La capilla mendocina de 200 años que sigue en pie y es más antigua que Argentina

En Barrancas, Maipú, una pequeña capilla colonial resiste el paso del tiempo y guarda entre sus muros de adobe más de dos siglos de historia, fe y memoria colectiva.

La capilla mendocina de 200 años que sigue en pie y es más antigua que Argentina

Por:Juan Manuel Lucero
Periodista

En un rincón del distrito de Barrancas, en Maipú, una capilla discreta, casi escondida entre calles rurales y viñedos, conserva una historia que antecede incluso al nacimiento del país

Se trata de la Capilla Histórica Nuestra Señora del Rosario, cuya existencia está documentada al menos desde 1807, lo que la convierte en una de las construcciones más antiguas en pie de Mendoza y, como suele decirse, "más vieja que la Argentina".

Según detalla el investigador Rubén Impagliazzo, miembro de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza, filial Maipú, la capilla ya funcionaba a comienzos del siglo XIX, aunque su construcción es anterior. 

Un registro hallado en un libro de defunciones de 1807 certifica su existencia en ese entonces, en tiempos en que la región aún formaba parte del Virreinato del Río de la Plata y dependía eclesiásticamente del Valle de Uco .

Capilla Histórica  Nuestra Señora del Rosario, Monumento Histórico Nacional.

El documento no sólo da cuenta de la capilla, sino también de la vida cotidiana de aquella época: menciona el entierro de una niña de cuatro años en enero de ese año, un detalle que, aunque mínimo, permite reconstruir la dimensión humana de ese espacio religioso en plena etapa colonial .

Evangelización y vida rural

La capilla de Barrancas no es solo antigua: también es un símbolo del proceso de evangelización en Mendoza. En su entorno habitaba una numerosa población huarpe, y el templo funcionó como un punto clave en la acción de los misioneros que recorrían la región.

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Ese rol se extendió en el tiempo. Existen registros de bautismos realizados allí en 1825, lo que confirma su continuidad como centro religioso y social para las comunidades rurales de la zona .

Con el paso de los años, la capilla fue cambiando de jurisdicción parroquial, pero nunca perdió su vínculo con los habitantes del lugar. Su presencia se volvió una referencia identitaria, una especie de faro silencioso que acompañó generaciones.

Los huarpes eran los habitantes de la zona.

Arquitectura colonial que sobrevivió a todo

Desde lo patrimonial, su valor es excepcional. Se trata de una de las pocas construcciones coloniales que lograron sobrevivir en Mendoza, una provincia marcada por terremotos y transformaciones urbanas que arrasaron con gran parte de su arquitectura histórica.

El templo responde al estilo colonial popular, con muros de adobe y una estructura simple pero singular. Uno de sus rasgos más llamativos es su frente ancho, que supera el tamaño del cuerpo principal y presenta tres aberturas: una central y dos arcos laterales, dando la sensación de una iglesia de tres naves, aunque en realidad no lo sea .

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La capilla nunca tuvo campanario. Durante años, la campana colgó de la rama de un árbol, una imagen que parece salida de otra época. Más cerca en el tiempo, se instaló una estructura metálica para sostenerla, aunque esa también fue víctima del robo .

Como tantas piezas del patrimonio argentino, también sufrió pérdidas: la imagen original de la Virgen del Rosario fue sustraída en la década de 1970 y nunca recuperada. Hoy, otra imagen ocupa su lugar.

La capilla lleva el nombre de Nuestra Señora del Rosario, patrona de Mendoza y Cuyo.

Un monumento con cuidados a pulmón

En 1972, la capilla fue declarada Monumento Histórico Nacional, un reconocimiento que pone en valor su importancia, pero que no siempre se traduce en mantenimiento sostenido. De acuerdo a Impagliazzo, gran parte de su conservación se logró gracias al esfuerzo de actores locales y entidades comprometidas con la historia.

Las tareas sobre techos y muros permitieron que el edificio siga en pie y continúe cumpliendo su función original: todos los sábados, los vecinos aún se reúnen allí para la misa, manteniendo viva una tradición que lleva más de dos siglos .

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Sin embargo, el acceso es limitado. La falta de guías permanentes impide visitas regulares, lo que refuerza esa sensación de lugar detenido en el tiempo, casi secreto.

En un mundo donde todo parece avanzar a velocidad constante, la capilla de Barrancas ofrece otra lógica. Sus paredes de adobe, su ambiente tranquilo, su historia silenciosa y su persistencia la convierten en algo más que un edificio: es una memoria viva de la Mendoza que fuimos antes incluso de que existiera la Argentina.

Las comunidades huarpes, habitantes originarios de esta zona del continente.

Allí, donde alguna vez se celebraron bautismos en tiempos coloniales y se despidieron vidas anónimas, todavía hoy se encienden velas y se dicen oraciones. Como si el tiempo, por un instante, decidiera no avanzar. 

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