No las unen sus logros, sino sus fracasos - Mendoza Post
Miércoles 4 Ene 2017Miércoles, 04/01/17 atrás
porPablo Dócimo (*)

Hace poco menos de un mes Cristina Fernández de Kirchner realizó un viaje relámpago a São Paulo donde compartió reuniones con sus ex colegas brasileños Luiz Inácio Lula Da Silva y Dilma Rousseff. Y esta última devolvió gentilezas con una visita a Buenos Aires para participar de la conferencia "Democracia, Derechos y Justicia Social" para luego, además, recibir una distinción.

Jorge Luis Borges termina uno de sus poemas con el siguiente verso: "No nos une el amor sino el espanto; será por eso que la quiero tanto.", y parafraseando al genial Borges, podríamos decir que a Cristina y a Dilma no las unen sus sus logros, sino sus fracasos; será por eso que se quieren tanto.

Más allá de lo inútil e hipócrita de estas visitas, lo único que podría sacarse en limpio, por decirlo de alguna manera, son algunas frases vertidas durante su visita -la de Dilma, específicamente- que en realidad no resisten el menor análisis debido a la incoherencia que desborda de ellas.

Tomemos por ejemplo esta cita de la ex presidenta brasileña que sobra como muestra: "Mauricio Macri es el neoliberalismo radicalizado".

En primer lugar deberíamos definir qué significa, para estos dirigentes populistas, ya que esta palabra es muy recurrente en ellos, concretamente el término "neoliberal"... Porque técnicamente, la diferencia entre neoliberalismo y liberalismo sería que el primero defiende a las corporaciones tratándolas como personas físicas al ponerlas en igualdad de condiciones frente a una persona de carne y hueso dándoles una ventaja tremenda.

O sea, algo así como lo que han hecho todos, absolutamente todos, los gobiernos populistas con sus amigos y, por supuesto, con ellos mismo, convirtiéndose en empresarios millonarios de la noche a la mañana.

Tanto en Brasil como en Argentina las pruebas son más que evidentes. Pero no solo eso. No solo estos personajes a los que debemos sumar, obviamente a Hugo Chávez y su caricaturesco sucesor, Nicolás Maduro, se caracterizaron por robar como nunca se robó en el continente americano y por haber derrochado una corrupción nunca vista. También sobresalieron por haber hecho gobiernos coronados por un fracaso tras otro, tanto en lo político, como en lo social y lo económico.

Por supuesto no debemos olvidar el deterioro socio/cultural que han generado en la población, enfrentando a compatriotas entre amigos y enemigos.

Así como durante la Segunda Guerra Mundial Alemania, Italia y Japón conformaron el "eje del mal", hoy podríamos denominar, sin temor a equvicarnos, a Brasil, Venezuela y Argentina —o mejor dicho a Lula, Chávez y Kirchner— como el eje de la decadencia, la corrupción y el atraso en Latinoamérica en esta última década.

No por casualidad, en estos tres países, entre otras cosas, aumentaron exponencialmente sus índices de pobreza, y tal es así que además dejaron de medirla o falsearon esos datos.

Como con la pobreza, generaron índices inflacionarios exorbitantes, acompañados por supuesto del gasto público enorme con el consecuente déficit fiscal, y en Argentina y Venezuela, especialmente, mintieron sistemáticamente con el índice inflacionario.

En el caso particular de los Kirchner expropiaron YPF y REPSOL pero las pagaron una fortuna, y hasta el último centavo.

Lo mismo hicieron con el Club de París, pero además contrajeron una deuda (con Venezuela, casualmente) a intereses 3 veces más alto para pagarle al FMI.

Aumentaron, como dijimos, exponencialmente el déficit fiscal, y dejaron el Banco Central en 0 (cero). Y más, muchísimo más, pero el "neoliberal radicalizado" es Macri.

Claro, esto visto con la visión de Dilma Rousseff, sucesora y protagonista, luego, del gobierno más corrupto de la historia brasileña, igual que los de sus socios Kirchner y Chávez.

Nada es casual. Todo es causal, y es causa de haber caído en las garras de gobiernos populistas, corruptos e inoperantes que, en definitiva, son los peores enemigos de quienes dicen defender, los pobres y humildes, a quienes además, los usan de manera indignante y descarada para sus propios beneficios.

(*) Especial para Mendoza Post