Fue sede de gobierno, cárcel y símbolo del poder colonial. No cayó del todo en 1861, pero dejó de ser Cabildo. Sus muros dieron paso al matadero y a la feria, en el mismo solar donde hoy funciona el Museo de Sitio del Área Fundacional.
Así era el Cabildo de Mendoza: emblema del sitio donde nació la Ciudad
La historia de Mendoza tiene un punto de quiebre en una tarde de hace 165 años. A las las 20:36 del miércoles 20 de marzo de 1861 tuvo lugar el el mayor sismo registrado por la historia en la provincia de Mendoza. Tuvo una magnitud de 7,2 en la escala sismológica de Richter y una intensidad de IX en la escala sismológica de Mercalli.
Ese sismo afectó gran parte de la infraestructura de la Ciudad y dejó un reguero de destrucción que obligó a repensar y reconstruir una ciudad desde sus escombros.
En ese contexto, en esta ocasión buscaremos conocer la historia del Cabildo de Mendoza, un recorrido que es también la historia de una ciudad que debió reinventarse después del terremoto.
Aquel edificio emblemático, que concentró durante siglos el poder político, judicial y administrativo, no se desplomó completamente con el sismo. Sin embargo, su destino quedó sellado: fue resignificado, reutilizado y absorbido por la nueva traza urbana que emergió entre escombros y decisiones urgentes.
Hoy, en el mismo lugar donde funcionó el Cabildo, se levanta el Museo de Sitio del Área Fundacional, espacio que permite reconstruir, entre restos arqueológicos y memoria, la fisonomía de aquella Mendoza anterior al desastre.
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Un edificio con impronta colonial
Pedro Canepuccia, arquitecto graduado en 1976 en la Universidad de Mendoza y especialista en conservación patrimonial formado en Roma en el Istituto Superiore per la Conservazione ed il Restauro -en una camada coordinada por el Centro Internacional de Estudios para la Conservación y la Restauración de los Bienes Culturales- detalla que el Cabildo mendocino respondía con claridad a la tipología colonial.
Canepuccia reconstruyó, mediante relatos de Burmeister, Vicuña Mackenna y Damián Hudson, cómo eran las características de este emblématico edificio.
El Cabildo estaba ubicado en el costado oriental de la plaza principal y su planta formaba un cuadrilátero con patio interior. Su fachada se distinguía por una arquería frontal que, en 1749, tenía ocho arcos y dos habitaciones superiores. Ya en la década de 1820, el edificio había crecido: contaba con trece arcos de ladrillo y tres habitaciones en la planta alta.
La galería baja, conocida como "recoba pesada", estaba enmarcada por los arcos. Encima, una galería de madera completaba el segundo nivel. Desde allí se descendía al patio de la cárcel. También existía un balcón al frente de las salas capitulares, con vista directa a la plaza.
Uno de los elementos más simbólicos era su torre, equipada con reloj sonoro y campana. No solo marcaba las horas: convocaba a los vecinos a reunión y representaba la autoridad urbana. Uno de los arcos correspondía precisamente a esa torre.
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Gobierno y castigo, bajo el mismo techo
El Cabildo no era únicamente un edificio administrativo. Allí funcionaban la sala capitular o ayuntamiento, el archivo de los libros oficiales, la sala de armas y hasta una carnicería asociada al frente del predio. Pero también era la cárcel pública.
El pórtico de la prisión se encontraba a un nivel superior al de la plaza, al que se accedía por escalones. Existían calabozos con cimientos de piedra desde 1628 y una celda -o "capilla" de condenados- construida en piedra, posiblemente abovedada y de carácter subterráneo. Incluso había un muro destinado a fusilamientos y bancos cercanos al último arco para las ejecuciones públicas.
"Era un complejo que integraba poder político y poder punitivo en un mismo conjunto", explica Canepuccia. En términos urbanos, esa concentración de funciones reforzaba su centralidad simbólica.
Un edificio que cambió con el tiempo
El Cabildo atravesó distintas etapas. Durante los siglos XVI y XVII se registran reiteradas referencias a deterioros y reparaciones. En 1644 se advertía que las "casas de Cabildo" se venían abajo. En 1699, una crecida las habría hecho colapsar.
Hacia mediados del siglo XVIII comenzó una etapa de reconstrucción y consolidación. En 1749 se documenta la configuración de ocho arcos y dos habitaciones superiores, mientras se realizaban obras que obligaron a sesionar provisoriamente en otra casa. Ya en el siglo XIX, el edificio se amplió hasta alcanzar los trece arcos.
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Los muros eran de adobones y el frente se completaba con una muralla baja que, según registros, tenía aspecto ruinosa. Como buena construcción colonial del interior, estaba sujeta a precariedades materiales y a las inclemencias naturales.
El terremoto y la ciudad que se reordenó
El 20 de marzo de 1861 marcó un antes y un después. Aunque el Cabildo no cayó por completo, su función original se perdió. Parte de la estructura fue aprovechada para levantar un matadero en el mismo sitio. Más tarde, el lugar alojó una feria.
La vieja ciudad quedó herida. Hacia fines del siglo XIX, la zona que hoy corresponde a la 3ª y 4ª sección era conocida como el "barrio de las ruinas".
Se encomendó entonces una limpieza y un reordenamiento integral. Las antiguas calles, que medían apenas nueve metros de ancho, pasaron a tener entre 16 y 20 metros, dimensiones que se mantienen en la actualidad.
La fuerte llegada de inmigrantes y el crecimiento desordenado de la zona impulsaron una reorganización profunda del casco histórico. Mendoza se desplazó, se ensanchó y se modernizó, dejando atrás -en parte- su traza original.
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En ese proceso, el Cabildo dejó de ser lo que había sido: el corazón político y judicial de la ciudad colonial. No desapareció de golpe, pero perdió su identidad. Sus muros sobrevivientes cambiaron de función hasta integrarse, ya en tiempos más recientes, a la puesta en valor patrimonial del Área Fundacional.
La Mendoza que cayó en 1861 no volvió a ser la misma. Entre campanas que ya no sonaban y arcos que cambiaron de uso, el antiguo Cabildo quedó como una huella de aquella ciudad de calles angostas, de poder concentrado y de vida pública intensa, que el terremoto obligó a reconstruir desde sus cimientos.
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Las imágenes antiguas fueron coloreadas con herramientas de inteligencia artificial y el Cabildo fue recreado con las mismas en base a los bocetos que se encuentran en el museo.
Para conocer más sobre el Cabildo y otros sitios emblemáticos, se puede visitar el Museo del Área Fundacional. El mismo abre de martes a sábado de 9 a 19, y domingos y feriados de 15 a 19. La entrada es gratuita.
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