De Mendoza a Bolivia, un trabajo artesanal que permitió recuperar y poner en valor sitios que son considerados Patrimonio de la Humanidad.
Templos centenarios de Bolivia que son Patrimonio de la Humanidad y su conexión con Mendoza
En el corazón de la Chiquitanía boliviana, donde la tierra toma tonos rojizos y el tiempo parece detenerse entre columnas de madera tallada, hay una historia que también habla con acento mendocino.
Es la de Pedro Canepuccia, arquitecto formado en la Universidad de Mendoza, que dejó su marca en uno de los conjuntos patrimoniales más valiosos de América del Sur.
Las Misiones Jesuíticas de Chiquitos, reconocidas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1990, son un sistema único de iglesias levantadas entre los siglos XVII y XVIII.
En ellas, iglesias de tradición centenaria, conviven el barroco europeo y la tradición indígena, en una síntesis cultural que aún hoy permanece viva.
Canepuccia llegó a Bolivia a comienzos de los 2000, tras ganar un concurso internacional vinculado al ordenamiento territorial de Santa Cruz de la Sierra. Pero su recorrido profesional tomó otro rumbo cuando fue convocado para asesorar en la rehabilitación de estas iglesias históricas.
"Fue un trabajo muy fino, de respeto absoluto por lo original", relató en diálogo con el Post. Entre 2003 y 2005, se involucró en tareas de restauración que exigían tanto conocimiento técnico como sensibilidad histórica. En la misión de San Miguel, por ejemplo, participó en la recuperación de revoques y, sobre todo, en la restitución de los colores originales.
Ver también: Así era el Cabildo de Mendoza: emblema del sitio donde nació la Ciudad
El método fue casi artesanal: observación del entorno, identificación de materiales y ensayo directo. Así descubrió que el tono bordó característico del templo provenía de la tierra de los propios hormigueros de la zona.
Ese hallazgo permitió reconstruir la paleta original sin recurrir a pinturas industriales, respetando la lógica constructiva de hace más de 300 años.
Las iglesias -San Javier, Concepción, San Ignacio, San Miguel, San Rafael y San José- no solo son monumentos religiosos. Son también testimonio de un modelo urbano y social impulsado por los jesuitas, donde las comunidades indígenas participaron activamente en la construcción. Columnas de hasta 12 metros de altura, talladas en madera maciza, sostienen estructuras que han resistido siglos.
El mendocino Canepuccia trabajó junto a obreros locales y especialistas europeos, en una dinámica que replicaba, de algún modo, el espíritu original de las misiones: colaboración entre culturas.
Ver también: Parque Central, el oasis en medio del concreto que nació sobre las vías
De Mendoza a Bolivia
La presencia mendocina en esa región no comenzó con Canepuccia. Décadas antes, otro nombre clave había dejado su impronta: Daniel Ramos Correas.
Arquitecto, urbanista y paisajista, Ramos Correas fue una figura central en el desarrollo de Mendoza durante el siglo XX. Pero su influencia también cruzó fronteras: en 1944 fue convocado para trabajar en el plan de urbanización de Santa Cruz de la Sierra.
Allí proyectó una ciudad organizada en anillos concéntricos, con una lógica de "ciudad jardín" que buscaba equilibrar crecimiento urbano y espacios verdes. Cuando Canepuccia llegó décadas después, ese diseño inicial seguía siendo la base, aunque ya expandido mucho más allá de lo previsto.
"Él proyectó hasta el cuarto anillo. Cuando yo llegué, la ciudad ya tenía once", recordó Canepuccia. Su tarea, en ese contexto, también implicó trabajar en ordenar ese crecimiento desbordado, retomando de algún modo la visión original del arquitecto mendocino.
Ver también: Así se planeó y construyó la Galería Caracol: un edificio sin igual en la Argentina
Restaurar para que la historia siga viva
Volviendo a las intervenciones en las Misiones Jesuíticas, estas no se limitaron a lo estético. Formaron parte de un plan más amplio de conservación que busca proteger un patrimonio vulnerable frente al avance de la modernización.
Cada decisión -desde ocultar cables hasta reproducir técnicas constructivas originales- respondió a un principio claro: preservar la autenticidad. No se trataba de "modernizar" los templos, sino de devolverles su esencia.
En esa tarea, la experiencia de Canepuccia, formado también en el Istituto Superiore per la Conservazione ed il Restauro de Roma, resultó clave. Su enfoque combinó conocimiento técnico con una mirada casi artesanal del oficio.
Hoy, a miles de kilómetros de Mendoza, esas iglesias siguen en pie. Y en sus muros, en sus colores recuperados y en sus columnas centenarias, también late una historia cuyana: la de profesionales que llevaron su saber más allá de la cordillera, dejando una huella silenciosa pero perdurable.
Ver también: Así es el lugar donde nació Mendoza: conociendo el Área Fundacional
Fotos: Pedro Canepuccia



