A finales del siglo XIX el psicólogo californiano George M. Stratton estaba intrigado por la manera en que nuestros sentidos captan el mundo.
Según Fogonazos, unos años antes, el físico y médico alemán Hermann von Helmholtz había hecho una serie de pruebas con voluntarios a los que colocaba unas gafas que distorsionaban sus campos de visión y había comprobado algo novedoso.
Al cabo de algunas horas su cerebro se adaptaba a las lentes y los sujetos eran capaces de recalcular distancias sin dificultad.
Pero Stratton quería ir un poco más allá y se preguntó qué pasaría si una persona llevara unas gafas para ver el mundo al revés durante suficiente tiempo.



