El Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA reveló que los problemas de sueño se dispararon desde la pandemia. Los datos muestran un vínculo entre el uso de inteligencia artificial y mayor malestar emocional.
Seis de cada diez argentinos duermen mal y un estudio de la UBA apunta a la IA
Seis de cada diez argentinos tienen dificultades para dormir. La mitad de quienes sienten que necesitan atención psicológica no puede acceder a ella, principalmente por razones económicas. Y quienes usan inteligencia artificial muestran mayores niveles de ansiedad que quienes no lo hacen. Estos son algunos de los datos que arroja el último relevamiento del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que desde 2020 mide el estado de la salud mental de la población argentina.
El estudio encuestó a 2.213 personas de todo el país y utilizó herramientas clínicas validadas internacionalmente para medir ansiedad, depresión y riesgo suicida. Entre los resultados más llamativos: el 52% de los participantes dijo estar atravesando una crisis vital, y el 6,5% de los argentinos tiene riesgo de padecer un trastorno mental, un número que todavía no regresó a los niveles anteriores a la pandemia.
La inteligencia artificial en el centro de la escena
Por primera vez, el relevamiento incorporó preguntas sobre el uso de redes sociales e inteligencia artificial y su relación con el bienestar emocional. El resultado fue llamativo: el 59% de los encuestados usa IA, y ese grupo presenta mayores índices de ansiedad y malestar emocional que quienes no la usan.
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Sin embargo, los investigadores son cuidadosos a la hora de interpretar ese dato. Martín Etchevers, doctor en Psicología de la UBA y responsable del estudio, explicó al sitio Chequeado: "Los resultados muestran una asociación entre uso de IA y mayores índices de ansiedad, no sabemos en qué sentido, si las personas que presentan mayores indicadores se vuelcan más a esta herramienta o a la inversa, si el uso de IA como apoyo emocional incrementa los niveles de ansiedad".
Es decir: no se puede afirmar que la IA provoca ansiedad, sino que ambas cosas aparecen juntas. Lo que sí queda claro es el tipo de uso que se está haciendo de estas herramientas. Según Etchevers, la pregunta se incorporó porque "existen algunos indicios y reportes acerca del uso de IA como apoyo emocional, confidente, segunda opinión y entre jóvenes en algunas pruebas piloto hemos visto que se usa para complementar o sustituir una función muy útil y hasta el momento exclusivamente humana que es el interpretar el sentido, la emoción, la intención, el tono, no solo nuestro sino de con quién interactuamos".
La encuesta también preguntó sobre preferencias de tratamiento: el 92,63% de los participantes elegiría hablar con un profesional humano de salud mental antes que con una IA. Pero el 7,37% que optaría por la inteligencia artificial es, al mismo tiempo, el grupo con los peores indicadores: mayor riesgo suicida, más ansiedad y más depresión en todas las escalas medidas.
El sueño, uno de los problemas que más creció en cinco años
Uno de los datos más contundentes del estudio tiene que ver con el sueño. En marzo de 2020, al inicio de la pandemia, apenas el 10,5% de los encuestados reportaba dormir poco. En 2025, esa cifra trepó al 38,2%. En total, seis de cada diez participantes dijeron tener dificultades frecuentes u ocasionales para dormir, y solo el 22% afirmó no tener problemas al respecto.
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Se trata de uno de los indicadores que más empeoró en los cinco años que lleva el relevamiento, y contrasta con una leve mejora en otros índices, como el riesgo de trastorno mental. En ese sentido, el informe señala que el porcentaje actual es similar al de los primeros meses de la pandemia, y que "se observa una tendencia a la disminución desde el año 2023", aunque la recuperación todavía no es completa.
Los jóvenes de entre 18 y 29 años son el grupo más afectado en prácticamente todas las dimensiones: tienen los puntajes más altos de ansiedad, depresión y riesgo suicida, y además son el sector más golpeado por la pobreza, lo que agrega barreras de acceso al sistema de salud. En el extremo opuesto, las personas mayores de 60 años son quienes muestran los mejores resultados en todas las escalas.
Sobre el acceso al tratamiento, el panorama es preocupante: solo el 29% de los encuestados está actualmente en terapia. De quienes no lo están, la mitad considera que lo necesita. Y entre ese grupo, el 43% dice que la principal razón por la que no asiste es económica. El resto menciona falta de cobertura por obra social o prepaga, dificultad para conseguir turno y ausencia de servicios gratuitos en su zona.
"Si bien está mejor, aún no se ha vuelto a los números anteriores, es decir la recuperación no es total. Por otra parte, aparecen con claridad otros problemas que se mantienen, como la dificultad de acceso a tratamientos de salud mental", resumió Etchevers.
Frente a este panorama, el equipo del OPSA recomienda que se implementen políticas públicas que promuevan conductas saludables y amplíen el acceso de la población a los tratamientos psicológicos.



