Argentinos ignorantes

¿Es legítimo dejar a un alumno sin clases por un reclamo sectorial, por más justos que sea o se debería buscar otro modo de protesta que no afectara los aprendizajes?

Argentinos ignorantes

porJaime Correas

Esta semana leí un testimonio que me impresionó tanto como los de Carlitos Tevez reproducidos en esta columna los dos domingos anteriores. Quizás más, porque el protagonista no tuvo el talento para el fútbol del Apache y murió sin fortuna personal y bastante olvidado. Lo encontré mientras buscada datos de Jorge Valdano, como una contracara culta en el universo futbolístico. Curiosamente en internet no pude dar con nada que me orientara para desentrañar los orígenes de su probada cultura general. En esa pesquisa di con estas palabras de un hombre mayor recordando su infancia tan parecida a la de muchos pibes y pibas argentinos similares a Carlitos: "He nacido en una provincia ignorante y atrasada... He nacido en una familia que ha vivido largos años en una mediocridad muy vecina a la indigencia, y hasta hoy es pobre en toda la extensión de la palabra. Mi padre es un buen hombre que no tiene otra cosa notable en su vida que haber prestado algunos servicios, en un empleo subalterno... De edad de cinco años entré a una escuela... Mi padre y los maestros me estimulaban desde muy pequeño a leer... la perfección y los estímulos en la lectura pueden influir poderosamente en la civilización de un pueblo... En aquella escuela permanecí nueve años, sin haber faltado un solo día bajo pretexto ninguno, que mi madre estaba ahí para cuidar con inapelable severidad de que cumpliese con mi deber de asistencia. A los cinco años leía corrientemente en voz alta... Mi pobre padre, ignorante, pero solícito de que sus hijos no lo fuesen, aguijoneaba en casa esta sed naciente de educación, me tomaba diariamente la lección de la escuela y me hacía leer sin piedad por mis cortos años... Debí, pues, a mi padre, la afición a la lectura, que ha hecho la ocupación constante de una buena parte de mi vida, y si no pudo después darme educación por su pobreza, diome en cambio por aquella solicitud paterna, el instrumento poderoso con que yo por mi propio esfuerzo, suplí a todo".

Ver también: Carlitos con Susana: "very difficult"

Este testimonio me conmovió y no pude dejar de contrastarlo con los miles de padres mendocinos que no enviaron a sus hijos a la escuela el jueves y viernes posterior a dos días de paro y un feriado, argumentando solidaridad con los reclamos salariales docentes.

El padre del chico pobre de nuestro testimonio creía, desde su ignorancia y su pobreza, en que la educación iba a sacar a su hijo de esa doble condición de penurias. Por eso él y la madre velaban porque nunca faltara a clases. Sabían que un día de inasistencia era menos alimento para atacar la desnutrición de su hijo. Por eso seguramente se habrían solidarizado de muchas maneras si el cocinero del comedor donde comía ese niño tenía bajos salarios, pero le hubieran rogado que no lo dejara sin su alimento. Y por supuesto, ni hubieran imaginado con no enviar al pequeño a comer como modo de solidaridad con el reclamo cuando los cocineros volvieran a la tarea. Porque sabían que esas personas, aún con sus legítimos pedidos, eran los únicos capaces de revertir la desnutrición de su hijo.

Valga la metáfora alimenticia para poner a discusión de la sociedad dos cosas. ¿Es legítimo dejar a un alumno sin clases por un reclamo sectorial, por más justos que sea o se debería buscar otro modo de protesta que no afectara los aprendizajes? Y lo segundo, y para mí más incomprensible porque conozco la importancia de concientizar a las familias de que haya clases: ¿es razonable que los propios padres favorezcan la ignorancia de sus hijos no mandándolos a clase como insólita manera de solidaridad con sus docentes? Entiendo que sólo pueden responder que sí a estos dos interrogantes quienes no creen que lo que sucede en una escuela es importante e insustituible para los estudiantes. Porque sin clases los chicos no aprenden, sin huelgas hay muchos modos constructivos de protestar sin afectar el objeto de la actividad.

Ver: Carlitos Tévez no sabía leer

La situación me hizo acordar cuando a Borges un periodista en el exterior le preguntó para provocarlo: "¿Es verdad que en su país todavía hay caníbales?" "Ya no, nos los comimos a todos", ironizó echando mano al absurdo de combatir el canibalismo comiéndose a un caníbal. No se puede combatir la ignorancia reproduciendo lo que la genera: que los estudiantes no estudien. Sin clases, y sobre esto no hay dudas, no hay modo de conseguir sacar a los chicos de la falta de conocimientos, como lo atestigua el protagonista de nuestra anécdota contando lo que hacían sus padres y él mismo.

No es un secreto que tenemos una Constitución provincial que en su momento fue de avanzada. La única del país, además de la Nacional, que escribió Juan Bautista Alberdi y que después fue reformada por eminencias como Julián Barraquero. En el capítulo de Educación, artículo 212, leemos: "El director general (de escuelas) será también quien haga cumplir por las familias la obligación en que están los niños de recibir enseñanza". Esto es único en la Argentina. Y no es casual, los constituyentes sabían de sobra lo que escribían y por eso da tanta pena que hoy muchos padres hayan perdido ese rumbo. No hay que cansarse de explicarlo para que revean su posición y se den cuenta de que pueden expresar su solidaridad sin colaborar con la ignorancia de sus hijos. Al igual que los docentes pueden protestar sin dejar a sus estudiantes sin clases.

Quien cuenta al inicio de esta nota su niñez, en la que nunca faltaba a clases, es Domingo Faustino Sarmiento en "Recuerdos de provincia". Después de su infancia pobre y esforzada llegó a presidente de la Nación y le dio al país un sistema educativo de avanzada para su época. Hay un testimonio fílmico muy recomendable de Lucas Demare, "Su mejor alumno", con guión de Ulises Petit de Murat y Homero Manzi y la actuación Enrique Muiño. 

Comparto unos minutos significativos:

 Además, nos legó una magnífica observación que se puede comprobar tomando papel y lápiz: con las mismas letras se escribe "argentino" e "ignorante".

Tres días de paro a partir de mañana es una muy mala noticia para la ciudadanía en general y para los estudiantes en particular. Ojalá esta vez los padres lo entiendan y se acuerden del ejemplo de Sarmiento.

Que haya clases nos hará más argentinos y menos ignorantes, aunque se escriban con las mismas letras.