Diego Córdova, periodista especializado, analizó en Radio Post los motivos científicos, políticos y tecnológicos que reactivaron la exploración lunar y por qué esta misión marca el inicio de una nueva etapa después de más de medio siglo.
Artemis II: qué hay detrás del viaje que vuelve a llevar humanos a la Luna
La humanidad está a días de vivir un nuevo hito espacial. Después de más de medio siglo (53 años) sin vuelos tripulados hacia la Luna, la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) se prepara para lanzar Artemis II, una misión que, sin descender, volverá a orbitar nuestro satélite con cuatro astronautas a bordo.
Para entender su relevancia, el periodista especializado Diego Córdova -autor de Huellas en la Luna y coautor de Marte- , habló al respecto con el programa "A pesar de las llamas", conducido por Marcelo Arce en Radio Post FM 92.1.
Por qué se dejó de viajar a la Luna
El especialista recordó que los últimos hombres que caminaron en la superficie lunar fueron Gene Cernan y Harrison Smith, durante la misión Apolo 17 en 1972. Desde entonces, dijo, ningún ser humano volvió a orbitarla, mucho menos a descender.
Córdova explicó que la interrupción del programa Apolo no se debió a falta de capacidad, sino a política pura. La carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética había creado una situación excepcional: la llamada "financiación sin límites", destinada a ganar la competencia por llegar primero.
Cuando ese objetivo se cumplió con Apolo 11, el interés político decayó y el presupuesto se volvió inaceptable. Cada misión implicaba usar un cohete Saturno V de 111 metros que no se recuperaba. "Era carísimo e insostenible", resumió.
Las razones de su vuelta
"El motivo cambió por completo", explicó el especialista. La reactivación del interés tiene fundamentos científicos, tecnológicos y geopolíticos. En la última década se confirmaron reservas de agua en forma de hielo en el subsuelo lunar, especialmente en el polo sur, una región nunca explorada por astronautas. Además, se detectó helio-3, un mineral valioso para investigaciones energéticas.
Estos elementos colocan a la Luna nuevamente como un punto estratégico y abren la posibilidad real de instalar una base semipermanente. "La Luna vuelve a ser un punto geopolítico de primer orden. Quien logre instalar allí una base tendrá ventaja tecnológica, científica y estratégica", señaló Córdova.
A esto se suma el anuncio de China, que quiere alunizar antes de 2030, una declaración que reavivó la competencia internacional, ya que Estados Unidos no quiere quedarse atrás mientras que Europa se sumó como aliado central de Artemis."Es otra carrera espacial, distinta, pero carrera al fin", sintetizó.
¿De quién será la Luna? La diplomacia del espacio
Una de las dudas que surgieron fue sobre la posible apropiación del satélite. Córdova comparó su situación con la Antártida: no pertenece formalmente a ningún país, aunque haya bases instaladas. "El hecho de plantar una bandera no otorga propiedad, pero sí presencia. Y si un país instala una base, otro no puede instalarse sobre la misma zona. Es un juego fino de diplomacia y política espacial", aclaró.
La presencia otorga ventajas prácticas, pero no propiedad jurídica. Explicó que los Acuerdos Artemisa -firmados por Argentina y otros países- establecen reglas para la exploración responsable y la explotación controlada de recursos, evitando conflictos y garantizando la preservación del entorno lunar.
Los gigantes privados y su carrera paralela
La nueva etapa de exploración ya no la protagonizan solo las agencias estatales. SpaceX, la empresa de Elon Musk, compite con Blue Origin, la de Jeff Bezos, por entregar el módulo que permitirá descender en la Luna en las próximas misiones. Musk desarrolla la nave Starship; Bezos, el módulo Blue Moon y el cohete New Glenn. La NASA adoptará el proyecto que esté completamente probado primero. "Hay una carrera entre privados y ambos avanzan rápido", dijo Córdova.
Cómo será la misión Artemis II
Córdova detalló el vuelo que comienza esta semana. Artemis II durará diez días.
En las primeras 24 horas la nave Orion permanecerá en órbita terrestre y liberará varios microsatélites, incluyendo uno argentino llamado Atenea. Luego iniciará un viaje de tres días y medio hasta la Luna, sobrevolará su lado oculto y transmitirá imágenes en vivo, algo que no era posible durante el programa Apolo.
El regreso será uno de los momentos más críticos: la cápsula entrará en la atmósfera a más de 30 mil kilómetros por hora, rodeada de un plasma que supera los 1.500 grados. "La imagen es tal cual la conocemos de las películas: una bola de fuego", describió.
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Fechas, clima y margen de error
Vale destacar que el lanzamiento está previsto entre las 19:25 y las 21:25 del 1.° de abril (hora argentina). Si las condiciones meteorológicas no acompañan -vientos fuertes, techos de nubes o lluvias- o surge un problema técnico en la cuenta regresiva, la NASA puede reprogramar el vuelo dentro de la ventana del 1 al 6 de abril y, si todo falla, el día 30.
Punto de inflexión
Para Córdova, lo que viene es un cambio de época. "No es solamente volver a la Luna. Es abrir una etapa nueva de exploración, con países y empresas privados compitiendo al mismo tiempo. Lo que ocurra ahora va a marcar las próximas décadas", concluyó.
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