Día del amigo: la emocionante anécdota de Maradona y Cóppola

Ocurrió en diciembre de 1996 y recorre los grupos de Whatsapp en este día especial.

Día del amigo: la emocionante anécdota de Maradona y Cóppola

Por: Mendoza Post

En este Día casi Internacional del Amigo, los argentinos estamos recibiendo en los distintos grupos de Whatsapp una emocionante anécdota que muestra la "amistad ejemplar" que una persona puede tener con otra. 

La misma la protagonizaron Diego Maradona y Guillermo Cóppola en diciembre de 1996. Aquel fin de año, el manager y amigo del futbolista pasaba sus días en el Penal de Caseros y el ex jugador de Boca y la Selección tuvo un gesto increíble. El relato dice así:

31 DE DICIEMBRE DE 1996. Penal de Caseros, Pabellón 3, del lado del pozo. Relato de Guillermo Cóppola. 

Son casi las diez y media de la noche y me vienen a buscar para decirme que el director de la cárcel quiere que baje a su oficina. Había venido Diego: -"Guille, hoy quiero estar con vos, vamos a pasar fin de año juntos. Me quedo". -"Diego, esto es la cárcel, no es mi casa, no podés quedarte acá". -"No me interesa. Llamálo al director y decíle que quiero hablar a solas con él". Lo miré‚ y se me cerró el corazón, me dio mucha ternura, tenía una angustia tan grande que casi no podía hablar. 

Guillermo Cóppola y Diego Maradona.

Salgo de la oficina y espero afuera. A los cinco minutos sale el director: -"Cóppola, usted tiene un amigo de fierro. Maradona quiso pegarme. Quiso pegarme..." -"¡¿Cómo?! ¨¿Diego quiso pegarle?" -"Si, pensó que si me pegaba iba a quedar detenido con usted en el calabozo, por eso le digo que su amistad no tiene precio. Le expliqué que si él me agredía yo tenía que hacer una denuncia y trasladarlo a otro lado, que igualmente no iba a pasar la noche en un pabellón con usted". Vuelvo a la oficina para reencontrarme con Diego y nos abrazamos durante varios minutos. Lloramos. No sé durante cuánto tiempo porque no podíamos parar, fue como un ataque, pero nunca había llorado con tanto sentimiento en toda mi vida. -"No te quiero dejar solo, Guille, no te puedo abandonar acá, mirá lo que nos hicieron estos hijos de puta..." Así nos despedimos, destrozados, con el corazón en la mano, temblando como dos chicos. Antes de irse, Diego me da dos mil dólares. -"Para algo te van a servir", me dice. Se va. 

Para volver al pabellón yo tenía que pasar por tres controles y no sabia cómo hacer con la guita. Aprieto una luca en cada mano, cierro lo puños, y paso. Llego al pabellón a eso de las once. Al rato escucho que me gritan: -¡Cóppola, vení! Cóppola! ¡Dale, vení! -"¿Qué pasa?", respondí. "Allá está Maradona", me dicen. Los que me llamaban eran los presos que estaban en los calabozos que daban a la calle. -"¿Qué? ¿Dónde está Maradona?". -"Ahí. ¿No es ese de ahí?". Salgo corriendo, me subo a una pileta para mirar por la ventana y lo veo a Diego sentado en el cordón de la vereda, con la cabeza entre las piernas, solo, con la camioneta al lado. Parecía un nene de 5 años. Se me paró el corazón. En ese momento pensé que me quebraba de verdad, me puse a llorar de nuevo. Era cierto que quería pasar fin de año conmigo. Habrá pensado: "Soy Maradona, voy para allá y me quedo a pasar el 31 con Guillermo". Trajo guita, quiso pegarle al director...Así es Diego, así es nuestra amistad. Entonces le chiflo. Diego siempre reconoció mi chiflido, lo escuchaba en la cancha con 50 mil personas gritando. Pero esta vez no me oye. 

Entonces agarro un palo que tenia siempre conmigo y empiezo a golpear las rejas para llamar a la guardia. "Imaginaria! Imaginaria!" Se acerca uno de los policías: -"¿Qué mierda pasa? Son las once y media de la noche, es fin de año". -"Necesito hacer un llamado", le digo mientras le muestro uno de los billetes que me había dejado Diego. Arreglo la salida, me dejan ir hasta el teléfono y llamo a Claudia. -¡Guille! ¡Feliz año! ¿Cómo andas? ¿Y Diego? Me dijo que iba a pasar la noche con vos." Yo no lo podía creer. _"¡Claudia, ¿cómo va a pasar la noche conmigo?¡Estoy preso! ¡Esto es la cárcel...! Diego está en la calle, sentado en el cordón, le puede pasar cualquier cosa. Vengan a buscarlo, por favor. Está ahí tirado". A los quince minutos estaban ahí, lo levantaron del piso y lo subieron a la camioneta. Diego miraba para arriba buscándome, y yo no podía parar de llorar del dolor que sentía. Vuelvo al pabellón y les digo a los muchachos: -"Denme algo para tomar. Hoy me quiero romper la cabeza".

Feliz día, amigos del Post.