Dos de cada tres chicos argentinos ya usó IA para hacer las tareas

Un informe de Argentinos por la Educación revela que la inteligencia artificial ya forma parte de la vida escolar de niños y adolescentes. Promete tutorías personalizadas y alivio para los docentes, pero también abre un debate urgente sobre sus riesgos y la necesidad de reglas claras.

Dos de cada tres chicos argentinos ya usó IA para hacer las tareas

Por:Juan Manuel Lucero
Periodista

La inteligencia artificial dejó de ser una novedad futurista para convertirse en una presencia cotidiana en las aulas argentinas. Herramientas como ChatGPT ya son conocidas por la mayoría de los estudiantes y, en muchos casos, utilizadas como apoyo para estudiar, hacer tareas o buscar información. 

Así lo confirma el informe "Inteligencia artificial en la educación: desafíos y perspectivas", elaborado por Argentinos por la Educación junto a investigadores de la Universidad de Massachusetts (MIT), que analiza cómo esta tecnología está transformando la enseñanza, el aprendizaje y la gestión escolar en el país.

Según datos de UNICEF y UNESCO citados en el estudio, el 76% de los niños y adolescentes de entre 9 y 17 años conoce la inteligencia artificial generativa, y el 58% ya la utilizó alguna vez. 

El uso crece con la edad: entre los jóvenes de 15 a 17 años, el porcentaje trepa al 74%. Lejos de un empleo meramente recreativo, dos de cada tres chicos (66%) la usan con fines educativos, principalmente para realizar trabajos escolares. También aparece como herramienta para buscar información (44%), por curiosidad sobre su funcionamiento (33%) o simplemente por diversión (24%).

Dos de cada tres chicos usan la IA para hacer las tareas de la escuela.

Tutorías y aprendizaje a medida

El informe destaca que uno de los mayores aportes de la IA está en el aprendizaje personalizado. Los sistemas de tutoría inteligente pueden responder consultas, adaptar explicaciones y ofrecer retroalimentación inmediata, ajustándose al ritmo y nivel de cada estudiante. A esto se suman los sistemas de aprendizaje adaptativo, que reorganizan contenidos y evaluaciones según el desempeño del alumno.

También aparecen herramientas de evaluación automatizada, chatbots educativos que ayudan a organizar el estudio y tecnologías de asistencia -como el reconocimiento de voz o la traducción automática- que favorecen la inclusión de estudiantes con discapacidades o barreras idiomáticas.

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Nuevo rol docente

La inteligencia artificial también impacta en el trabajo docente. El informe señala que permite generar contenidos y actividades personalizadas en pocos minutos, facilitando la atención a la diversidad en el aula. La corrección automática de tareas ayuda a procesar grandes volúmenes de trabajos, detectar errores frecuentes y brindar devoluciones más rápidas.

Además, los reportes automatizados transforman los datos escolares en información útil para identificar dificultades y planificar intervenciones pedagógicas más precisas. El objetivo, subrayan los autores, es reducir la carga administrativa y liberar tiempo para la tarea educativa propiamente dicha.

La IA también trajo nuevos desafíos y oportunidades a los docentes.

Datos para decidir mejor

Más allá del aula, la IA también comienza a incidir en la gestión del sistema educativo. Plataformas analíticas pueden procesar datos sobre matrícula, asistencia y recursos para optimizar la planificación institucional. La automatización de trámites -como inscripciones, becas o certificados- promete agilizar procesos y reducir errores.

Uno de los desarrollos más relevantes son los sistemas de alerta temprana, que detectan patrones de inasistencia, bajo rendimiento o riesgo de abandono escolar, y permiten intervenir a tiempo para sostener las trayectorias educativas más frágiles. Además, el fortalecimiento de los sistemas de información mejora la gobernanza y habilita políticas basadas en evidencia.

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Por otro lado, los especialistas señalan que el avance de la inteligencia artificial también despierta preocupaciones. El informe advierte sobre riesgos como el aprendizaje superficial, la pérdida de pensamiento crítico, la dependencia excesiva de la tecnología, el aislamiento social, la deshonestidad académica y los sesgos algorítmicos.

"El principal riesgo de la IA para el aprendizaje es epistémico: a la vez que acelera la adquisición de conocimiento, puede distorsionar la comprensión", señala Alejandro Artopoulos, de la Universidad de San Andrés. 

Este nuevo sistema también puede generar dependencia, advierten los especialistas.

En la misma línea, especialistas coinciden en que la clave no es prohibir ni idealizar la tecnología, sino avanzar en una alfabetización crítica en inteligencia artificial, tanto para docentes como para estudiantes.

Desde el MIT, Andrés Salazar-Gómez remarca que la familiaridad de las nuevas generaciones con la IA no garantiza un uso responsable: "La alfabetización en IA nos da la capacidad de entender y controlar la tecnología; sin ella, será la IA la que nos controle".

El informe concluye que la inteligencia artificial ya está en las escuelas argentinas, aun cuando el sistema educativo todavía no definió de manera explícita cómo acompañar ese proceso. Frente a ese escenario, plantea la urgencia de marcos normativos, supervisión humana, formación docente y criterios éticos claros, para que la IA se convierta en una herramienta que mejore la educación sin profundizar desigualdades ni reemplazar el pensamiento crítico.

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