Un nuevo cruce militar entre Israel e Irán volvió a sacudir a Medio Oriente, con impacto directo sobre el gas, el petróleo y la estabilidad de toda la región.
Trump intenta frenar otro golpe sobre la energía iraní
La guerra entre Israel e Irán sumó este viernes otro capítulo de alta tensión, con ataques cruzados, alarmas antiaéreas en Tel Aviv y nuevos daños sobre infraestructura clave. En ese contexto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que le pidió al gobierno israelí que no repita bombardeos contra instalaciones energéticas iraníes, en medio de una crisis que ya golpea a los mercados y amenaza con extenderse por todo Medio Oriente, según informó Reuters.
Del lado israelí, las fuerzas armadas informaron que atacaron Teherán contra lo que definieron como infraestructura del "régimen terrorista iraní". Casi al mismo tiempo, desde Irán partió una nueva andanada de misiles hacia territorio israelí, lo que activó sirenas en Tel Aviv y provocó explosiones vinculadas a la defensa aérea. Reuters señaló que el conflicto, que escaló tras la ofensiva conjunta lanzada por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero, ya dejó miles de muertos, en su mayoría en Irán y Líbano, además de un efecto cada vez más fuerte sobre la economía global.
La preocupación central pasa hoy por la energía. En los últimos días, Irán respondió a ataques previos golpeando activos estratégicos de la región. Uno de los episodios más delicados fue el impacto sobre Ras Laffan, en Qatar, un polo industrial que procesa cerca de una quinta parte del gas natural licuado que se comercializa en el mundo. Reuters indicó que los daños allí podrían demandar años de reparación. También fue atacado el principal puerto saudita sobre el mar Rojo, una vía que había ganado relevancia para desviar exportaciones ante el cierre iraní del estrecho de Ormuz.
Frente a ese cuadro, Trump dijo en la Casa Blanca que ya le transmitió a Benjamin Netanyahu que no avance con nuevos ataques sobre infraestructura energética. El mandatario norteamericano afirmó además que Washington no había sido avisado de antemano sobre el bombardeo israelí al yacimiento de South Pars, compartido por Irán y Qatar. Más tarde, el propio Netanyahu sostuvo que esa operación fue ejecutada solo por Israel.
El problema es que dentro del mismo frente occidental también asoman diferencias. Reuters consignó que funcionarios israelíes afirmaron que la acción había sido conversada con Estados Unidos, aunque probablemente no volvería a repetirse. A la vez, la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, marcó una distancia entre los objetivos de ambos gobiernos: mientras Israel apunta a desarticular la conducción iraní, Trump puso el foco en destruir la capacidad de lanzamiento y producción de misiles balísticos, además de la fuerza naval de Irán.
Desde Teherán, la respuesta fue todavía más dura en el plano discursivo. La conducción militar iraní habló de "una nueva etapa de la guerra" y advirtió que, si vuelven los ataques contra su sistema energético, continuará la ofensiva contra instalaciones de energía vinculadas a Estados Unidos y sus aliados. En paralelo, QatarEnergy informó a Reuters que los ataques iraníes dejaron fuera de servicio una sexta parte de la capacidad exportadora de GNL de Qatar, valuada en unos 20.000 millones de dólares anuales, y que las reparaciones podrían tardar entre tres y cinco años.
Aunque este viernes el precio del petróleo cedió algo por anuncios de asistencia occidental para proteger la navegación y por medidas de Estados Unidos para impulsar la oferta, el frente sigue abierto. Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Japón expresaron su disposición a colaborar para garantizar el paso seguro por Ormuz y ayudar a estabilizar el mercado energético. Pero, al mismo tiempo, varios líderes europeos dejaron en claro que no quieren quedar arrastrados a una guerra más amplia.
En ese escenario, la crisis ya dejó de ser solo un duelo militar entre Israel e Irán. Ahora también se juega sobre el tablero del gas, el petróleo y el control de una de las zonas más sensibles del sistema energético mundial. Para Trump, además, el conflicto abre otro frente interno: una suba persistente del combustible amenaza con erosionar el relato económico que impulsó su regreso al poder.



