La principal queja de los chilenos es por el "pituto" - Mendoza Post
Martes 19 Nov 2019Martes, 19/11/19 atrás
porChristian Sanz
Secretario Gral. de Redacción (click en autor)

"El problema acá es el pituto, básicamente", me dice una taxista que me conduce a mi hotel en pleno centro de Santiago de Chile.

Me da "cosita" decirle que no entiendo de qué habla. Porque la última vez que escuché semejante término fue cuando lo pronunció Horacio García Belsunce al referirse a la muerte de su hermana, María Marta ídem. En el año 2002. "Pensé que era un pituto y lo tiré por el inodoro", dijo el hombre, en referencia al plomo -una de las ingratas balas- que rebotó de la cabeza de la mujer, al momento de ser asesinada.

Pero no. En Chile, el pituto es otra cosa. Es la versión local del "nepotismo" y los favoritismos a la hora de acceder a un lugar de poder dentro del Estado.

En Argentina, el "pituto" refiere a María Marta García Belsunce

"No importa lo que vos hayas estudiado o cuán preparado estés, en Chile todo se consigue gracias al pituto", insiste la taxista.

Solo se me ocurre preguntarle si las cosas siempre fueron de la misma manera, o si se trata de un fenómeno reciente.

Ver además: Chile como escenario de una guerra que nadie entiende

"Antes existía, pero era inusual. Después del golpe del 73, se hizo habitual, estructural, un vicio en el cual cayeron todos los presidentes chilenos", me cuenta la mujer al tiempo que intenta esquivar a un grupo de manifestantes que buscan sin suerte bloquear Av. Providencia.

Con espontánea ingenuidad y curiosidad pregunto: "¿Todos todos los jefes de Estado, ninguno zafa?".

Todos los presidentes de Chile, cueestionados

La taxista me mira por el espejo retrovisor antes de responderme. Cree que soy una especie de bromista que no sabe de lo que habla.

Cuando se cerciora de que soy un real ingenuo, me responde: "Todos hicieron lo mismo, les dieron cargos en el Estado a familiares directos y políticos, también les regalaron concesiones y licitaciones millonarias. Así nos dejaron".

Luego sabré que el investigador Sergio Reyes de la Universidad de La Frontera de Temuco, hizo todo un trabajo de investigación al respecto, basándose en los conceptos desarrollados por el fundador de la sociología alemana Max Weber.

El profesional -Reyes- plantea el por qué de la situación que vive hoy Chile. Es decir, los por qué del "pituto".

Pinochet, el hacedor

En principio, sostiene que todo ha confluido por dos situaciones claras: 1) El término de la probidad pública en Chile o el "fin de la inocencia" como lo han llamado algunos autores y 2) la instalación del "pituto" dentro de un marco de corrupción estructural.

"Es de público conocimiento que la dictadura pinochetista inauguró un sistema de corrupción y pitutos amparado en leyes y decretos resultantes de un poder absoluto sin controles de ningún tipo", según Reyes.

A su vez, el profesor Patricio Orellana Vargas de la Universidad de Chile, puntualiza sobre algunos casos emblemáticos y específicos, históricos de ese país: "El despido arbitrario de 200.000 funcionarios públicos, la exoneración de 2.000 profesores universitarios, los sobresueldos de todos los nuevos jefes de la administración pública, las privatizaciones de las empresas públicas y su venta a los mismos privatizadores, la manipulación del poder judicial, las indemnizaciones a todo evento de los directivos de las empresas, la ley de amarre de los directivos públicos, la compra y venta de empresas al hijo de Pinochet, los contrabandos de armas a Croacia y el enriquecimiento de la familia Pinochet que costaron al fisco millones de dólares".

De acuerdo al mismo catedrático, cuando se inició el proceso de transición a la democracia, la concertación chilena "conservó intacta la base legal de la corrupción pinochetista a pesar de sus pretensiones democráticas y modernizadoras".

Chile en llamas

De esa manera, empezaron a acumularse una gran cantidad de casos de corrupción y nepotismo, entre los cuales, pueden mencionarse: las ventas a futuro de Codelco, Esval, Corfo-Inverlink, ferrocarriles del Estado, tráfico de influencias en el Transantiago, becas Conycit y la contratación de una amplia gama de parientes y amigos de los presidentes y de altos funcionarios de gobierno en la administración pública.

A este lado de la cordillera, todo ello suena desconocido y lejano, pero no lo es tanto (Continuará).