¿Por qué calla Arroyo Salgado sobre la muerte de Nisman? - Mendoza Post
Viernes 30 Ene 2015
porChristian Sanz
Secretario Gral. de Redacción (click en autor)

Sandra Arroyo Salgado está segura de que a su ex marido lo asesinaron, que jamás hubiera tomado la trágica decisión de quitarse la vida. Sospecha, al igual que gran parte de la sociedad, que Alberto Nisman fue víctima de oscuras fuerzas relacionadas con el poder.

"Yo sé que este final no fue una decisión tuya", dijo lacónicamente la jueza federal en el marco de su multitudinario entierro este jueves. Se trató de una de las pocas frases que soltó en las últimas semanas en torno a al fallecimiento del fiscal especial de la causa AMIA.

Muchos se preguntan a esta altura, ¿por qué los reclamos de Arroyo Salgado no son aún más enérgicos? ¿Por qué no grita a los cuatro vientos sus sospechas? ¿Por qué se mueve con tanta cautela e incluso temor?

La respuesta tiene que ver con su propia persona y su trabajo como jueza federal en el Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional Nº 1 de San Isidro.

Al igual que lo sucedido con Nisman, Arroyo Salgado logró llegar a magistrada merced al impulso que le dio la Secretaría de Inteligencia (ex SIDE), bajo el paraguas del entonces todopoderoso ex director de Operaciones Antonio Stiusso y su enemigo, el director de Reunión Interior, Fernando Pocino.

En su juzgado, no casualmente, se concentran decenas de causas contra piqueteros, docentes, trabajadores de la carne, de la leche y ferroviarios —entre otros—, procesados sólo por protestar históricamente contra la política K.

Luego de lo sucedido con su ex marido, Arroyo Salgado se siente en medio de una encrucijada: ¿A quién responder ahora, al gobierno al que le fue funcional durante tantos años o a Stiusso y sus “boys”, que la coronaron como jueza?

Haciendo historia

Sandra Elizabeth Arroyo Salgado, CUIT 23-20729803-4, nacida el 1º de julio de 1969, fue designada jueza gracias al oportuno lobby hecho por el kirchnerismo sobre la Comisión de Acuerdos del Senado, que la calificó con el mayor puntaje de su terna a pesar de que los candidatos con los que compitió —Juan Pablo Salas, Raúl Maria Cavallini y Jorge Ariel Apolo— tenían un conocimiento mucho mayor sobre derecho. En esos días, el sitio La política on line aseguró: "La elección (de Arroyo Salgado) sorprendió en el Poder Judicial, teniendo en cuenta la experiencia judicial de los candidatos que compitieron por el cargo. Tiene un postgrado en Derecho en la Universidad Austral (Opus Dei) y unos pocos artículos publicados".

No bien fue refrendada su designación por Néstor Kirchner —a través del decreto 713/2006—, la novísima jueza comenzó a trabajar en algunas de las causas que quitaban el sueño al oficialismo, una de ellas relacionada a una supuesta intrusión o hackeo a la cuenta de correo electrónico del presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti. En breve se comentará sobre este tópico.

Arroyo Salgado es una persona obsesionada con el bajo perfil —no da entrevistas y no le gusta que se hable de ella— y es vista por sus colegas como una persona adicta a su trabajo, siempre relacionado a la temática judicial. La mayor parte de su carrera la hizo como defensora pública, comenzando a los 18 años como "meritoria" en un juzgado federal porteño. Más adelante, llegó a ser relatora del camarista Gerardo Larramberre.

Uno de los antecedentes que querría borrar de su pasado está relacionado a su desempeño como asesora del ex embajador argentino en México, Jorge Yoma, cuando este era senador nacional y presidía la Comisión de Asuntos Constitucionales. Yoma, es dable recordarlo, ha sido una de las espadas del saqueo menemista dentro del Senado en los años 90.

Oportunamente, diario La Nación describió a Arroyo Salgado como "fanática" de la tarea judicial: "El trabajo es una de las principales prioridades de su vida. Tanto, que hace que el grueso de las decisiones pase por ella misma. Le cuesta mucho delegar y ella misma intenta llevar adelante audiencias y entrevistas (...) Cuando tiene tiempo libre, suele dedicarse especialmente al deporte. Es del estilo de mujeres que ponen un toque de atención especial a su figura. Juega al tenis todos los fines de semana, va al gimnasio cada vez que puede y suele salir a correr. Una preocupación por la actividad física a la que sólo es capaz de renunciar por una buena película en el cine".

Embestida K

Desde el año 2006, en el juzgado de San Isidro comandado por Arroyo Salgado, se lleva adelante una investigación judicial por el supuesto hackeo a las cuentas de correo electrónico del presidente de la Corte Suprema de la Nación, Ricardo Lorenzetti. En el marco del expediente —del cual culminaron procesados varios colegas hace unos meses— se allanaron los domicilios de periodistas, operadores y ex agentes de la SIDE, supuestamente involucrados en la intrusión —y posterior comercialización— de diversas cuentas de correo electrónico de funcionarios del Estado y personajes de la farándula.

La historia que se esconde detrás del avance de esta causa judicial es sumamente interesante, ya que, si bien es real que existe una especie de "organización" dedicada a vender secretos privados, no todo es como se ha hecho trascender públicamente. Por caso, hay una docena de documentos que prueban que el pedido de hackeo de cuentas de funcionarios partió desde el despacho de al menos tres poderosos ministros del Poder Ejecutivo, sin mediar orden judicial alguna, como exige la ley. "La verdad es que muchos de los que ahora putean porque les hackearon el mail se lo merecen, porque ellos primero pidieron hackear a otras personas y terminaron burlados. Lorenzetti es uno de ellos", aseguró a este periódico una muy confiable fuente tribunalicia de San Isidro.

Un ex funcionario de la SIDE acusado de haberse entrometido en emails privados, puede dar cuenta de ello, ya que algunos de los pedidos para hackear cuentas ajenas, le fueron dados por escrito por funcionarios que hoy siguen ostentando un gran poder en el entorno kirchnerista. Dicho sea de paso, ¿qué hará la jueza en caso de tener que enfrentarse con esa documentación? ¿Se animará a embestir contra poderosos ministros del kirchnerismo?

Más allá de la acusación formal de Arroyo Salgado, pocos saben que el "expediente Lorenzetti" se está utilizando para dirimir internas entre funcionarios públicos y aleccionar a medios críticos. Veamos.

Por un lado, existe un fuerte enfrentamiento entre altos funcionarios de la ex Secretaría de Inteligencia —uno de ellos es Fernando Pocino, quien suele hacer espionaje a pedido de Cristina Kirchner— y el hoy secretario General de la Presidencia, Aníbal Fernández. Un sector acusa a otro de "operar" y viceversa.

Como se dijo anteriormente, Arroyo Salgado fue bendecida por funcionarios de la SI para que pudiera recalar en San Isidro. A su vez, la jueza responde a los intereses del Poder Ejecutivo, sitial al que pertenece, por transición, Fernández. Un verdadero dilema para la magistrada, que deberá resolver en el corto plazo, antes de que esta causa judicial le explote en el rostro.

Por otro lado, como se mencionó más arriba, se ha forzado la participación de diversos actores "enemigos" del kirchnerismo en el entramado de la causa. "Se aprovechó para involucrar a personas a las que el gobierno les tenía mucha bronca", afirmó la fuente antes mencionada.

Es sabido que los que han impulsado esta causa judicial son agentes de la ex SIDE, algunos de ellos encolumnados a Fernando Pocino, quien paradójicamente mantiene a sueldo a varios periodistas alineados al gobierno. Uno de sus hombres de confianza, Gustavo Queirolo, es quien solía dar precisas instrucciones a Arroyo Salgado para que avance en uno u otro sentido.

Asimismo, Queirolo es quien, junto a otros dos espías, da información a los medios adictos al kirchnerismo —especialmente a diario Página/12— para que la publiquen sin chistar.

Concluyendo

La cautela de Arroyo Salgado a la hora de hablar de la sospechosa muerte de su ex marido tiene que ver con todo lo aquí relatado.

Por un lado, no sabe qué hacer con sus viejas lealtades, tanto a la ahora disuelta Secretaría de Inteligencia como al gobierno, al que le fue funcional judicialmente.

Por el otro, teme ser víctima de los carpetazos de la ex SIDE si llegara a “sacar los pies del plato”. ¿Pudieron los mismos que la impulsaron como jueza ser los que están detrás del asesinato del padre de sus hijas? Esa es la gran duda que la carcome en estas horas.

Es todo un dilema, que da explicación a su inesperado mutismo y a sus erráticas medidas como querellante en la causa judicial que investiga el fallecimiento de su ex marido. Una de ellas fue el desistimiento a realizar una nueva autopsia al cuerpo de Nisman, a pesar de que se mostró disconforme respecto de la labor hecha por los especialistas oficiales.

A medida que vayan cesando los ecos generados de la conmoción por la muerte del fiscal especial de la casusa AMIA, empezarán a revelarse estas y otras cuestiones.

Tal vez sea oportunidad de volver a debatir, de una vez y por todas, por qué se desvió la investigación del atentado que el 18 de julio de 1994 costó la vida a 85 personas.