El cura confesor de Grassi fue acusado de abuso sexual

Eduardo Lorenzo fue denunciado en la justicia canónica y penal por abusar de adolescentes de un grupo parroquial.

El cura confesor de Grassi fue acusado de abuso sexual

Por: Mendoza Post

El capellán del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) y confesor de Julio César Grassi, Eduardo Lorenzo, está denunciado por abuso sexual y corrupción de menores.

Una de sus víctimas lo denunció pero desde la SPB justificaron que siga en su cargo porque "la causa fue archivada y no encontraron nada en su contra", según infomó TN.com.ar.

Sin embargo, León, uno de los denunciantes, volvió a impulsar el caso para que Lorenzo sea destituido. Dejó de vivir con su familia a los 9 años para vivir en la calle. Una familia lo acompañó y protegió durante ese tiempo que se afincó en la zona sur de La Plata en City Bell.

El confesor de Grassi, Eduardo Lorenzo, junto a la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal.

Se las arreglaba cuidando autos o llevando bolsas en un supermercado. Al principio, los empleados desconfiaron de él, pero después se encariñaron. El poco dinero que conseguía lo repartía con otros chicos a los que llama sus "hermanos de la calle". También, de vez en cuando, volvía para dejar algo en su casa.

Eduardo Lorenzo llegó a la Iglesia luego de que falleciera el sacerdote que estaba a cargo. Sus primeros movimientos dentro de la comunidad generaron cambios para León. "Quiso dividirnos, y lo logró. Seleccionó a un grupo de cuatro chicos de entre los misioneros y nos hablaba mal de los otros: empezó a hacer diferencias. Te seducía, decía que era mejor estar con él que cantando en el coro con los otros y tocando la guitarra. Primero me convocó a mí, porque me conocía más. Yo estaba en el hogar y además ayudaba en la misa y en las bodas. Fui una carnada para atraer a los demás", recuerda.

Uno de los recursos para convocar a los adolescentes varones que el cura consideraba atractivos era victimizarse: "Vení, que el padre Edu se siente solo, que no lo visita nadie", escuchaban. "Los chicos venían, pero algunos, que eran más inteligentes, se daban cuenta enseguida de que había algo raro y se iban. Entonces él los crucificaba, los trataba de traidores. A las chicas no las quería en el grupo, las odiaba", asegura León.

Julio César Grassi

Las reuniones se hacían en la casa de Lorenzo, que había conseguido desalojar a otro sacerdote que compartía la vivienda para garantizarse intimidad y secreto. Esto, a pesar de que las instalaciones de la parroquia tenían salones adecuados para actividades comunitarias. "Siempre había alcohol. Nos controlaba, sabía nuestros horarios, teníamos que ir todos los días. Hablaba siempre de sexo, del tamaño de los penes comparado con el modelo de los autos. Nos pedía que los mostrásemos. También trajo una mesa de ping pong y organizaba campeonatos para atraer más chicos", explica León.

"Se excitaba, se ponía agresivo. Te pellizcaba, te pinchaba con un tenedor, te tiraba al piso y se tiraba encima, y nos incitaba a que hiciéramos lo mismo", continúa.

Lo último que León escuchó de boca de su abusador fue una amenaza digna de un mafioso: "Acá tenés tres posibilidades: la buena, la mala o la peor. La buena es un arreglo económico y te quedás tranquilo. La mala, vos sabés que yo tengo gente muy influyente que te puede arruinar la vida. Y la peor, conozco los peores asesinos en la cárcel. Vos elegís".

El camino no es fácil. El representante legal de León, Juan Pablo Gallego, consiguió desarchivar la causa, para empezar el camino que puede terminar con el capellán de las cárceles tras las rejas.


Esta nota habla de: