El dueño del secreto del mejor café del mundo - Mendoza Post
Lunes 2 Sep 2019Lunes, 02/09/19 atrás
porChristian Sanz
Secretario Gral. de Redacción

Iván Nolazco engaña. A primera vista, al menos, engaña. Acaso por su humildad, solo superada por su inmensa amabilidad. Para definirlo, basta mencionar que se trata del dueño -uno de ellos- de café Mokka, que abrió sus puertas este mismo año en la peatonal mendocina.

Pero no es suficiente... Iván es mucho más que eso: es escritor -todo un poeta-, y catador de vino y café. Uno de los mejores, ciertamente. Porque lo que hace lo hace con pasión.

"El vino te lleva a la verdad, en el reflejo tinto de una copa; el café a la nostalgia, al recuerdo y al amor; en el espejo oscuro de una taza", dice Iván. Es su frase de cabecera, siempre pronunciada con una sonrisa en su rostro.

Luego, explicará algo desconocido para mí: "El vino está presente desde la antigüedad... de hecho, en un fragmento de la Odisea, mientras vaga por el mediterráneo sin poder llegar a Ítaca, Homero escribe: ?Siempre que bebían el rojo agradable vino, llenaba una copa y vertía veinte medidas de agua'."

Es apenas el comienzo de una hermosa aventura, a la que me ha invitado Iván, con inusual gentileza. Solo para contarme historias sobre el café y el vino. Una tras otra, captando mi completa atención durante un largo rato.

Luego, revelará algo que ni su familia conoce: algo que le ocurrió hace 20 años en la selva peruana, luego de habérsele ocurrido la maravillosa idea de ofrecer a los cocaleros, aquellos que plantan hojas de coca, que reemplacen esos cultivos por los de café.

Lamentablemente para él, habrá sido observado por guerrilleros que dominan la zona, quienes deciden secuestrarlo para asesinarlo. Luego de observarlo sacar fotos por la zona, sospechan que se trata de un espía, y han decidido actuar en consecuencia.

Quien lo salvará, será el alcalde del pueblo, quien les dirá a los que están por ametrallarlo que no es quien ellos creen, que es solo alguien que busca ayudar a una comunidad a desarrollar una actividad con más futuro que la del cultivo de coca.

Si la anécdota parece inquietante, más aún lo es aquello que vino después: al día siguiente, los mismos guerrilleros buscarán a Iván para llevarlo ante su líder, quien desea conocerlo. Lo que sigue es digno de ser oído de la boca del propio afectado quien, por suerte, vivió para contarlo.

No será este cronista el que revele ese misterio, porque jamás podría hacerlo de maravillosa manera en que lo hace Iván. Ya se dijo: es un poeta.

Quien abrigue alguna duda solo debe leer uno de sus mejores cuentos, "Luces en Ayari", donde refiere a la historia de Lucía, un ser tan divino como misterioso, que ostenta la costumbre de entregar piedras con mensajes crípticos. Ello, hasta que un día, sin más explicaciones, desaparece sin dejar huellas.

Solo una persona sensible y creativa como Iván puede refrendar un relato semejante, que cala hasta los huesos y estremece al corazón.

Por eso, cuando habla sobre sus tópicos preferidos, vino y café, lo hace con una pasión y originalidad pocas veces vista.

Este cronista invita a quienes leen estas líneas a visitar Mokka y hablar con Iván. Será un momento de realismo mágico, como en las mejores historias del gran Gabriel García Márquez.