La mujer que ataca con una jeringa en los colectivos mendocinos

La historia recorre las redes sociales y es compartida por miles de personas, pero ¿es cierta?

La mujer que ataca con una jeringa en los colectivos mendocinos

Por:Christian Sanz
Secretario Gral. de Redacción (click en autor)

La historia es vieja como la escarapela y ya recorrió varios países. Hace años, se la dejaba escuchar en Buenos Aires, con pelos y señales.

Es la “historia de la jeringa”: un hombre o mujer cargando ese adminículo intenta inyectar a diestra y siniestra. Lo hace públicamente y portando su jeringa, pero aún así nadie jamás ha logrado sacarle una foto o ha podido grabar un video al respecto.

Es una leyenda cosmopolita: por caso, hace exactamente diez años ocurrió en El Salvador. Así lo contó un medio de allí:

Alto, delgado, piel blanca, “tipo gringo”, viste una camisa manga larga y porta una biblia en medio de la que esconde un par de jeringas infectadas con Sida que inyecta a mujeres y niños indefensos.

Ésa es la nueva leyenda urbana que recorre San Salvador y algunos departamentos del país.

Una jeringa que puede provocar terror

La descripción del ya conocido hombre de la jeringa sale de los labios de decenas de personas que aseguran que, cerca de sus comunidades o lugares de trabajo, ha pasado el personaje. Sin embargo, niegan haber visto al sujeto o haber presenciado un incidente.

En Buenos Aires, como se dijo, hay docenas de denuncias de idéntico tenor, con personas que juran que las quisieron inyectar en lugares públicos.

El relato siempre hace agua por dos motivos: primero, a pesar de la existencia de aparatos celulares inteligentes, nadie jamás registra al atacante; segundo, nunca hay testigos de lo sucedido, aún cuando la mayoría de las veces el ataque ocurre en lugares híper concurridos.

Cientos de miles de celulares y no hay una sola foto o video

En Mendoza no hay excepciones a la regla: en las últimas horas una mujer que vive en la provincia posteó en su Facebook esta misma historia:

Hola gente, escribo para que estén atentos, hoy subí al colectivo del grupo 8 interno 104 y una señora que iba al lado mío bajó cuando yo lo hice y trató de inyectarme con una jeringa...yo la corrí con la mano... les cuento esto para que tengan cuidado.

Tengo entendido que es un método para secuestrar chicas para la trata de blancas... por favor compartan así viralizamos esto.

La historia —cuya protagonista se mantiene en reserva por cuestiones de seguridad— fue compartida 4.100 veces en Facebook y tiene varias docenas de comentarios. Está claro que todos los que avanzaron en una u otra acción dieron por cierto lo ocurrido, aún cuando carece de sentido lo allí contado.

¿Hay que cuidarse en los colectivos de Mendoza?

¿Por qué la mujer no hizo denuncia alguna? ¿Cómo es que no hay testigos de lo que le ocurrió? Y la pregunta de siempre, la más esencial: ¿Por qué no le sacó una foto a la agresora? ¿Por qué no la filmó?

Por otro lado, no existen antecedentes en la “trata” de que alguien sea reclutado a través de una inyección... ¡en lugares públicos!

Está claro que es solo un nuevo eslabón en la cadena de la ya mencionada leyenda urbana, con el agravante de que ha sido ampliamente compartida por las redes sociales; ello conlleva una alerta innecesaria a la población.

Es lo mismo que sucedió en su momento con el presunto pedófilo que sacaba fotos en las puertas de los colegios mendocinos. En ese caso, que finalmente resultó falso, la situación se vio agravada porque un importante diario local dio por cierta la historia.

Hay que tener cautela a la hora de alertar a la ciudadanía respecto de este tipo de cuestiones. Ya bastante hay para preocuparse como para agregar tópicos inexistentes y que solo provocan paranoia generalizada.

Es imposible saber qué impulsa a cierta gente a exteriorizar este tipo de falaces historias, lo que sí está claro es lo que Jacinto Benavente dijo alguna vez: “Es más fácil ser genial que tener sentido común”.