Son cajeras, investigadoras, comerciantes y están jugando un mundial

La falta de reconocimiento profesional suele ser constante para las mujeres en todas las carreras. Las futbolistas no son la excepción.

Son cajeras, investigadoras, comerciantes y están jugando un mundial

Por:Constanza Terranova
Periodista

El reconocimiento y la subestimación al talento de mujeres profesionales es algo muy común. Aún cuando ese talento resulta suficiente para llegar a un mundial por primera vez después de 12 años. Además de talento, las futbolistas argentinas se esfuerzan y luchan contra los molinos de viento que son instituciones como la AFA y los clubes argentinos.

A diferencia de los colegas de la Selección Masculina de fútbol, en su mayoría millonarios- Messi gana 200.000 euros por día -, las mujeres de la Selección no ganan como para dedicarse exclusivamente al fútbol. Es más, muchas de ellas mantienen trabajos, estudio y entrenamiento a pulmón.

Un ejemplo del sacrificio de jugar al fútbol en Argentina y ser mujer es Vanina Correa, la arquera de la Selección. Correa cumple una triple jornada: trabaja como cajera en la Municipalidad de Villa Gobernador Gálvez, entrena y juega en Rosario Central, y se encarga de la crianza de sus hijos Luna y Romeo de cinco años. Hace unos años, por el agotamiento de tener que cumplir estas múltiples funciones, había decidido dejar el fútbol, pero el DT de la Selección, Carlos Borrello, la convenció de retomar la actividad en 2017.

Vanina Correa, arquera de la Selección.

Otro caso que refleja a la perfección lo que hay que pasar para poder llegar, es el de Lorena Benitez. Reconocida como la mejor futbolista de futsal del país y top 10 mundial, Benítez no vive del fútbol o del reconocimiento. Para mantenerse, se levanta todos los días de madrugada para estar a las 2 am en el Mercado Central, donde maneja con su esposa un puesto y un reparto de alimentos. La jornada laboral continua con los entrenamientos de fútbol en Boca y de futsal en Kimberley.

Lorena Benitez

En el mediocampo se encuentra Adriana Sachs. La defensora central de UAI Urquiza ha tenido múltiples trabajos que ha articulado con interminables viajes, escuela y entrenamientos. Desde los 19 años empezó a trabajar con su hermana como ayudante de cocina. También fue empleada en una fábrica de bolsas. La futbolista nunca perdió de vista el objetivo de terminar la secundaria mientras entrenaba. Sin embargo Sachs ha declarado que:

"Me ha pasado de no ir a entrenar porque no tenía plata"

Por su parte, Florencia Elisabeth Salazar (26) que es central en el Club Atlético San Lorenzo de Almagro es el reflejo del desinterés y destrato que los clubes tienen con las futbolistas. Salazar decidió abandonar su primer club, River Plate, tras una lesión y posterior operación en la que el club no le brindó ningún tipo de apoyo (ni físico, ni monetario). Recuperada de una intervención quirúrgica, se cambió de club y ahora representa al Ciclón mientras los martes y jueves lleva una escuela de fútbol mixta.

Gabriela Gartón es otra muestra que el fútbol no les da a las jugadoras lo mismo que a sus colegas varones. Gartón nació en Estados Unidos, de madre argentina, donde de pequeña practicó el deporte sin ningún tipo de prejuicio o complicación. Combinó sus estudios universitarios en Sociología con la pelota en las universidades a las que asistió (Florida del Sur y Rice).

Gabriela Gartón, arquera suplente de la Selección.

Por una amiga se enteró que River estaba buscando una arquera y decidió venir al país, con mucha curiosidad sobre las precarias condiciones del fútbol femenino en Argentina. Sobre eso escribió su tesis. Luego de tres años en el Millonario se trasladó a la UAI Urquiza, en donde pasó dos años. En 2018 se incorporó a Estudiantes de San Luis, y más tarde a Sol de Mayo. La arquera de 29 años, además de ser futbolista, es ni más ni menos que Becaria Doctoral del CONICET en Sociología.

"Nosotras luchamos por las que vienen detrás, ellas son el futuro del fútbol argentino".

Adriana "La chueca" Cometti no es la excepción entre sus compañeras. La Mariscala, como la apoda Botello, ha trabajado toda su vida en la mercería de su familia. La número 6 de la selección, uno de los pilares del equipo, pasó por Independiente, River y Boca y comenzó un viaje al fútbol profesional. Jugó en el Granada, de España; después en el Atlético Huila, de Colombia, en el que se consagró campeona de la Copa Libertadores, y de ahí fue al Sevilla.

Adriana Cometti en el partido contra Japón, Francia 2019.

La Chueca Cometti escribió el cuento "Lo bailado" en Pelota de Papel 3, un libro que reúne historias de mujeres futbolistas. En él se narran algunas de los tantos desprecios que sufre el fútbol femenino, como cuando el Huila ganó la Copa Libertadores y decidió que los 55 mil dólares de premio se destinaban al fútbol masculino. Para ellas, nada. Cometti declara:

"Nuestra pelea constante es por la igualdad".

"Si estamos representando el mismo escudo ¿Por qué tanta diferencia entre unos y otras? Si pudimos conseguirles que puedan disfrutar y no sufrir, que puedan jugar sin prejuicios y ser consideradas de la misma manera que cualquier varón, ése va a ser nuestro mayor logro".

Todas las Futbolistas de la Selección, de todos los clubes, atraviesan las mismas experiencias. Sacrificio y explotación a la orden del día. Por alguna razón se cree que no merecen el mismo pago que sus colegas varones.

Para estas futbolistas que entienden la pasión como nadie porque trabajan "profesionalmente" en un deporte que las desprecia mientras ellas deslumbran, no es válido decir que "el fútbol femenino aburre" o "no vende". Mientras sigamos aceptando que por representar futbolísticamente al país- o a los equipos- la diferencia sea tan abismal quizás seguiremos mereciendo ver perder a la Selección "que si hay que alentar".