El atentado a la AMIA y el monumento a la mentira - Mendoza Post
Martes 24 Feb 2015Martes, 24/02/15 atrás
porChristian Sanz
Secretario Gral. de Redacción

Existe un monumento a la mentira que puede verse en casi todas las entradas de los establecimientos judíos de la Ciudad de Buenos Aires. En general, se trata de grandes “tachos” repletos de cemento que, en algunos pocos casos, aparecen decorados con flores y plantas en su parte superior.

Su aparente utilidad sería la de no permitir que haya un tercer atentado en el país.

No por lo menos a través de “móviles suicidas” que puedan impactar frente a la entrada de estos lugares. Todo, obviamente, de acuerdo a lo que habría sucedido en el atentado a la AMIA.

Lo cierto es que ninguna Trafic se estrelló contra el edificio de la mutual judía y esos “mamotretos” de cemento sólo sirven para identificar claramente los lugares pertenecientes a ámbitos de la colectividad hebrea.

Muy útil para algún fundamentalista que se encuentre en Buenos Aires a la búsqueda de un objetivo judío contra el que atentar.

La Trafic que no fue

Más de doscientos testigos presenciales, peritajes varios e investigaciones independientes, han demostrado que las explosiones que hubo en sede de la AMIA no surgieron de ningún coche explosivo. Sí, en cambio, hay serios indicios de que una de las bombas estuviera en el volquete que se encontraba en la puerta y la otra dentro de la propia sede de la mutual.

Quien escribe estas líneas —junto a otro colega, Fernando Paolella— ha ofrecido evidencia concreta para esclarecer este atentado a diferentes actores de esta trama, los cuales, como era de esperar, no se interesaron en absoluto por el ofrecimiento.

Esas pruebas fueron aportadas por este cronista a la Justicia en 2005  

Entre otros, hemos enviado cartas al primer mandatario Néstor Kirchner, a los presidentes de AMIA y DAIA y a una veintena de periodistas. A nadie le interesó lo que tenemos para aportar, aún cuando demuestra una nueva línea investigativa que podría esclarecer el caso.

Poco después ofrecimos esta misma evidencia a la gente de Memoria Activa y a los integrantes de APEMIA, grupo escindido del primero que fue formado por Laura Guinsberg y otros familiares de las victimas del atentado. Tampoco obtuvimos respuesta alguna.

Mientras tanto, tuvimos que tolerar que estas mismas personas sigan rasgando sus vestiduras públicamente a la hora de hablar de la asesina masacre de 1994.

Una gran hipocresía.

El atentado a la AMIA ocurrió a las 9.53 del 18 de julio de 1994

Somos mucho más que dos

No son pocos los indicios que llevan a delinear una buena investigación del atentado. Sin embargo, en este caso, todos se han puesto de acuerdo no sólo en esconder la verdad, sino en tratar de instalar una mentira tan flagrante que no puede sostenerse de manera alguna.

Juan José Salinas, autor del libro AMIA, quiénes son los autores y por qué no están presos no escatima en críticas:

“Para Memoria Activa no hay duda de que Carlos Telleldín armó la Trafic usada en el ataque y que la acondicionó para que pudiera soportar una carga mayor, reforzándole los elásticos, por lo que no podía ignorar para qué iba a ser usada. Todo esto es ‘sanata’.

A nadie pareciera interesarle saber la verdad

A pesar de que en el proceso oral quedó demostrada la absoluta falsedad del acta del supuesto hallazgo de un trozo de block de motor entre los escombros de la AMIA una semana después del ataque y cuando ya se había hecho de noche, Pablo Jacoby —abogado de Memoria Activa— dio por acreditado que ese motor (que horas antes estaba en el Departamento Central de Policía, según declaró un alto jefe de bomberos) apareció ahí porque así lo dijo un alto oficial del equipo de rescate israelí (!)

¿Si el atentado se hubiera cometido en una iglesia católica, se le hubiera pedido una certificación o acta de fe a un obispo? ¿Al Papa de Roma? ¿Lo que dice Israel es palabra santa?

Jacoby completa el absurdo de dar por supuesto de antemano la existencia de una camioneta-bomba al suponer seguidamente que el helicóptero que iluminó el edificio de la AMIA la noche anterior del ataque era de la SIDE y buscaba la Trafic y no, por ejemplo, que bien podría estar iluminando a quienes colocaban en el interior del mismo un artefacto explosivo. Es absurdo: ¿dónde podría buscar el helicóptero la Trafic? ¿Adentro del edificio? ¿En la puerta? ¿No hubiera sido más rápido comunicarse con los policías de custodia?

Insisto: ¿Cómo puede ser que el helicóptero no haya sido identificado por la PFA? ¿No es esto un signo evidente de complicidad, al igual que el levantamiento de los custodios?”

Estas dudas, realmente muy pertinentes, no han sido respondidas aún por nadie. Y eso sí que es raro.

Finalmente

No hay dudas de que existe una bajada de línea por parte de la CIA norteamericana y del Mossad israelí para que la verdad no florezca. La justicia argentina, pues, ha sido obediente y siguió los “consejos” ofrecidos. Así hemos llegado al desastroso estado de cosas en el que estamos hoy.

Pero la complicidad también alcanza, aparte de los medios de comunicación más importantes, a las propias dirigencias de la AMIA, DAIA, Memoria Activa, Familiares de las Víctimas y APEMIA. Sin olvidarnos, obviamente, de los principales actores políticos de nuestro país.

Es ahí cuando, junto a los pocos colegas con los que compartimos la vocación de la verdad, nos preguntamos si no seremos los únicos interesados en hacer justicia en el esclarecimiento del este tremendo atentado.