Sin fotos ni registros fílmicos, el recuerdo de un viejo almacén persiste en la memoria oral de Buena Nueva. Hoy, en ese mismo lugar, un monumento a Luis Tirasso resume la historia agrícola y vitivinícola de uno de los distritos más antiguos de Guaymallén.
La Bola de Lata, el sitio que le ganó al tiempo y es una referencia que "no existe"
En Mendoza hay lugares que existen más en la memoria que en los mapas. Sitios que ya no están, pero que siguen siendo nombrados como si el tiempo no hubiera pasado.
Uno de ellos es la llamada "Bola de Lata", una referencia histórica y afectiva que todavía identifica al cruce de las calles Tirasso y Godoy Cruz, en los distritos de Buena Nueva y Capilla del Rosario.
Según explica el coordinador de Espacios Culturales y vecino Carlos Frías, la "Bola de Lata" no fue una plaza ni un monumento, sino un almacén de ramos generales que funcionó, al menos, desde las primeras décadas del siglo XX.
La tradición oral señala que el comercio pertenecía a un inmigrante árabe -al que en aquella época se identificaba simplemente como "el turco"- y que en la entrada del local había una gran esfera metálica con una luna y una estrella, símbolos del mundo islámico. Esa imagen fue tan fuerte y tan icónica para quienes pasaban por el lugar, que terminó dándole nombre al mismo.
No existen fotografías ni filmaciones del almacén ni de la famosa esfera. Todo lo que se sabe proviene de los relatos de quienes vivieron en la zona o escucharon hablar de ella. Incluso vecinos que llegaron en la década del '40, ya escuchaban la referencia a la "Bola de Lata", aun cuando el objeto ya no estaba visible.
Ese punto del departamento tiene una historia mucho más antigua. Hasta 1903, el área formaba parte de la llamada Acequia de Gómez, un gran canal que corría por lo que hoy es la calle Roca. A su vera se desarrollaron algunos de los primeros viñedos del departamento, entre ellos los que dieron origen a la bodega Santa Ana, fundada en 1890.
Ver también: Mendoza y sus cines: cuando el séptimo arte copaba el centro
Con el tiempo, ese territorio se subdividió y dio forma a varios de los actuales distritos de Guaymallén como Capilla del Rosario, Buena Nueva y Rodeo de la Cruz.
Guaymallén, recuerda Frías, era en gran parte una ciénaga. La desecación artificial del suelo permitió abrir caminos clave, como el Carril Nacional que conectaba Mendoza con Buenos Aires, y sentó las bases para el crecimiento vitivinícola y, más tarde, hortícola que caracterizó al departamento.
Hoy, donde alguna vez estuvo el viejo almacén, se levanta un monumento de piedra en homenaje a Luis Tirasso, uno de los bodegueros pioneros de la zona.
No es casual su ubicación: ese cruce fue durante décadas un paisaje de fincas, viñedos y bodegas. Muy cerca aún se conservan hitos de aquella época, como la antigua bodega Los Leones y los chalets gemelos Villa María y Villa Juana, construidos por las familias Serra y Róppolo, fundadores del Club Argentino de Guaymallén.
Ver también: La mansión con ladrillo visto, enormes jardines y arte hasta en las paredes
La "Bola de Lata" ya no se ve, pero sigue funcionando como punto de referencia, igual que otros sitios de encuentro en la provincia. Es un nombre que resume una época de campo, de acequias y de inmigrantes, cuando el paisaje era otro y la orientación dependía más de la memoria colectiva que de un cartel o un mapa interactivo como los que usamos hoy.
En Guaymallén, como en tantos rincones de Mendoza, la historia a veces no se guarda en archivos, sino en las palabras que pasan de generación en generación. Y la "Bola de Lata" es, quizás, uno de sus ejemplos más entrañables.
Ver también: Casi 400 hectáreas en plena ciudad: cómo y por qué se construyó el Parque



