Sábado 31 Mar 2018Sábado, 31/03/18 atrás
porAna Montes de Oca
Periodista

Desde la implementación de las pruebas “Aprender” (que miden la calidad educativa de las escuelas argentinas), se sumó una variable nueva y poco estudiada: el clima escolar. En este punto los datos son alarmantes: tanto a nivel nacional como provincial, más de la mitad de los chicos asegura haber sufrido alguna clase de discriminación, la mayoría no cree que haya un clima escolar bueno y los directivos aceptaron que muchísimos alumnos se quejan del trato que reciben de sus profesores. Pero no se hace nada.

En las pruebas del año 2016, 7 de cada 10 alumnos del secundario mendocino dijo sentir discriminación. En la última versión, el número bajó a 5 de cada 10.

Sin embargo, nadie le dio importancia a estos números, hasta que este año los difundió el periodismo. “Lo que pasa es que la realidad es que no hay nadie que se dedique a interpretar estos datos, que son más que alarmantes. Si un chico dice que el clima del aula es 'normal', quiere decir que está todo mal, porque significa que se ha naturalizado mucho el mal clima en el aula y en la escuela”, exlicó al Post Alejandro Castro Santander que además de ser un experto en temas educativos, es especialista en esto del clima escolar. Lleva más de 20 libros escritos y es consultados por sistemas educativos de todo Latinoamérica.

Apenas 1 de cada 10 alumnos mendocinos cree que tiene un clima bueno

“El clima escolar tiene que ver con las relaciones y con los vínculos: antes se hablaba de indisciplina, ahora ya se habla de violencia y acoso (bullying), pero el tema es que siempre se pone la lupa en el chico como responsable, sin ver que en el clima escolar intervienen los chicos, los docentes, directivos y padres también”, precisó.

De la norma a la violencia

Castro Santander explicó que, desde el vamos, hay un error en la forma en la que se toman ciertos hechos: “Sucede que la palabra violencia se tragó la indisciplina. Ahora los chicos son directamente catalogados de violentos, ya no se portan simplemente mal, y eso es un error muy grave porque la indisciplina tiene que ver con trasgredir la norma y eso pasa en gran medida, porque las normas que se les imponen están mal planteadas”.

“Las escuelas dictan sus normas de convivencia, que deben ser consensuadas por alumnos y padres, pero rara vez se hace una reunión para tratarlas. Por otro lado, no puede haber normas que sólo sean para los alumnos, deben ser para todos los que están en la escuela. Por ejemplo, si hay obligación de usar uniforme los docentes también deberían usarlo. Las normas deben tener además sanciones para todo el que las trasgreda, sea alumno o decente”.

En este sentido, es preocupante la respuesta de los directores de escuelas secundarias mendocinas respecto del alto porcentaje de reclamos que reciben por parte de los alumnos en relación al trato de los docentes: el 88 % dice que no es escuchado por los profesores, y el 42 %, que son tratados en forma agresiva.

“La importancia de consensuar las normas de convivencia es porque de ese modo se logra adhesión. En cambio es más fácil incumplir una norma con la que nunca dije estar de acuerdo”, explicó el experto.

“Pero lo peor de las normas es que los directivos ponen de un lado lo que no quieren que hagan los chicos, y del otro lado las sanciones. Pero una norma debe responder al valor que se quiere proteger. Si no existe un valor detrás de ella, no la pongas porque genera conflicto, y del conflicto a la violencia hay poco”.

En este sentido, Castro indicó que a los niños pequeños se le deben enseñar las normas sin explicaciones, pero cuando ya tienen más capacidad de discernimiento, “es indispensable que las normas sean otra instancia de educación es decir, que a través de ellas se les enseñen esos valores que se quieren proteger. Eso no se está haciendo en casi ninguna escuela y la DGE sólo les dice a los directivos que hagan las normas de convivencia, pero tampoco está haciendo hincapié en el cómo”.

El diagnóstico sin tratamiento

La medición del clima escolar es tan importante que la UNESCO, en el TERCE (Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo de la calidad Educativa), alertó sobre los datos obtenidos en cuanto al clima escolar y señaló que “Los resultados asociados al logro cognitivo arrojaron que el clima de convivencia en la escuela era la variable que más consistentemente predecía el aprendizaje y condicionaba la calidad educativa”.

Así de claro. Cuando se busca explicar cuál es la variable que explica por qué hay chicos que aprenden más y mejor que otros, esa variable es el clima escolar.

Sin embargo, ni a nivel nacional ni a nivel provincial se le dio la importancia que la Unesco alertó que tenía.

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Por eso, para Castro Santander es sumamente necesario que cada escuela comience a hacer su propio diagnóstico, y que cuente con el pleno apoyo de la DGE para poder instrumentar las herramientas adecuadas para ese diagnóstico específico.

Sin embargo, paa el especialista aún se minimiza mucho este punto: “la realidad es que acá no cambia nada, seguimos con la escuela del siglo XIX, no existe un royecto de sistema educativo, ni nacional, ni provincial. Lo único que tenemos es la misma escuela mala pero con computadoras. Es un fraude. Cada vez que un funcionario habla de los cambios en la educación, le están mintiendo a la gente”.

Pero destacó que “Desde el año pasado, el intendente de Godoy Cruz fue el único que se preocupó por esto y pidió que cada escuela de su municipio hiciera un diagnóstico. Los resultados fueron muy interesantes”.

Agregó que “hoy tenemos que pensar una escuela con chicos que contestan mal y vienen sin límites. La escuela no puede poner de excusa el cómo vienen los chicos porque es la realidad de hoy, lo que tiene que hacer es crear un modelo donde se introduzca esa variable. Un proyecto educativo tenes tres patas: el ideario, que son los valores que se quiere enseñar, la normativa y la realidad el entorno. Esto no se está haciendo”.

"Tenemos el mismo sistema educativo malo pero con computadoras"

Finalmente Castro Santander precisó que “todas las medidas para tratar con el acoso, la indisciplina y la violencia son para después. No hay nada para prevenir. A los docentes se le dan charlitas pero ninguna herramienta, la DOAITE trabaja estos temas como si fueran un problema de salud mental y encima del niño, entonces siempre se actúa cuando ya hubo violencia o hubo bullying”.

Para el experto el panorama no es nada esperanzador: “La Organización Mundial de la Salud asegura que la violencia es una enfermedad social y que, si no le pongo remedio, la sociedad se sigue enfermando. En nuestras escuelas pasa eso y será cada vez peor”.