Se desploma la natalidad en Mendoza y el sistema empieza a reconfigurarse

En apenas una década cayó a la mitad la cantidad de nacimientos en Mendoza. Menos partos en los hospitales, menos chicos en las aulas y cambios profundos en Salud y Educación.

Se desploma la natalidad en Mendoza y el sistema empieza a reconfigurarse

Por:Santiago Montiveros
Director periodístico

La caída de la natalidad en Mendoza dejó de ser un dato estadístico para convertirse en un fenómeno visible, cotidiano y, para algunos sectores, preocupante. Lo que hasta hace pocos años parecía impensado -guarderías con cupos disponibles en plena temporada de inscripciones- hoy es una realidad que empieza a alterar el funcionamiento de distintos engranajes sociales y económicos.

El primer impacto ya se ve en la base del sistema: los jardines maternales o "guarderías".

"Antes, normalmente abríamos inscripciones en octubre y para noviembre ya no teníamos cupos disponibles, incluso con listas de espera de hasta 15 niños. Sin embargo, este año aún hay vacantes, especialmente en la sala de bebés, que normalmente se llenaba rápidamente", explicó al Post Agustina Varas, una de las propietarias del jardín Tierra de Gurises.

El dato no es aislado. Se repite en distintos puntos del Gran Mendoza y también en otras zonas urbanas del resto de la provincia. Donde antes había sobre demanda, hoy hay disponibilidad. Donde había presión por conseguir un lugar, ahora empiezan a aparecer promociones, flexibilización de horarios y estrategias para captar familias.

Cada vez menos chicos en las guarderías.

Detrás de ese cambio hay números contundentes. Según datos del Registro Civil de Mendoza, en 2025 se registraron 15.419 nacimientos frente a 15.176 defunciones. La diferencia es mínima, pero el dato clave es otro: los nacimientos cayeron un 13% respecto a 2024 y alrededor del 50% en la última década. Así lo contó el director del Registro Civil, Agustín Píscopo, ante la consulta del Post.

Por eso, la tendencia no es coyuntural, sino parte de un proceso sostenido que se viene profundizando en los últimos años y cuyas consecuencias no se agota en las guarderías. En el Ministerio de Educación, Cultura, Infancias y DGE recordaron a este diario que entre 2024 y 2025 abrieron alrededor de 200 Salas de 3 a partir de las fusiones que hicieron entre las Salas de 4 y 5, cuya matrícula fue cayendo en los últimos años. "Todo en el mismo espacio físico y con la misma cantidad de docentes", explicaron.

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En el Sistema de Salud, la caída de la natalidad también empieza a sentirse con fuerza. Menos nacimientos implican menos partos, y eso repercute directamente en los ingresos de los profesionales. Obstetras que antes tenían agendas completas hoy enfrentan una disminución de la demanda y, en muchos casos, buscan reconvertirse dentro de la profesión.

Ante este escenario, la ginecología general y las subespecialidades -incluida la estética- aparecen como alternativas para compensar la caída de ingresos vinculados al área obstétrica.

En el sistema de clínicas y hospitales, la caída de la natalidad no solo impacta en términos económicos, sino que obliga a repensar de fondo cómo está organizado el sistema de maternidades. Fuentes del Ministerio de Salud indicaron al Post que en la última década los partos en Mendoza se redujeron a menos de la mitad: de más de 30.000 nacimientos anuales a alrededor de 15.000 en 2025. Ese derrumbe, explican, hace inviable sostener la misma cantidad de maternidades que existían cuando el volumen era otro.

Hay maternidades que atienden menos de un parto por día.

Pero el eje del planteo oficial no está únicamente en la baja de nacimientos, sino en un concepto más profundo: la seguridad de las maternidades: una maternidad no solo requiere infraestructura y personal disponible las 24 horas -obstetras, anestesistas, neonatólogos- sino también un volumen mínimo de partos que garantice experiencia y capacidad de respuesta ante complicaciones. "Las recomendaciones internacionales indican que se necesitan al menos entre 500 y 600 partos al año, y en muchos casos más de 1.000, para que una maternidad sea considerada segura", señalaron.

Ese criterio deja en evidencia el problema de varias unidades que hoy funcionan con niveles muy bajos de actividad. Hay casos donde se registran apenas una decena de partos por mes o incluso menos, lo que, según explican, no solo implica un uso ineficiente de recursos, sino también un riesgo sanitario. "Sin volumen de trabajo no hay entrenamiento ni expertise para actuar en situaciones críticas", insistieron. Con este argumento se cerró la maternidad del Hospital Carrillo y, en breve, la maternidad del Hospital Saporiti (Rivadavia), donde se registra alrededor de un parto cada tres días.

En ese contexto, la estrategia oficial apunta a centralizar los partos en maternidades de mayor complejidad, con mayor volumen y mejor equipamiento tecnológico. Esto permitiría concentrar recursos humanos especializados y garantizar mejores condiciones tanto para las madres como para los recién nacidos, especialmente en los casos que requieren cuidados intensivos neonatales.

El fenómeno también atraviesa al sector privado. Desde el Ministerio señalaron que ya se está produciendo un reacomodamiento, con clínicas que dejaron de realizar partos por no cumplir con los requisitos mínimos o por no alcanzar el volumen necesario, como el Regional de Luján. "En el Gran Mendoza lo ideal sería concentrar en seis o siete maternidades bien potentes, bien equipadas, con todos los profesionales y sus respectivas áreas de neonatología", subrayaron.  

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De esta manera, se empieza a transitar, con algunos años de retraso, un proceso que ya es evidente en varios países del mundo, especialmente en Europa, donde el "envejecimiento" de la población generó debates y reformas en los sistemas previsionales, debate que eventualmente deberá darse en Argentina. Con menos nacimientos hoy, habrá menos aportantes mañana, mientras la población envejece y vive más años. Y a diferencia de Europa, Argentina suma una complicación estructural: la informalidad. 

De cada 100 asalariados en Argentina, 36 trabaja en la informalidad. Es decir, más de un tercio de los trabajadores no aporta al sistema previsional. Con menos nacimientos y un alto nivel de empleo no registrado, la presión sobre el régimen previsional no solo es creciente, sino que anticipa un escenario de mayor fragilidad estructural en los próximos años.

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La caída de la natalidad ya no es una proyección demográfica: es un cambio estructural que empieza a sentirse en tiempo real y que obliga a repensar cómo se organizan la educación, la salud y el trabajo, entre otras áreas. El problema es que ese debate todavía no está del todo asumido. Porque mientras la sociedad posterga decisiones, la demografía no espera: avanza, ordena y, como ya ocurre en otras partes del mundo, termina imponiendo sus propias reglas.

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