A 14 años del naufragio del Costa Concordia: el horror que tuvo eco en Mendoza

El 13 de enero de 2012, un enorme crucero encalló frente a la Isla de Giglio, en Italia. Murieron 32 personas y el capitán abandonó la nave. Entre los más de cuatro mil pasajeros había tres mendocinas que lograron salvarse y cuya historia recordamos este martes.

A 14 años del naufragio del Costa Concordia: el horror que tuvo eco en Mendoza

Por: Juan Manuel Lucero

Este martes 13 de enero se cumplen 14 años de una de las tragedias marítimas más impactantes del siglo XXI: el naufragio del Costa Concordia

Aquella noche de invierno europeo, lo que debía ser un viaje de placer por el Mediterráneo se transformó en una pesadilla marcada por la improvisación, el caos y la muerte. Entre quienes lograron sobrevivir estuvieron tres mendocinas: la jueza María Inés Lona de Ábalos y sus hijas Silvina y Valeria, cuya historia recorrió el mundo.

La escena previa al desastre era la habitual de un crucero de lujo. Restaurantes colmados, casinos en pleno funcionamiento, espectáculos nocturnos, piletas iluminadas y pasajeros entregados al ocio. 

A las 21.30, sin embargo, un fuerte impacto sacudió la nave. El Costa Concordia había salido de su ruta habitual para realizar un saludo cercano a la Isla de Giglio, una maniobra impulsada por el capitán Francesco Schettino y motivada por un pedido personal. La decisión terminó en tragedia: el casco chocó contra una roca, se abrió una vía de agua y el barco comenzó a escorarse de manera irreversible.

Francesco Schettino, capitán de la nave.

A bordo viajaban más de 4.200 personas entre pasajeros y tripulantes. Durante largos minutos no hubo información clara. Las luces se apagaron, los mensajes oficiales minimizaron la situación y la evacuación se demoró más de una hora. Para entonces, el crucero ya estaba inclinado y muchos pasajeros comenzaron a huir por sus propios medios, buscando chalecos salvavidas y botes en medio de empujones y escenas de desesperación.

El saldo fue devastador: 32 muertos y más de un centenar de heridos. La evacuación fue desordenada y, en muchos casos, improvisada. Mientras cientos de personas aún estaban atrapadas, el capitán Schettino abandonó el barco y se refugió en la costa. 

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Su conducta quedó expuesta en un audio que se filtró poco después, en el que el comandante de la Capitanía de Livorno, Gregorio De Falco, le ordena de manera furiosa que regrese a bordo para coordinar el rescate. Schettino nunca volvió.

Con el paso de los días se conocieron más detalles que agravaron el escándalo: el capitán llevaba a bordo a su amante, que no figuraba en la lista de pasajeros, y había subido con ella al puente de mando minutos antes del impacto para observar la isla más de cerca. El juicio, seguido con atención mundial, terminó con una condena de 16 años de prisión por naufragio, homicidio culposo, abandono de la nave e incumplimiento de deberes.

Entre las historias de supervivencia, la de las tres mendocinas ocupó un lugar destacado. María Inés Lona de Ábalos, entonces jueza, tenía 72 años cuando debió arrojarse al mar junto a decenas de personas. 

Años después, relató aquella noche en un documental de National Geographic: cómo quedó atrapada en una de las barandas, la decisión de saltar al agua y la angustia de nadar mientras el sonido de los metales anunciaba que el buque se hundía lentamente. Ella y sus hijas lograron llegar a la costa con vida.

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El Costa Concordia permaneció encallado frente a la Isla de Giglio durante dos años, convertido en un símbolo del desastre. Tras una compleja y costosa operación fue enderezado y trasladado al puerto de Génova, donde finalmente fue desguazado. Demasiada tragedia había quedado atrapada en su interior.

A 14 años de aquella noche, el naufragio del Costa Concordia sigue siendo recordado como un caso extremo de irresponsabilidad al mando y de fallas en los protocolos de seguridad. Pero también como una historia de supervivencia, entre ellas la de tres mendocinas que pudieron contarla y que, cada enero, vuelven a revivir una experiencia que marcó sus vidas para siempre. 

María Inés Lona de Ábalos junto a sus hijas. (Foto: Clarín)

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