Un viejo camión al costado de la Ruta 7, un jamón crudo cortado a cuchillo y la Cordillera como fondo. La historia del puesto mendocino que pasó de parada informal a fenómeno internacional.
El puesto de jamón crudo en Mendoza que conquistó al New York Times
En el cruce Cobos, sobre la Ruta 7, hay una escena que se repite todos los días y que ya es parte del paisaje de la ruta del vino en Mendoza: un camioncito algo gastado, estacionado frente a la Cordillera, con una pata de jamón crudo colgada a la vista y olor a pan recién horneado.
El dueño se llama Edgardo. No tiene salón, ni mesas elegantes, ni carta sofisticada. Su propuesta es directa: un sándwich de jamón crudo estilo español, servido en pan casero que él mismo prepara. Generoso, abundante y pensado para compartir. La receta es simple, pero la combinación de paisaje, producto y autenticidad lo convirtió en una parada obligada para turistas que recorren las bodegas de la zona.
Lo que durante años fue un secreto entre mendocinos y viajeros curiosos cambió cuando un artículo del New York Times, en el año 2019, lo mencionó como una experiencia recomendada en Mendoza. Desde entonces, el pequeño puesto rutero empezó a recibir visitantes que llegan con el dato guardado en el celular.
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Funciona todos los días entre las 11 y las 19. No hay reservas ni marketing digital. Solo una rutina constante: cortar el jamón a cuchillo, rellenar el pan hasta que quede bien cargado y entregar el sándwich envuelto, listo para comer mirando la montaña. También se puede pedir media porción o comprar el fiambre por kilo.
En una provincia donde el turismo suele girar en torno a grandes bodegas y experiencias gourmet, este puesto demuestra que la identidad también está en lo simple. Un snack informal que combina producto artesanal, paisaje imponente y una historia que cruzó fronteras.
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Hoy, en medio de recorridos enológicos y degustaciones premium, muchos viajeros hacen una pausa distinta: se detienen en la banquina, piden un sándwich y se sientan frente a la Cordillera. A veces, lo más auténtico no necesita más que eso.



