Testimonios reales de violencia de género de las internas de El Borbollón - Mendoza Post
Sábado 30 Dic 2017
porAna Paula Negri
Periodista

Las internas del Borbollón que son alumnas del CEBJA (Centros de Educación Básica para Jóvenes y Adultos) a cargo de Daniel Canselmo y del CENS (Centro Educativo de Nivel Secundario) a cargo de Jorge Galleguillo que funcionan en el penal ganaron un premio en la última edición de la Feria Nacional de Ciencias, Artes, Tecnología y Deportes, realizada en Tecnópolis en noviembre.

En 2018 los testimonios serán editados en un libro.

Fueron las mujeres que viven en la Unidad 3 del penal las que recibieron la mención especial por su trabajo "Violencia de género en contextos de privación de libertad" realizado con el acompañamiento de los docentes.

Según explicó Canselmo, las mujeres pudieron expresarse libremente sobre la violencia que sufren dentro y fuera del penal. En principio destacó que muchas veces son las familias quienes no llevan a los hijos de las internas a la cárcel e incluso muchas veces no llevan los elementos necesarios para que ellas se mantengan higienizadas por ejemplo.

El Post accedió a estos testimonios escritos con total libertad desde las paredes del penal y muchos de ellos destacan los abusos de poder cometidos por los funcionarios dentro del establecimiento como cuando no dejan que las familias pasen "arroz o fideos" para que ellas puedan cocinar o cuando destacan el maltrato constante ejercido por los penitenciarios y la indiferencia por parte de las autoridades a sus reclamos referidos a la atención médica por ejemplo.

Una de las alumnas afirmó que la violencia dentro del penal es constante, que los guardias tratan muy mal a las visitas que no dejan que les llevan comida y denuncian que en el penal de varones el trato es muy distinto. Otra de las estudiantes escribió que la atención médica hacia ellas es inexistente que solo sucede cuando las internas piden un Habeas Corpus.

Pero muchas también escribieron sobre su vida y su experiencia fuera del penal, en su casa, en su infancia, cuando eran pequeñas, la violencia que vivieron, que vieron, que sufrieron y las acompañó toda su vida.

Como una ellas que compartió haber sido testigo de la violencia que ejerció su padre hacia su madre cuando vivían en Jujuy durante su infancia y como su madre fue víctima desde el primer momento de una lógica patriarcal:

"14 años tenía mi mamá y 18 mi papá cuando se casaron. Mi papá le empezó a pegar en la misma luna de miel. Le pegaba con el rebenque del caballo, con lo que encontraba a mano. Mis hermanos chiquitos se escondían debajo de la cama y la mayor corría a los vecinos a pedir ayuda. Así todos los días, salvo cuando se enamoraba, se iba por un mes o más, lo que durara su amor. En casa todos contentos".

Como sus hermanos mayores, varones, fueron víctimas de su padre: "también era violento con mis hermanos mayores. Mi mamá los defendía como podía. Mi hermano F cuando tenía 10 años jugando con otra de mis hermanas se quemó con kerosén las piernas. Estuvo internado 7 meses. Mi mamá nunca fue a verlo al hospital porque mi papá no la dejaba, tampoco iba él. Fueron a buscarlo cuando le dieron el alta".

Como sus hermanas soportan actualmente la violencia ejercida por parte de sus maridos y como ella misma maltrataba a sus parejas: "Mi hermana C se casó a los 15 años con un hdp, llevan 45 años juntos, siempre le pegó, se fue con otras mujeres, tiene hijos con distintas mujeres y después vuelve. Mi hermana siempre lo perdonaba, le pegaba a todos, ella lo denunciaba, después retiraba la denuncia".

"A los 30 años me casé con un hombre bueno, trabajador y yo era la violenta. Cuando llegaba tarde le tiraba con todo, le decía palabras hirientes. Tanta violencia de mi parte lo cansó y se fue. Me costó mucho olvidarlo. Después tuve novios violentos como yo todo terminaba mal. Tenía parejas que tenía ganas de después de una gran pelea matarlos mientras dormían pero siempre contaba hasta cien y lo mejor que hacía era irme para no volver".

Este es uno de los testimonios más impactantes pero todas son conscientes de que la educación es la mejor salida y hasta una de ellas expresó lo bien que se siente recibir educación y poder relacionarse con sus hijos. 

"A veces nos nubla la tristeza, las malas noticias o la falta de noticias. El encierro, las rejas, el ruido de la llave en el candado, el recuento, la requisa, la celda, todo nos conduce al mismo lugar. Por eso es tan importante la escuela, porque me hace libre, porque libera mi mente prisionera y la hace navegar en un espacio sin rejas, ni custodios de gris".

También son conscientes de la violencia simbólica que sufren las mujeres fuera del ámbito penal con un testo que tituló "El machismo lo vivimos todas":

Las mujeres en contexto de encierro, son eso, mujeres. Mujeres encerradas porque cometieron un error y necesitan aprender a reinsertarse en la sociedad. No están muertas, viven y necesitan de la atención de sus familias y del estado para volver. Lo saben, son conscientes y demuestran que tienen voluntad de volver a ser libres con otra filosofía de vida.

Ojalá estos testimonios sirvan para empatizar, para ser conscientes de que todas las mujeres, las de las marchas, las del barrio privado, las de la villa, todas, somos víctimas del sistema patriarcal que nos priva de nuestra libertad de vivir.

(*)  Foto de portada ilustrativa.