"La Bola de Lata era nuestra", así era Buena Nueva a principios de Siglo XX

La historia de un rincón emblemático de Guaymallén vuelve a contarse desde la memoria familiar. Descendientes de los Colussi, antiguos propietarios del almacén de ramos generales contactaron al Post y aportaron fotos, anécdotas y precisiones sobre ese paisaje fundacional del departamento.

"La Bola de Lata era nuestra", así era Buena Nueva a principios de Siglo XX

Por:Juan Manuel Lucero
Periodista

La publicación sobre el origen del nombre de la Bola de Lata despertó algo más que curiosidad. Activó memorias. A los pocos días, la redacción del Post recibió el mensaje de una familia que reconoció en esa historia una parte de su propio pasado. 

"La están contando, pero no del todo bien", advirtieron. Y entonces aparecieron los apellidos, las fotos sepia y las voces que aún recuerdan cómo era Buena Nueva a comienzos del siglo XX.

"El negocio del turco Dasmi era más abajo. La Bola de Lata era nuestra", resume Nilda, vecina del lugar y heredera de una historia que se entrelaza con los orígenes del cruce de Godoy Cruz y Tirasso. 

Su madre, Elina Colussi, era hija de Romano Colussi y Luisa Bianchi, los propietarios del almacén de ramos generales ubicado en la esquina que hoy conocemos como Godoy Cruz y Bianchi. No es un dato menor: la calle lleva el apellido de su abuela.

El monolito dedicado a Luis Tirasso en el encuentro de estas dos arterias guaymallinas.

"Una de estas esquinas es Godoy Cruz y Bianchi. Luisa Bianchi era mi abuela", explica Nilda mientras señala una foto antigua, tomada cuando la zona era todavía rural, con carretas, barro y canales de agua marcando el pulso del paisaje. Allí funcionaba el negocio familiar, punto de abastecimiento y encuentro para vecinos, carreros y obreros.

De la famosa Bola de Lata no hay registros fotográficos. Nunca los hubo. Pero sí existen imágenes del almacén y de su entorno inmediato: el frente del local, un palenque, casas bajas y hasta una rudimentaria bomba de nafta, en la que el combustible se extraía literalmente a fuerza de bombeo manual. 

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"Mi abuela contaba que cuando se hacían obras en las vías del ferrocarril, ellos les daban de comer a los obreros en el almacén", recuerda Nilda.

La Bola -según los testimonios orales- cumplía una función práctica. Marcaba un punto peligroso del camino. En tiempos de carretas, el sector solía estar cubierto de barro y agua. La esfera metálica indicaba por dónde pasar... o por dónde no. "Si te metías mal con el carro, quedabas encajado", relatan. La Bola era una referencia ineludible para quienes transitaban la zona.

La nafta se extraía en la recordada esquina medainte esta bomba.

El turco Dasmi, personaje recurrente en los relatos populares, tenía su negocio más al sur, hacia donde hoy topa la calle Capilla del Rosario. "Acá, turcos no. Salvo Dasmi, pero estaba más abajo", aclara Nilda, marcando una diferencia que para la familia Colussi siempre fue clara.

La vida del lugar también se explica por los vínculos entre vecinos. Enfrente del almacén Colussi estaba la bodega Serra, Rópolo y Compañía, conocida como Los Tres Leones. "Eran vecinos y además compadres", cuenta. 

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Esa relación fue tan estrecha que, cuando la familia vendió la esquina -a fines de la década del 40-, los Rópolo les cedieron una casa en el Kilómetro 14 para que tuvieran dónde vivir. "Después falleció una tía abuela y volvimos acá, pero yo estuve 11 años viviendo allá", relata la vecina.

Las fotos familiares muestran un Buena Nueva casi irreconocible: calles de tierra, casas bajas, alambrados, viñedos cercanos y una dinámica ligada al trabajo vitivinícola y ferroviario. No es casual. Ese tramo del actual carril Tirasso fue uno de los polos bodegueros más importantes de Guaymallén, capitalizado por inmigrantes italianos y atravesado por el ferrocarril desde 1903.

Elina Colussi junto a una de las niñas de la familia Roppolo, de fondo la bomba de nafta y más atrás el almacén de ramos generales.

Hoy, el carril es una vía rápida, con más tránsito, autos y barrios que en aquellos tiempos. Pero aún quedan huellas de aquel pasado: bodegas en funcionamiento, chalets señoriales, algunas casas de adobe y el monumento a Luis Tirasso, pionero vitivinícola que da nombre a la arteria. 

En la zona siguen activas algunas bodegas y sobreviven las villas Juana y María, los mencionados chalets señoriales en la nota anterior que inspiró este testimonio.

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En ese contexto, la historia de la Bola de Lata vuelve a cobrar sentido. No como mito aislado, sino como parte de una trama familiar y comunitaria. 

Así eran las libretas del fiado en el Almacén de Ramos Generales de Romano Colussi, propietario de la famosa Bola de Lata.

"Yo no llegué a conocer el negocio; lo vendieron antes de que yo naciera. Mi mamá murió joven, cuando yo tenía 17 años. Pero estas historias siempre estuvieron", dice Nilda.

"Acá sí que todo esto era viña", recuerdan entre risas los vecinos.

Hoy, gracias a esas fotos guardadas en sobres de papel madera y carpetas, y a la memoria transmitida de generación en generación, la Bola de Lata recupera algo de su lugar original. 

No solo en el mapa de Guaymallén, sino en la historia íntima de quienes la hicieron posible. Porque, como insiste la familia Colussi, antes de ser leyenda, fue hogar, trabajo y punto de referencia. Y, sobre todo, fue de ellos.

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