La mujer que perdió todo, menos la esperanza - Mendoza Post
Sábado 11 Feb 2017
porChristian Sanz
Secretario Gral. de Redacción (click en autor)

La historia de Cristina es una postal de la superación personal y la capacidad de lograr lo que sea.

Quien no lo crea, solo tómese un momento para leer esta nota.

Nacida el 9 de agosto de 1967 en Jachal, San Juan, fue arrebatada de los brazos de su madre a los 4 años por parte de sus abuelos paternos.

Estos decidieron llevarla a vivir a Villanueva, donde creció y, a los 17, terminó siendo abusada sexualmente por uno de sus tíos, que la dejó embarazada.

Cristina, justo en el medio de sus hermanos

No fue todo: cuando nació su pequeño, una de sus tías se lo llevó para siempre.

A raíz de ello, la lucha de Cristina se centró en dos objetivos: volver a encontrarse con su madre y recuperar de alguna manera a su hijo.

Lo primero no lo logró, ya que su progenitora falleció en 2001; lo segundo, es su pelea actual.

En el medio, logró algo no menor: se encontró con sus hermanos, algunos de los cuales ni siquiera sabía que existían.

La trama está sintetizada, mucho, pero no deja de sorprender y conmover. Es, como se dijo, una historia de superación y de cómo la fe puede mover montañas.

Cristina saca una selfie familiar, justo detrás de ella aparece su marido Darío quien la ayudó en su búsqueda

En primera persona

-Contame quién sos...

-Soy Cristina Yolanda Montaño Muñoz, nací el 9 de agosto de 1967 en Jachal, San Juan. Soy hija extra matrimonial de Norma Mirtha Muñoz y Oscar Godoycido Montaño.

-A los 4 años te arrebataron de los brazos de tu madre, ¿qué recordás de esos días.

-Mis muy vagos recuerdos, porque solo tenía 4 años y medio, me llevan a recordar que vivía en una casa humilde, pero con mucho afecto y amor de parte de mi madre. Digo esto porque aún viven en mi, hasta que llegó aquel día que fui separada de ella por mi padre biológico y mis abuelos paternos. Ese día llegaron en un vehículo (una Estanciera), lo recuerdo porque lo tuvieron por mucho años. Para calmar mi angustia y mis llantos me llenaron de golosinas y engaños de que solo era un paseo.

Una cena cargada de comida, y amor

-¿Y luego de eso?

-Recuerdo que estuvimos viviendo por un tiempo en la casa de mis abuelos, yo me paraba en la puerta esperando que mi madre me viniera a buscar, hasta que toda la familia Montaño se mudó a Villanueva, Guaymallén.

Así pasaron días y más días, semanas, meses y años hasta que lograron en parte borrar la imagen de mi madre, pero nunca pudieron sacarla completamente de mi mente, solo lograron ocultarme su nombre y apellido. Hasta que llegó el día en que mi padre biológico decide casarse y mi tía, Manuela Francisca Montaño, me exige que a mi padre no lo llame más "papá", que él es mi "hermano" y a los que sí les tengo que decir "papá" y "mamá" son en verdad mis abuelos, y mis tíos les diga "hermanos" también.

Desde ese entonces todo cambió, aún en tratos muy desiguales hacia mí y muy despectivamente, incluso palizas que debía soportar de parte de Francisca, mi tía.

-¿Cómo fue tu adolescencia?

-Mi niñez y mi adolescencia no fue muy feliz. No tuve fiesta de 15 y no por falta de dinero, sino por ser "la adoptada".

La familia unida

Mi vida se tornó aún mucho más tormentosa; a los 17 años fui abusada por un hermano de mi papá, o sea mi tío. Fruto de esa violación quedé embarazada. Cuando "la familia" se enteró recibí el rechazo de ellos y las más horribles humillaciones y palizas de parte de Francisca. Es que nunca me creyeron, me trataron de loca, de mentirosa. Francisca me llevó a una señora para que me hiciera un aborto. La señora no quiso llevarlo adelante, porque me vio muy mal y se dio cuenta de que yo no quería hacerlo.

-¿Cómo fue ese embarazo?

-Padecí el encierro durante todo el embarazo y malos tratos, solo tenía permitido salir de la habitación al baño, comer y después limpiar la casa, lavar, planchar y hacer todo lo de la casa.

Me sacaban recostada en un auto de Francisca para hacerme los controles de embarazo, hasta que llegó el día del nacimiento de mi hijo, el 5 de diciembre de 1986.

-¿El parto fue natural? ¿Dónde fue?

-Sí, el parto fue natural, en el Hospital Italiano, y recuerdo que fue a las 05:49 de la mañana, que el bebé pesó 3,25 Kg y que ese día, junto con mi hijo, nacieron 3 varones.

-Todo normal...

-No todo. Recuerdo que me quería mover y no podía, como que algo me suministraron para que no me pudiera mover. Me desperté a las 10 de la mañana. Solo pude tener a mi hijo unos minutos en mis brazos, cuando me lo llevó una enfermera y me dijo "tu hijo está llorando y quiere que su mamá lo alimente". Luego ingresó Francisca y me lo arrebató, retó a la enfermera y le dijo "¡ella no lo tenía que ver!". La enfermera le contestó: "El bebé tiene que estar con su madre", y Francisca la echó.

Puras sonrisas familiares

-¿Cómo actuó la familia en ese momento?

-Mi "madre" (abuela) entró a la habitación y me dijo: "Vestite que nos vamos". Me levanté como pude y, caminando salimos del Hospital. Francisca me miró y me dijo: "Esto te pasa por mentirosa". y mi "madre" (abuela): "Sos una vergüenza, una mancha para el apellido".

Llegué a la casa y me mandaron a la cama. A las horas entró al dormitorio la esposa de José Luis Montaño, que estaba embarazada, y con una sonrisa irónica me dijo: "Date vuelta, que encima te tengo que poner inyecciones para que se te corte la leche" Yo solo lloraba todo el tiempo.

-Te saco de ese momento,  ¿cómo fue encontrarte con tus hermanos?

-Fue uno de los momentos más felices de mi vida, y saber que ellos también me estaban buscando. Uno de ellos apenas me vio me dijo "¡Vos sos Lilicha!". Es el apodo que me había puesto mi mamá cuando era chica. Ahora, no nos despegamos más, hablamos todo el tiempo, nos mandamos mensajes. 

Su lucha en la actualidad

Cristina habla con elocuencia, sin temor, pero sus ojos no dejan de llenarse de lágrimas, sobre todo cuando habla de su hijo, a quien busca desesperadamente.

“Antes de fallecer la hermana mayor del Lucho, que viene a ser tia mía, le cuenta a otra persona: ‘Tu hijo lo tiene un abogado y una maestra que la tienen en Maipú’.”, dijo la mujer a este diario.

Luego de haberse juntado con sus hermanos (ver emotivo video al pie), su lucha ahora está enfocada a encontrarse con su vástago, a como sea. Por eso recaló en el Post, intentando llegar con su grito a los oidos de quien pueda juntarla con él. "Es lo último que me queda por hacer", dijo a este diario.

Cristina no pierde las esperanzas. Es lo único que le queda. Acaso su última tabla de salvación.

Ya lo dijo alguna vez Tales De Mileto: “La esperanza es el único bien común a todos los hombres; los que lo han perdido todo, la poseen aún”.