatro Mendoza sigue siendo una excepción feliz. Inaugurado en 1949, con arquitectura de influencia francesa y art decó, fue recuperado por el municipio y hoy vuelve a cumplir funciones culturales, recordando lo que supo ser esa zona del centro en su época de esplendor.

El Cine Teatro Mendoza en tiempos de su inauguración.

El renovado Teatro Mendoza.

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Arquitectura y memoria

Como señala el profesor de la UNCuyo Javier Ozollo, la historia del cine en Mendoza es singular en el contexto argentino. La provincia no solo fue cinéfila, sino que llegó a desarrollar una industria propia con Film Andes, lo que explica la calidad arquitectónica y técnica de sus salas. Muchos de estos edificios fueron obras destacadas del art decó y del modernismo, pensadas para deslumbrar tanto por fuera como por dentro.

La decadencia llegó de manera lenta pero constante desde fines de los '70, acelerada en los '80 y '90 con la llegada del VHS, los cambios culturales y, más tarde, los shoppings. Las grandes salas del centro se transformaron en supermercados, templos religiosos, locales comerciales o playas de estacionamiento.

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Hoy, a los nostálgicos -sobre todo a los que pisan los 40 y fueron los últimos en disfrutar de los cines en el centro- les queda la memoria. Pasar por Lavalle o Buenos Aires y saber que donde ahora hay un portón, un comercio o un local de comidas, alguna vez hubo una pantalla enorme, butacas llenas y la maravilla del séptimo arte compartida en la oscuridad. Porque antes, en el centro mendocino, el cine no era solo cine: era una forma de habitar y disfrutar la Ciudad.

Devenido en iglesia, el viejo Cine América también estaba sobre calle Lavalle.

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Fuentes: Historia del Cine en Mendoza, de Javier Ozollo; aportes de la Dirección de Patrimonio de la Ciudad de Mendoza.

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