En Radio Post FM 92.1, la kinesióloga Agustina Pérez explicó por qué las contracturas no son un problema mecánico y cómo el contacto puede ayudar a regular el estrés y la tensión.
El "nudo" en la espalda no existe: qué dice la ciencia sobre el tacto y el dolor
En una nueva columna del programa Victoria de 8 a 11, que se emite por Radio Post FM 92.1, la kinesióloga Agustina Pérez puso el foco en una escena cotidiana: alguien que pide un masaje porque siente "un nudo" en la espalda. La profesional invitó a revisar esa idea y a pensar el dolor desde otro lugar, más vinculado al sistema nervioso que al músculo en sí.
Según explicó al aire, cuando hablamos de un "nudo" no nos referimos a una estructura real que se haya formado dentro del tejido. "No existe el nudo como tal", sostuvo, y detalló que lo que sí ocurre es un cambio en la rigidez del tejido, regulado por el sistema nervioso. Esa tensión, aclaró, es interpretada por el cuerpo como una respuesta de protección.
El rol del sistema nervioso en la tensión muscular
Pérez remarcó que la rigidez no aparece de manera aislada en el músculo. El cerebro, frente a situaciones de estrés o sobrecarga, aumenta el tono muscular como mecanismo defensivo. Es decir, la orden parte "de arriba" y se expresa en el cuerpo.
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En ese contexto, el tacto cumple una función clave. Al contactar una zona que percibimos como dura o contracturada, se envía información sensorial al sistema nervioso. Si el cerebro interpreta ese estímulo como seguro, puede disminuir la tensión y modificar la percepción del dolor.
La kinesióloga señaló que este proceso no es mágico ni inmediato, pero sí representa una puerta de entrada importante para modular molestias. El contacto adecuado ayuda a que el sistema nervioso baje el nivel de alerta y, con eso, la rigidez del tejido.
Qué es el tacto afectivo y por qué importa
Durante la entrevista, Pérez se refirió a investigaciones científicas sobre el llamado "tacto afectivo". Mencionó estudios históricos realizados con primates, donde se observó que las crías buscaban el contacto cálido y suave antes que estructuras rígidas, aun cuando estas ofrecieran alimento. A partir de esos trabajos se profundizó en el valor del contacto humano para el desarrollo.
El tacto es uno de los primeros sentidos que se desarrollan. Antes de ver u oír, sentimos. En la piel -el órgano más grande del cuerpo- existen distintos receptores. Entre ellos, las llamadas fibras C táctiles, especialmente sensibles a caricias suaves y lentas, de entre 3 y 5 centímetros por minuto.
De acuerdo con la literatura científica citada en la charla, este tipo de estímulo activa áreas del cerebro vinculadas al vínculo social, la calma y la seguridad. Por eso el contacto no solo impacta a nivel físico, sino también emocional.
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Masajes, regulación y profesionales matriculados
En el ámbito clínico, estas nociones se aplican en distintas técnicas manuales. La masoterapia es una de ellas, aunque no la única. Pérez subrayó la importancia de acudir a profesionales matriculados y habilitados para ejercer, incluso cuando se busca únicamente un masaje.
También señaló que no todas las personas reaccionan igual ante el contacto. Hay quienes evitan ser tocados por desconocidos, mientras que otros encuentran alivio rápidamente. En ambos casos, el cerebro evalúa la experiencia como segura o amenazante, y esa interpretación define el resultado.
Muchas veces alguien sale más tensionado de una sesión que pretendía ser relajante. Para la especialista, esto puede deberse a que no se logró una adecuada modulación del sistema nervioso. El modo en que se realiza el contacto -más allá de la técnica puntual- es determinante.
El poder de tocar y tocarse
La profesional recordó un gesto automático: cuando nos golpeamos, instintivamente llevamos la mano a la zona dolorida. Ese acto activa fibras vinculadas al tacto que compiten con las del dolor, lo que ayuda a disminuir la molestia.
Además del contacto con otros, Pérez planteó la importancia del vínculo con el propio cuerpo. En consulta, relató, muchas personas se sorprenden al descubrir sensaciones simples, como apoyar una mano en el pecho y otra en el abdomen para acompañar la respiración. Ese gesto puede contribuir a la autorregulación.
En tiempos marcados por la hiperconexión digital, la kinesióloga invitó a recuperar espacios de contacto real. "¿Qué contactos necesitamos recuperar?", dejó como pregunta abierta al cierre del programa. En un contexto donde abundan los dolores musculares asociados al estrés, el tacto aparece como una herramienta accesible para promover calma y seguridad.
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