El monumento a la grieta - Mendoza Post
Miércoles 1 Ago 2018
porRicardo Montacuto
Director Periodístico

Dos expedientes abiertos. Uno por "desaparición forzosa de persona", y un Hábeas Corpus. Un subalférez de Gendarmería imputado, y ocho mapuches denunciados por falso testimonio. Un año después del caso que conmocionó al país y fermentó la grieta hasta niveles insoportables, el saldo parece módico. Pero hubo en el medio una profunda transformación social: los argentinos terminamos de confirmar que somos los campeones mundiales del escepticismo.

Santiago Maldonado era un artesano de 28 años, radicado en El Bolsón, diletante, sociable a cuentagotas, pero que por alguna razón abrazó la causa del extremista fanático Facundo Jones Huala, líder de la Resistencia Ancestral Mapuche. Por eso, el lunes 31 de julio y el martes 1 de agosto del año pasado, el joven estaba cortando la ruta 40 en la provincia del Chubut a unos kilómetros de la estancia Leleque, de los hermanos Benetton. En el operativo de desalojo de la Gendarmería -desprolijo, contradictorio, y que aún es motivo de investigación- Maldonado huyó e intentó cruzar el río Chubut detrás del joven Lucas Pilquimán, el "Testigo E". Lo hizo en una zona profunda, enramada, plena de barro y de palos de los árboles, enmarañada de sauces, con una temperatura del agua muy difícil de soportar, y una fuerte correntada. 

La familia Maldonado sólo aceptaba una versión.

En aquella zona cordillerana de la Patagonia, el río Chubut es una trampa mortal. El miedo, la poca experiencia con el agua, el enorme peso de la ropa que llevaba puesta; hundieron a Santiago Maldonado durante 78 días, en una tumba de agua helada. Cuando la primavera llegó a la zona, el cuerpo comenzó a descomponerse y flotó. Lo detectaron a simple vista en el último rastrillaje, luego de un testimonio dado -presumiblemente- de modo informal por la madre del "Testigo E", Claudina Pilquimán. Pero alguien más, que no habría cobrado la recompensa, dio datos clave para hallar el cuerpo ese día.

Aquí, al cumplirse un año de la desaparición, presentamos una cronología de los hechos más importantes ocurridos desde que Santiago Maldonado desapareció, hasta hace pocos días, cuando presentaron el documental de Florencia Kirchner sobre el artesano muerto en el río. Es una línea de tiempo interactiva, y navegable:

La muerte

Lucas Pilquimán fue el último en ver a Santiago en el agua, y así lo declaró ante el juez Gustavo Lleral en diciembre. Y en un momento, no lo vio más. Él se salvó porque empezó a quitarse ropa mientras cruzaba el río. Maldonado murió, muy probablemente, por accidente. No había ni un gendarme cerca y luego, las pericias controladas por un ejército de científicos de todas las partes del juicio, incluso la familia Maldonado, determinaron que no tenía heridas, se había ahogado, y el cuerpo había estado en el mismo lugar del río, bajo el agua y en un pozo, todo ese tiempo. No obstante, los Maldonado pidieron peritajes complementarios, que están en curso.

Durante aquellos 78 días y en víspera de elecciones, el kirchnerismo, la izquierda, grupos de Derechos Humanos, los mapuches de la Lof Cushamen, sectores de la Iglesia y la familia Maldonado; montaron, promovieron y ejecutaron una de las más feroces campañas "de la mentira", buscando instalar en la sociedad la idea de que a Maldonado lo había secuestrado, torturado, matado, desaparecido, y finalmente "plantado" la Gendarmería, muy probablemente con la venia y la orden del presidente Macri y de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich. La campaña fue feroz, apoyada con un fuerte fuego mediático de alto poder, que hace un año aún tenía el kirchnerismo. El oficialismo se defendió fuerte, y con la "solidaridad" de los grandes medios también. La grieta del odio se extendió a un abismo.

CFK, en una misa por Maldonado.

La mayoría de los argentinos no creyeron las fábulas del cristinismo, empezando por la propia ex presidenta; que perdió las elecciones en Buenos Aires. Y los candidatos de Cambiemos ganaron las PASO y las generales, en medio del furor de un caso que había ocupado y preocupado al país, y al mundo.

Vimos acciones espantosas,  delirantes, y macabras.

Los abogados de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos enviados por la ex procuradora "K" Alejandra Gils Carbó, aceptaron interrogar a mapuches anónimos y encapuchados, que relataron cómo los gendarmes se habían llevado a Maldonado a Esquel. Uno de ellos luego cambió su versión, se transformó en el testigo E, y declaró la verdad ante el juez Lleral.

La familia Maldonado no quería aceptar ninguna otra versión que no fuera la desaparición de Santiago a manos de Gendarmería. Sergio Maldonado fue en este sentido, el ariete útil del kirchnerismo.

El mapuche con binoculares, Matías Santana, mintió hasta cansarse. Hizo ante los medios el show de cómo se habían llevado a Maldonado desde la orilla del río. Fue un pormenorizado relato "trucho" de los acontecimientos.

Matías Santana.

Médicos kirchneristas salían a las salas de atención de los hospitales públicos, y llamaban a "Santiago Maldonado" unos instantes. Luego, afirmaban "No está... se lo llevó Gendarmería". En aquellas semanas, cientos de chicos de escuelas primarias llegaban a sus casas, y decían que a Maldonado se lo habían llevado los gendarmes.

Los mismos que habían buscado instalar que el fiscal Alberto Nisman se había suicidado, quisieron imponer el relato de la desaparición de Maldonado.

La campaña de mentiras por razones políticas, consiguió que la CIDH y la ONU se preocupen por el caso, hasta que levantaron medidas sobre la Argentina, una vez conocida la autopsia del tatuador.

Al juez Guido Otranto, lo mandaron a su casa cuando la familia lo recusó, porque decía que lo más probable era que Santiago estuviese en el río. Recibió felicitaciones silenciosas cuando el cuerpo apareció.

Hubo exageraciones del otro lado también. La palma de oro se la lleva Elisa Carrió, cuando dijo que había un 20 % de chances de que Maldonado se hubiese ido a Chile.

Mendoza no fue ajena a la grieta y la vivimos de cerca. El día en que apareció el cuerpo, un trabajo periodístico intenso apoyado en fuentes propias nos permitió publicar con un grado de certeza del 100 %, que el cuerpo de Maldonado era el que había aparecido en el río. Sabíamos que tenía el DNI, y habíamos hablado con fuentes directas del caso, todas en la provincia del Chubut, y una en el gobierno nacional. Cuando uno de nuestros informantes en la Casa Rosada nos dijo "Mauricio ya lo sabe... desde hace una hora, más o menos..." publicamos la confirmación de la identidad del cuerpo. Fue el 17 de octubre de 2017 a las 19:25. Fuimos desde entonces objeto de todo tipo de repulsas, insultos, malos augurios, e incluso colegas y medios quisieron darnos lecciones de periodismo y responsabilidad. En las redes sociales nos acusaron de haber "matado a Maldonado" y a la vez nos pedían "respeto". Tres días más tarde, todo lo que dijimos se confirmó. Siquiera hubiesen preguntado qué trabajo periodístico habíamos hecho o qué fuentes teníamos. La ceguera ideológica provocada por la grieta, hizo que sufriésemos agresiones. Cuando se confirmó oficialmente la identidad del cuerpo, ni siquiera sentimos alivio. Sólo una desazón profunda.

Las pruebas científicas de un caso que aún está en investigación, fueron desarmando las mentiras, exageraciones y versiones, resolviendo el problema por el lado sencillo: Maldonado se ahogó cruzando el río, corrido por la Gendarmería. Tampoco era un "perejil". Había estado, tres días antes de la desaparición, tirando piedras al juzgado federal de Esquel. Hay registros de ello en el expediente del caso.

La oposición más feroz a Macri aprovechó la historia que habían montado, cuanto pudieron. Pero también el gobierno lo hizo. Respiraron aliviados cuando les empezaron a mostrar encuestas, en las que el Caso Maldonado no influiría en el voto.

Finalmente, el caso nos deja una lección importante a todos. Nada hay más importante, que conocer los hechos. Lo demás, es relato, fantasías inconfesables, prejuicios, intencionalidad, y -sobre todo- la grieta de la que la política se alimenta cada dos años, en víspera de elecciones.

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