El periodismo y la trampa de ideologizar su trabajo - Mendoza Post
Viernes 24 Abr 2015
porChristian Sanz
Secretario Gral. de Redacción (click en autor)

En los últimos años, cuando se habla sobre periodismo se hace desde un lugar incorrecto y subjetivo: la ideología y las simpatías políticas. Los casos extremos son el grupo Clarín y los medios oficialistas. El programa 678 es el caso emblemático de ello.

También la agencia Télam, donde se muestra un concepto de lo que “debe ser” el periodismo: una suerte de activismo militante y marcadamente subjetivo. En realidad, el verdadero trabajo de prensa es todo lo contrario a ello.

El periodista debe ser un hombre apasionado, pero lo más “objetivo” posible respecto a lo que analiza. De lo contrario, sesgará sus investigaciones respecto de sus propias simpatías y antipatías, algo que suena poco conducente —y nada atinado— por donde se lo mire.

Por caso, si un funcionario roba, no debería interesarle al hombre de prensa que se trate de alguien que milita en la izquierda o la derecha ideológica. El propio Código Penal no hace diferenciaciones a ese respecto: los delitos no son progresistas o conservadores, son delitos.

Sin embargo, la prensa muchas veces mide los hechos de acuerdo con la vara que le conviene al periodista. Si el que comete un delito es de una extracción ideológica que lo identifica, no lo denunciará. De lo contrario, la inclemencia mediática será aplicada con una prisma "hiperbólica".

El kirchnerismo ha llevado este concepto a niveles inimaginables, exigiendo al periodista inmolarse en nombre de un supuesto progresismo que, aunque fuera real, no merecería semejante entrega.

He discutido ad infinitum con colegas que me juran que debe denunciarse a Mauricio Macri por no arreglar los baches de la Ciudad de Buenos Aires pero que nada debe decirse sobre la evaporación de los millonarios fondos de Santa Cruz por parte de los Kirchner. “Hay que acompañar a este gobierno como parte de la revolución que estamos haciendo, no le hagás el juego a la derecha, olvidáte de ese hecho”, me dijo hace poco un periodista que supo trabajar en radio Continental y que hoy camina los pasillos de Radio Nacional.

Cuando el colega habló de “acompañar”, ¿no habrá querido decir “callar”? Cuando me pidió que no le haga el juego a la derecha, ¿no me pidió que fuera cómplice de un gravísimo delito?

Desde ya que hay que señalar los baches del macrismo, pero no puede taparse con un dedo un delito tan grave como la desaparición de más de mil millones de dólares de fondos públicos, los cuales, dicho sea de paso, los Kirchner jamás rindieron.

Bienvenido sea este concepto para dar cuenta de una situación que se vivió hace unos días en torno a la elección de Salta, donde Juan Carlos Romero apareció como “socio” político de Sergio Massa.

Cuando ello ocurrió, los medios no oficialistas se ocuparon de destacar el perfil “positivo” del ex gobernador salteño y prefirieron callar ciertas cuestiones que opacaban su pasado, como los vínculos que supo tener con el narcotráfico de esa provincia y hasta la aparición de su nombre en archivos de la DEA..

En su enfrentamiento con el kirchnerismo, esos medios privilegiaron sus propios intereses por sobre los de la sociedad, obviando un precepto “de manual” del periodismo: la información no nos pertenece.

Al hacer esta omisión, esos medios se convirtieron en lo mismo que combaten y usaron las mismas herramientas que sabe utilizar el oficialismo, la parcialidad y la omisión.

Por eso, es importante tener presente en todo momento un concepto básico de la presa: la ideología mata la profesión periodística.