Crónicas del Subsuelo: Comentario inexacto sobre una película - Mendoza Post
Lunes 1 Jul 2019Lunes, 01/07/19 atrás
porMarcelo Padilla

En este nuevo desorden mundial, la estimulación permanente, específicamente de "las tecnologías mutantes", ha hecho de Eme un sujeto integrado, adicto, hiperactivo y mal alimentado. Eme no era así, sin embargo las causas habría que buscarlas en su debilidad ósea, desde que descubrieron sus madros a edad temprana, cinco o seis años, no recuerdo ya cuando brotó esa rara enfermedad que no le impidió ser un sujeto normal durante los treinta y pico años que soporta "la sensación desposesiva", aun sabiendo que todo lo que en este momento le está ocurriendo era cuestión de tiempo, siempre Eme lo supo y, lejos de deprimirse encaró la situación desde niño, desde que fue sujeto niño en la familia que lo sujetaba, transitando la escuela que lo sujetaba como niño sujetado al sistema escolar. En la secundaria también, no así cuando se topó con el edificio.

Ahí, ¡ojo! para mí -no digo que sea la causa principal toparse con el edificio-, ahí la cosa cambió y Eme se vino abajo, y con él su salud. Eme venía bien aun sabiendo, como les decía recién, todo lo que le ocurría y ocurriría llevando a cuestas mentales "la sensación desposesiva". Eme estaba acostumbrado a la posesión y de golpe lo óseo, la debilidad y la retumbona idea de la desposesión de su propio cuerpo, y luego del mundo próximo. Cuando se topó con el edificio se vino abajo, para mí, reitero, porque hasta que terminara la secundaria, atravesando entero y sin problemas el sistema de escolaridad, Eme venía bien, aun sabiéndolo todo, que en cualquier momento el límite sería el cuerpo no soportando la sensación desposesiva.

"Fulminante", dijo el enfermero cuando lo recibió en la guardia del central. "Hay más casos, cada vez son más los que llegan fulminados por la sensación desposesiva", continuaba el muchacho mientras le inyectaba un opiáceo de emergencia, "paliativos nomás" dijo, "porque cuando lo vean las doctoras que están atendiendo estos casos, seguro va al hospital de la ciudad vieja, al "barrio de las ruinas", ahí van a parar estos muchachos".

Vos la contás así porque no te pasa, pero los que vivimos acá sabemos que solo quien lo padece puede opinar sobre el tema, no estamos locos, estamos desposeídos, y eso no se lo banca cualquiera, sin embargo algunos todavía tenemos fuerzas y esperanzas, pero el pobre Eme no, no las tiene, el edificio de entrada es impactante, y, como llegó Eme, el pórtico nomás, te tumba. Para mí que fue por la entrada al "barrio de las ruinas", mirá lo que te digo, antes del pórtico, al barrio de la ruinas se entra por la sala de cine que está en los galpones de la ciudad, a veces hay gente mirando una película, otras no porque no hay función o se ofrece un recital o una obra de teatro, y ahí no se puede porque, o está cerrado o se molestaría a la gente que actúa. En fin, cuando entrás al barrio te das cuenta.

Contáme Eme ¿qué viene después? le pregunté, desoyendo el cinismo del enfermero, aun sabiendo.

"La filmación", me respondió cerrando los ojos, "la continuación del cuerpo, la eternidad estadística".