Milei y la necesidad natural de un enemigo

En la apertura de sesiones ordinarias, el Presidente priorizó el conflicto por sobre el balance de gestión. Ante una oposición fragmentada y debilitada, Milei aplicó el manual de la polarización y subió al ring al kirchnerismo.

Milei y la necesidad natural de un enemigo

Por:Santiago Montiveros
Director periodístico

El discurso de Javier Milei en la Asamblea Legislativa dejó algo más que anuncios y balances de gestión. Hubo una constante durante las casi dos horas en las que habló el presidente: la necesidad de subir al ring al kirchnerismo. No fue solo una crítica ocasional: fue un recurso repetido. Cada tramo de su alocución parecía avanzar sobre los logros o los planes del Gobierno, pero en algún momento aparecía un paréntesis para apuntar contra la oposición, con un registro que remitió más al Milei panelista de televisión que al de un Jefe de Estado.

Lo curioso es que, desde que comenzó el discurso, el clima no parecía especialmente caldeado. El kirchnerismo llegó debilitado al Congreso, con varias bancas vacías, pero Milei eligió hablar como si estuviera en medio de una batalla. En este contexto, quedó la sensación de que Milei fue a buscar la pelea. No reaccionó a un clima hostil, más bien lo generó. El efecto fue claro: reinstalar la polarización.

En realidad, esa lógica no es nueva. En política la polarización cumple una función conocida: simplificar el conflicto y obligar a los actores a alinearse de un lado o del otro. En ese esquema, la existencia de un enemigo político fuerte o simbólico se vuelve casi indispensable.

De hecho, dio la impresión de que Santiago Caputo hubiera sacado de su biblioteca la "biblia" política de su exjefe Jaime Durán Barba, "El arte de ganar". En ese manual de campaña, el consultor ecuatoriano, quien trabajó durante años con el principal asesor de Milei, sostiene que el ataque y el conflicto pueden ser herramientas decisivas para posicionarse y movilizar emocionalmente a la gente. En un año no electoral, el presidente dio un discurso en modo electoral, ya lanzado rumbo a la reelección para el año que viene.

El discurso de este domingo, con el que quedaron inauguradas las sesiones ordinarias en el Congreso, dejó una conclusión implícita: la gestión puede ser buena, regular o mala, pero sí o sí necesita adversarios. Y con un peronismo fragmentado y debilitado, con su jefa natural condenada y en prisión domiciliaria, Milei parece decidido a mantener viva esa rivalidad: le resulta funcional. 

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La política argentina, como tantas veces en su historia, sigue organizándose alrededor de una pelea. Y alguien tiene que ocupar cada esquina del ring. Cuando en una de ellas no aparece un rival con suficiente peso, la dinámica misma de la confrontación termina empujando a que alguien lo suba al cuadrilátero. Algo de eso pareció ocurrir esta vez: ante una oposición debilitada y dispersa, fue el propio Milei quien subió al kirchnerismo al cuadrilátero.

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