La cultura nos enseñó trabajo, no quejas y pordioses - Mendoza Post
Sábado 8 Ago 2020Sábado, 08/08/20 atrás
porAna Montes de Oca
Periodista

Hace unos días, el colectivo Actrices Argentinas que impulsa el aborto legal y gratuito en Argentina, publicó en redes sociales una carta en la que lamentan el desempleo del sector y pidieron "que se tomen medidas económicas que atiendan a la emergencia cultural".

Escribieron que su rol dentro de la cultura "no está claro para la sociedad", aseguran que la cultura es un derecho humano y se compararon con los trabajadores golondrina "en permanente búsqueda de producciones".

Hace muchos años, un colega periodista me decía que "nuestro problema es que no servimos para otra cosa". Esa era la excusa que ponía para justificar el que la mayoría de los trabajadores de prensa necesitáramos más de un empleo para llegar a fin de mes. 

Pero eso no es cierto. Uno puede tener el privilegio de trabajar en aquello que le enciende el alma pero no por eso es "para lo único que sirve". 

En tiempos de crisis, la fortaleza del espíritu es lo que nos ayuda (al menos a quienes tuvimos la dicha de una necesaria alimentación y un nivel educativo suficiente), a encontrar el camino de salida. 

Nosotros, los argentinos, somos en una gran mayoría nietos e hijos de inmigrantes. Ellos pasaron por crisis mil veces peores que esta. La mayoría tuvo que reinventarse en un lugar del que apenas sabían en qué punto cardinal del planeta se encontraba y sin conocer una palabra del idioma.  

Adonde pudieron llegar y quedarse trabajaron. No hicieron otra cosa, no conocían los viajes de vacaciones ni los feriados. Aprendieron la cantidad justa de palabras para conseguir lo que necesitaban y ofrecer el producto de su trabajo. Una copa de vino y una hora de siesta eran los lujos que pudieron darse a cambio de lograr el sueño de darles a los hijos una buena educación y asegurarles el progreso. 

La mayoría fueron trabajadores jornaleros o "contratistas" en una época en la que el país permitía que un trabajador pobre pudiera crecer aunque sea muy lentamente, si no se gastaba el jornal en lujos innecesarios. 

La herencia que nos dejan nuestros ancestros con sus sacrificios y ganancias son el patrimonio cultural que tenemos. Esa es la cultura esencial de la cual no  podemos prescindir porque nos marca el carácter y cómo vamos a vivir nuestras vidas. 

Esa cultura es un Derecho Humano. Esa cultura es la que define la identidad. No las producciones de ficción de la televisión o el cine. 

Mi abuelo me enseñó a "servir para otra cosa" desde que era chica y le ofrecía lustrarle los zapatos por unos pesos. "Están lustrados, fijate qué otra cosa podés hacer", me decía.