La Galería Tonsa, el corazón de una Mendoza que soñaba con el futuro

Inaugurada a comienzos de los años 60, la Galería Tonsa fue símbolo de modernidad en el centro mendocino. Con cine, supermercado, arte y más de 150 locales, marcó una época en la vida urbana de la ciudad.

La Galería Tonsa, el corazón de una Mendoza que soñaba con el futuro

Por:Juan Manuel Lucero
Periodista

Hubo un tiempo en que caminar por la Galería Tonsa era entrar en la Mendoza que miraba hacia adelante. Las escaleras mecánicas -las primeras que tuvo la provincia y el interior del país- sorprendían a chicos y grandes, el cine convocaba multitudes y las vidrieras brillaban con las tiendas más elegantes del centro.

Inaugurada en 1961, la galería se levantó como un símbolo de progreso en plena avenida San Martín, con salidas también a las calles Catamarca y San Juan. Era una obra ambiciosa para la época: medio kilómetro de recorrido interno, tres monoblocks y unos 32.000 metros cuadrados que combinaban comercio, viviendas y oficinas.

La emblemática escalera mecánica fue retirada en 2013. (Foto: Los Andes)

Impulsada por el empresario Irving Tow -presidente de la cadena de zapaterías Tonsa- y proyectada por el ingeniero Germán Gutman, la construcción comenzó en 1958 y avanzó a ritmo acelerado hasta convertirse en una de las galerías comerciales más grandes de Latinoamérica. La obra estuvo a cargo de la empresa Lucas Sarcinella e Hijos y llegó a utilizar unas 12 mil toneladas de cemento.

Pero más allá de los números, lo que distinguía a la Tonsa era su espíritu urbano.

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La ciudad bajo techo

Las galerías comerciales no eran una novedad absoluta en Mendoza. Inspiradas en los pasajes europeos del siglo XIX, estos espacios cubiertos habían empezado a aparecer en la ciudad desde mediados del 1800.

El primer antecedente fue el Pasaje Sotomayor, iniciado en 1858 y destruido por el terremoto de 1861. Décadas más tarde, el Pasaje San Martín, inaugurado en 1928 e inspirado en la Galería Vittorio Emanuele de Milán, consolidó la idea de un paseo comercial bajo techo.

El Pasaje San Martín, una galería emblemática de Mendoza.

Sin embargo, con la expansión urbana de los años 50, Mendoza comenzó a levantar edificios más altos que integraban galerías en sus plantas bajas. En ese contexto surgieron la Kolton, la Piazza y, como proyecto más ambicioso, la Tonsa.

Su diseño incluía una galería en forma de "T" que conectaba la avenida San Martín con calle San Juan, mientras un brazo menor se abría hacia Catamarca. En el punto de encuentro de esos pasillos se levantó una rotonda de triple altura coronada por una cúpula de hormigón.

Allí funcionaba una fuente de aguas danzantes y la confitería Vía Veneto, que rápidamente se transformó en punto de encuentro para generaciones de mendocinos.

La rotonda central de la Galería Tonsa. (Foto: Mendoza Antigua)

Arte en el corazón del paseo

Uno de los rasgos más distintivos de la Tonsa fue su integración entre arquitectura y arte.En la rotonda central y en distintos niveles del edificio se desplegaron tres grandes murales realizados en 1960 por los artistas mendocinos Luis Quesada, José Bermúdez y Mario Vicente. Las obras representan el origen de la vida, la evolución del ser humano y su proyección espiritual hacia el futuro.

El arte, parte de la vida de la Tonsa.

Distribuidas entre el subsuelo, la planta intermedia y el nivel superior, estas piezas suman más de 140 metros cuadrados de superficie pictórica y fueron declaradas patrimonio cultural de la ciudad.

Para muchos especialistas, ese diálogo entre arte, arquitectura y vida urbana acercaba a la galería mendocina al espíritu de los grandes paseos comerciales europeos y a los circuitos culturales de Buenos Aires.

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Cine, supermercado y vida nocturna

La Tonsa también fue pionera en otros aspectos. En el subsuelo funcionó el supermercado Persian, uno de los primeros de estilo autoservicio en el país y el más grande de Sudamérica en su momento. Con 1.700 metros cuadrados, introdujo una modalidad de compra moderna que incluía las famosas escaleras mecánicas que tanto asombraban a los visitantes.

En el nivel superior se encontraba el cine-teatro City, luego conocido como Cinerama, con capacidad para 2.400 espectadores.

Meses atrás, un usuario de Tiktok mostró cómo está el Cine City.

Durante los años 70, 80 y principios de los 90, una salida al cine en el centro casi siempre terminaba con un paseo por las galerías. Se miraban vidrieras, se compraba algo en el camino y después venía la cena en una pizzería o un café antes de regresar a casa. 

Las noches mendocinas se estiraban hasta las dos o tres de la madrugada. En ese circuito urbano, la Tonsa ocupaba un lugar central.

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Entre la nostalgia y el presente

Con el paso de los años, el cierre del cine, del supermercado y de muchos comercios tradicionales fue apagando parte de ese brillo. Los grandes shoppings, los cambios en el consumo y la transformación del centro mendocino alteraron el paisaje comercial.

Hoy la galería mantiene algunos locales activos, casas de cambio, tiendas especializadas y pequeños comercios que resisten en medio de pasillos más silenciosos.

Tiendas de celulares, arbolitos y joyerías hoy forman parte de la Galería.

Sin embargo, su arquitectura sigue allí: la cúpula, la rotonda central, los murales y los largos pasillos que conectan tres calles del centro.

Caminar por la Tonsa todavía tiene algo de viaje en el tiempo. En cada rincón parece quedar el eco de una Mendoza que imaginaba su propia "calle Florida", una ciudad moderna, cosmopolita y llena de vida.

Y aunque muchas persianas estén bajas, el arte y la memoria siguen sosteniendo ese sueño.

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