El incansable oficio de informar - Mendoza Post
Viernes 7 Jun 2019Viernes, 07/06/19 atrás
porAna Montes de Oca
Periodista

La "gente" no nos considera gente. A veces ni siquiera nosotros nos consideramos gente.

-"¿Había alguien?" - "No... periodistas nomás", solemos decir entre nosotros.

Así de simple. Los periodistas no cabemos en otro rol que no sea el nuestro. Pocos son los amigos que entienden nuestra necesidad de poner un canal de noticias en cuanto televisor encontremos. O de pararnos de golpe y armar un caos peatonal porque una revista del quiosco de diarios nos frenó en seco. O de voltearnos a mirar cada vez que pasa un patrullero o un camión de bomberos.

Y lo peor de todo: preguntar qué pasa cada vez que vemos una fila en la calle.

Para los demás, los periodistas somos bichos raros, enfermos de alguna clase de psicopatía paranoica que nos lleva a querer averiguar todo, capaces de armar un escándalo en busca de una birome y de treparnos a la barra del café para subirle el volumen a la tele o hacer cientos de llamados telefónicos en busca de un técnico especialista en reconocimiento de aves palmípedas y de paso preguntarle si conoce alguno porque "¿no te enteraste?, parece que hay un desequilibrio ecológico por la desaparición de aves palmípedas, ¿nunca leés el diario vos?"

Y sí. Cuesta meternos dentro del sustantivo colectivo Gente.

Pero para ella trabajamos. Porque sabemos que la información es la sierra con la que se cortan las cadenas. Porque la información le permite a la gente realizar el acto más humano de todos: elegir.

Porque la información es el primer paso para la libertad.

Los periodistas nos movemos por curiosidad, pero vamos un paso más allá al transmitir lo que descubrimos porque sabemos que todo conocimiento es invalorable.

Somos conscientes de que a veces nuestra información puede cambiarle la vida a alguien: cuando cae un avión, cuando encuentran un donante para un bebé, cuando una manga de granizo acabó con toda la cosecha.

Y todo nos interesa, todo. Porque, principalmente, tenemos en claro que "la gente" son personas. Que cada persona es una vida y que, tal vez, haya una vida a la que la desaparición de aves palmípedas la afecte para siempre.

Y con eso nos basta.