El atentado que mezcla narcotráfico, mafia y la muerte de Menem Junior - Mendoza Post
Viernes 17 Jul 2020Viernes, 17/07/20 atrás
porChristian Sanz
Secretario Gral. de Redacción

He escrito un millón de notas sobre el atentado a la AMIA, del cual mañana sábado se cumplen 26 años. Siempre repito lo mismo, como una suerte de reiteración que busca canalizar la propia impotencia.

Porque uno jamás será capaz de entender cómo un expediente que contiene tanta información y evidencia concluyente termina siempre manipulado, malinterpretado y utilizado políticamente. Por todos los gobiernos, desde el menemismo a la fecha.

A ninguno le interesa la verdad, porque, si así fuera, solo se ocuparían de ir revelando lo que ya se ha demostrado judicialmente, que no es poco.

Allí aparece hasta la "factura" de la bomba que explotó en la sede de la AMIA y todo el trayecto que tuvo el explosivo en cuestión.

Arranca meses antes del 18 de julio de 1994, cuando un ciudadano sirio llamado Nassif Hadad decidió comprar 300 kilos de nitrato de amonio.

Es el que terminó detonando en el volquete que una de sus empresas, Santa Rita, dejó en la puerta de la mutual judía. Y aunque Hadad siempre negó la compra, un día apareció la factura de marras, que lo expuso por completo.

Lo curioso es que, antes de estallar dentro del volquete, la bomba estuvo en un terreno baldío ubicado en el barrio porteño de Constitución, perteneciente a otro ciudadano sirio llamado Alberto Kanoore Edul.

Antes de ello, el día antes del estallido, el edificio de AMIA fue limpiado por la empresa La Royal, de Alfredo Yabrán, también de raigambre siria.

Y hay más: un primo del entonces presidente sirio Haffez Al Assad fue detenido junto a otras dos personas poco después del atentado en un departamento de Cochabamba 2617, de la CABA, luego de un llamado anónimo. Todos fueron liberados luego de una oportuna reunión entre Menem y el entonces juez Juan José Galeano. Un detalle no menor: todos eran sirios.

Dicho sea de paso, se trató del mismo edificio que utilizaba Menem para reunirse con Yabrán, en sus años de gobernador de La Rioja.

El atentado a la AMIA tuvo un antecedente brutal, que fue el ataque a la embajada de Israel, el 17 de marzo de 1992. Entonces también apareció la sombra de otro sirio: el narcoterrorista Monzer Al Kassar.

Ello quedó documentado en un dossier que terminó cajoneando el entonces ministro del Interior, José Luis Manzano. Así consta en el expediente judicial.

Entonces... habiendo tantos sirios implicados, con la sospecha de que ese país estuvo detrás de lo ocurrido, ¿por qué se investiga a iraníes?

Uno, que ha leído casi todo el expediente judicial y ha escrito un libro al respecto -AMIA, la gran mentira oficial (El Cid Editor, 2007)-, sabe que no hay ningún elemento que vincule a Irán en el atentado. Ello explica que los 5 libros escritos sobre el tema por parte de periodistas independientes lleguen a la misma conclusión. Uno de ellos, "Cortinas de humo", fue escrito por Jorge Lanata.

El por qué detrás de los atentados también uno lo ha contado en gran cantidad de notas, luego de reconstruir la trama con todos y cada uno de los protagonistas de la historia: arranca con Carlos Menem, que había ganado la interna contra Antonio Cafiero en 1988 y necesitaba fondos frescos.

Quien se los proveyó fue el presidente de Siria, el ya mencionado Haffez Al Assad, a cambio de lavar dinero del narcotráfico -gran parte de los ingresos de ese país provienen de ese negocio- y que Menem le facilitara un reactor nuclear.

El no cumplimiento de esas promesas provocó la furia del mandatario sirio, quien decidió vengarse a través de lo que se conoce como "los tres golpes árabes".

Fueron: la embajada de Israel, la AMIA y la muerte de Carlitos Menem. Ocurrieron un lunes, un martes y un miércoles. Y en los tres casos Menem exigió que no se investigara a ningún ciudadano sirio.

Y en el caso puntual de su hijo, el expresidente riojano comenzó hablando de "accidente" y luego, años después, admitió que se había tratado de un "atentado".

Como sea, lo antedicho explica las palabras pronunciadas por Menem apenas acaecido el atentado a la embajada israelí, en 1992: "Esto me lo hicieron a mí", dijo cuando se dirigió a los familiares de las víctimas. Y agregó: "Les pido perdón".

Más claro, echarle agua.