Hoy en Memo: La Capitanía General de AMBA y sus feudos bajo protectorado - Mendoza Post
Sábado 27 Jun 2020Sábado, 27/06/20 atrás
porGabriel Conte
Director diario Memo

Lo hemos dicho antes: hay un presidente de Buenos Aires que se maneja con dos gobernadores que están a su servicio y que juegan de oficialismo y oposición. Creen representar el Alfa y el Omega de la argentinidad, ante su espejo. Ahora vemos que, además, funciona como algo que podríamos denominar "Capitanía General del AMBA y sus feudos bajo protectorado". Un triunvirato le habla al país de la realidad de una porción pequeña, el Área Metropolitana de Buenos Aires, subsumiendo a la Ciudad que es la capital argentina es un collage que la recorta y pega junto al conurbano bonaerense. Eso es lo que los protagonistas de los anuncios para quienes viven amontonados en 13 mil kilómetros cuadrados de territorio hacen escuchar a los que hacen realidad un mapa bastante más grande, de 2,78 millones de kilómetros cuadrados, llamado "El Interior".

Intestinamente, hay estados que quieren tener vida e identidad propia, que pujan por autosustentarse y generar una mejor calidad de vida para sus habitantes. Y hay otros a los que les basta con que les den recursos para comérselos angurrientos de un día para el otro, a la espera de más, a cambio de sus votos en un Congreso que, al final, termina uniendo a todo esto en una falsa condición de igualdad.

Se trata de una puja desigual. Unos piden más y más, y su factor de negociación es haber sido equiparados con otros estados, a los que se les exige más y más, a cambio de poco y nada.

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No en todas las provincias hay consciencia de la necesidad de preservar equilibrio en las cuentas públicas, de generar empleo genuino y riqueza para poder sustentar a su población. Tampoco en todas, por igual, se comprende la dimensión de una gestión transparente, democrática, con contrapesos, con una sociedad civil crítica y movilizada.

Y allí está el secreto del sustento de una "Capitanía General de AMBA": su posibilidad de subsumir a algunas hasta que rueguen por ayuda y terminen alineadas, y su frustración de ver cómo otras se creyeron el Preámbulo y la Constitución entera, las luchas históricas y la autonomía, y pretenden hacerlos valer.

AMBA, ese núcleo político urbano que disuelve a la Capital y se arroga la representación de todo un territorio nacional, define y condiciona por aglomeración de personas inscriptas para emitir su voto más que por tener razón, o ser asistidos por la justicia y la historia.

Define si un derecho adquirido por una provincia que quiere levantar cabeza, como Mendoza con los recursos para la obra Portezuelo del Viento, sigue siendo derecho o es sometido a votación de un grupúsculo. Decide si su descontrol de la pandemia lo tiene que pagar la economía de todo el país y hasta quién puede hablar y a quienes hay que apagarles el micrófono en las sesiones del Congreso.

Y allí está una vez más la verdadera grieta, que a veces se confunde con partidismos o ideologías, pero que debería unir más que dividir en pos de una auténtica autonomía de las provincias: el Puerto que quiere dominar al resto, a esa masa rebelde a la que llama "El Interior", y esta, que no reacciona, porque no sabe, no quiere o no puede. Pero que debería construir su propio relato para romper esa absurda cadena constituida por prejuicios, menosprecios, postergaciones desde un centralismo paternalista que se hace llamar por su contrario, "federalismo", que agota, agobia, aplasta, condena al atraso y somete instituciones.

El único remedio posible es el ejercicio ciudadano de cada uno de los que se saben sometidos, puesto al servicio de despabilar a uno más de manera de impedir que continúen los atropellos.

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