El analista político Juan Belikow advirtió en Radio Post FM 92.1 que no se trata de un solo enfrentamiento, sino de múltiples disputas superpuestas, con intereses cruzados, costos millonarios y efectos globales que ya impactan en Argentina.
"No hay una sola guerra, son varias en paralelo"
A casi tres semanas del inicio de las tensiones abiertas entre Estados Unidos, Israel e Irán, el escenario internacional sigue lejos de ordenarse. Más bien lo contrario: según explicó el analista político Juan Belikow en el programa A pesar de las llamas por Radio Post FM 92.1, el conflicto no responde a una lógica única, sino a varias guerras que se desarrollan en simultáneo.
"No hay una sola guerra, son varias en paralelo", planteó el especialista, al describir un tablero donde participan actores directos y otros que influyen de manera indirecta.
Objetivos distintos, estrategias cruzadas
De acuerdo al análisis, Israel e Irán tienen metas claras. En el caso iraní, el eje está puesto en la supervivencia del régimen de los ayatolás, más que en una victoria militar. Del lado israelí, la prioridad es neutralizar la amenaza estratégica que representa Teherán, especialmente por su desarrollo nuclear y de misiles.
En el medio aparece Estados Unidos, con un rol menos definido. Belikow señaló que la falta de objetivos concretos complica cualquier planificación: sin un punto de llegada claro, tampoco hay forma de determinar cuándo termina una guerra.
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Esa ambigüedad derivó en un quiebre: lo que empezó como una sola intervención terminó dividiéndose en dos dinámicas distintas, con intereses que no siempre coinciden.
El costo de sostener el conflicto
Uno de los puntos más sensibles es el económico. El esfuerzo militar estadounidense ya habría demandado entre 30.000 y 60.000 millones de dólares.
A eso se suma un problema logístico: la capacidad de producción de armamento no alcanza el ritmo del conflicto. Como ejemplo, mencionó los misiles Tomahawk, cuya fabricación anual ronda las 90 unidades, pero en apenas un día de enfrentamientos se habrían utilizado unos 400.
La ecuación es clara: el desgaste financiero crece mientras la reposición de recursos es limitada.
Energía, petróleo y una reacción en cadena
El conflicto escaló aún más cuando se cruzaron líneas sensibles. El ataque a infraestructura energética generó una respuesta inmediata de Irán y abrió un frente con consecuencias globales.
El impacto más visible se da en el precio del petróleo, que tiende a subir ante cualquier amenaza sobre rutas clave como el estrecho de Ormuz. Esto no solo afecta a las potencias, sino también a economías dependientes de la energía importada.
Además, la suba del crudo tiene un efecto indirecto: fortalece a países exportadores como Rusia, que capitalizan el nuevo escenario.
China, el actor silencioso
Mientras Estados Unidos enfrenta tensiones internas y externas, y Europa lidia con sus propias crisis energéticas, China aparece como un actor que gana terreno sin involucrarse directamente.
Para Belikow, la previsibilidad de Beijing en medio del caos le otorga una ventaja estratégica en el escenario internacional.
Argentina, entre la distancia y el riesgo
Aunque el conflicto se desarrolla lejos, no es ajeno para Argentina. El analista recordó antecedentes como los atentados a la AMIA y la Embajada de Israel, y advirtió que el país podría quedar expuesto por su contexto interno y sus vínculos internacionales.
También puso el foco en el estado de las Fuerzas Armadas, marcadas por décadas de desinversión. Según describió, la capacidad operativa actual es limitada y difícilmente permita una participación relevante en un escenario bélico de escala.
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