Proyectado como un moderno monobloque en los años 30, el principal centro asistencial de Mendoza debió abrir antes de tiempo para atender a los heridos del terremoto de San Juan de 1944. Conocé su historia.
Vanguardia, solidaridad y salud: así se construyó el Hospital Central
El Hospital Central de Mendoza no solo es hoy el principal centro asistencial de la provincia y del Oeste argentino. También es el resultado de una decisión política y técnica que cambió para siempre la manera de pensar la salud pública en Mendoza.
Su historia está atravesada por un dato clave: debió comenzar a funcionar antes de estar terminado para recibir a cientos de heridos del devastador terremoto de San Juan de 1944. Un año después, el 19 de agosto de 1945, fue inaugurado formalmente.
De hospitales dispersos a un gran monobloque
Hasta la década del 30, los hospitales mendocinos se organizaban como pabellones separados. Pero el crecimiento poblacional y el aumento de la demanda sanitaria dejaron en evidencia sus limitaciones.
En 1930, Mendoza contaba con 1.045 camas hospitalarias. Para 1938, esa cifra había ascendido a 1.646, con más de 22 mil internados en un año. Sin embargo, los cálculos oficiales indicaban que la provincia necesitaba capacidad para atender a unos 40 mil enfermos.
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La solución no fue sumar camas de manera dispersa, sino concentrar recursos. La idea era clara: centralizar la atención médica en un núcleo hospitalario con todos los servicios necesarios para diagnóstico y tratamiento, y convertir a los hospitales departamentales en centros de atención primaria con derivación a un hospital de mayor complejidad.
Según cuenta la arquitecta e investigadora del CONICET, Cecilia Raffa, así nació el proyecto del Hospital Central en la capital y otro núcleo en San Rafael.
Una obra moderna para su tiempo
El Central fue proyectado como un monobloque funcional de 27.688 metros cuadrados. Fue el primer hospital inserto en el área central de la Ciudad de Mendoza, en una zona estratégica delimitada por las calles Alem, Montecaseros, Salta y Garibaldi.
El edificio fue concebido con estructura antisísmica de hormigón armado y mampostería de ladrillo. Tendría dos subsuelos, planta baja, seis pisos y azotea, con capacidad para 500 camas distribuidas por especialidades.
La planificación fue minuciosa. Se estudiaron las circulaciones para que pacientes externos no tuvieran contacto con internados. Se incluyeron servicios de radiología con radioterapia, transfusión sanguínea, farmacia, laboratorios, comedores transformables en salas de recreo, depósitos en cada piso y hasta central telefónica interna.
En términos arquitectónicos, el hospital se construyó cuando la Dirección Provincial de Arquitectura era comandada por Jorge Arturo Civit, adoptó el lenguaje moderno: líneas simples, ventanas continuas, superficies lisas y una imagen de eficiencia que lo presentaba como una "máquina de curar". Rodeado de jardines y con espacios para estacionamiento, proyectaba la idea de orden, higiene y progreso.
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La tragedia que adelantó su apertura
El 15 de enero de 1944, un terremoto arrasó la provincia de San Juan. La magnitud del desastre obligó a trasladar heridos a otras provincias.
Por disposición de autoridades nacionales y provinciales, el Hospital Central -aún en construcción- fue abierto de urgencia. Allí se atendió a 577 mujeres y 383 hombres. Mientras llegaban los pacientes, se acondicionaban sectores del edificio y se trasladaban desde otros hospitales equipos quirúrgicos y materiales indispensables.
Ese episodio dejó en claro el rol regional que ya tenía asignado el Central, incluso antes de su inauguración formal.
El 19 de agosto de 1945 se inauguró oficialmente el Gran Hospital Central de Mendoza. La inversión rondó los 7.451.000 pesos de aquel momento, con aportes nacionales y provinciales que superaron varios presupuestos anuales de obra pública del período.
Su creación coincidió con un fuerte crecimiento de la demanda sanitaria. En 1932 se registraban 16 mil hospitalizados y 388 mil consultas externas. En 1940, los internados eran 25 mil y las consultas superaban el millón doscientas mil.
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El Central sintetizaba la política sanitaria del período: eficiencia, concentración de recursos y modernización del Estado. No solo buscaba resolver problemas médicos, sino también consolidar una carrera hospitalaria para los profesionales y ofrecer a los pacientes un entorno científico y digno.
Intervenciones posteriores
Décadas más tarde, el complejo fue ampliado y remodelado en distintos sectores. Entre las intervenciones destacadas figura la remodelación de los espacios exteriores, el lavadero, la guardería y el estacionamiento.
Las mismas estuvieron a cargo del arquitecto Ricardo Carminati y el estudio que integró junto a Roberto Cerutti, referentes de la arquitectura mendocina contemporánea.
En los últimos años, el Hospital Central amplió su espacio con una nueva guardia y modernos sectores de atención dedicados a esto.
Más de 80 años después de aquella inauguración, el Hospital Central sigue siendo un símbolo de la salud pública mendocina. Pero su historia recuerda que su verdadero estreno no fue una ceremonia, sino una emergencia: la tragedia del terremoto de San Juan lo convirtió, antes de tiempo, en el corazón sanitario del Oeste argentino.
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