Con estos niveles, se encuentra debajo de las de Brasil, Uruguay y México. El ancla fiscal fue la clave.
La deuda publica cayó del 130% del PBI en 2023 al 48% en 2025
La deuda pública argentina registró en 2025 una de las bajas más pronunciadas de las últimas décadas y se ubicó en niveles inferiores a los de economías comparables de la región, como Brasil, México y Uruguay.
Según estimaciones de la consultora Deloitte, la relación entre deuda y Producto Bruto Interno (PBI) habría descendido del 130% al 48%, consolidando un cambio de tendencia iniciado tras el giro en la política fiscal del gobierno de Javier Milei.
El dato marca un contraste abrupto con el punto de partida. En 2023, el stock de deuda superaba el 130% del PBI; en 2024 había bajado a la zona del 80%, y en 2025 terminó de perforar el umbral del 50%. La mejora se explicó, principalmente, por el ajuste del gasto público en términos reales y por la obtención de dos superávits fiscales consecutivos, algo que no ocurría desde hace más de 15 años.
La consolidación fiscal tuvo un impacto directo sobre las variables financieras. El riesgo país cayó desde niveles superiores a los 2.500 puntos básicos a fines de 2023 hasta ubicarse en torno a los 500 puntos, reflejando una percepción de menor fragilidad macroeconómica y una reducción en la prima exigida por los inversores para financiar al Estado argentino.
Menos deuda, menos dependencia
Desde Deloitte subrayaron que el cambio no responde a un efecto coyuntural, sino a una modificación estructural del esquema fiscal. En un informe reciente, economistas de la consultora señalaron que Argentina dejó atrás una década caracterizada por desequilibrios fiscales persistentes, emisión monetaria y volatilidad, y comenzó a transitar una etapa apoyada en tres pilares: disciplina fiscal, expansión de sectores exportadores y un nuevo marco regulatorio.
El regreso al superávit primario y financiero en 2024 -el primero desde 2006- permitió reducir la necesidad de financiamiento y frenar el crecimiento del endeudamiento. Ese punto fue clave para estabilizar expectativas y mejorar la sostenibilidad de la deuda en el mediano plazo.
Crecimiento con superávit externo
Otro factor que refuerza la baja de la deuda es la coincidencia, poco frecuente en la historia reciente, entre crecimiento económico y superávit comercial. Entre 2013 y 2023, la balanza externa alternó déficits y superávits de manera errática, con resultados positivos solo en contextos recesivos.
Ese patrón comenzó a revertirse en 2024, cuando el superávit comercial alcanzó un récord cercano a los 19.000 millones de dólares, impulsado por la recuperación del agro tras la sequía, el salto de las exportaciones energéticas y la contracción previa de la demanda interna. En 2025, aun con una recuperación de la actividad -el PBI creció 5,2% acumulado hasta agosto- y un fuerte aumento de las importaciones, el saldo comercial se mantuvo positivo en 6.400 millones de dólares hasta septiembre.
La composición de las importaciones, mayormente vinculadas a bienes de capital, refuerza la lectura de un crecimiento más sostenible y menos dependiente del endeudamiento externo.
Las proyecciones de Deloitte anticipan que el sendero de reducción de la deuda podría sostenerse si se consolida el aporte de los sectores energético y minero. Las exportaciones totales del país podrían pasar de casi 80.000 millones de dólares en 2024 a más de 116.000 millones hacia 2030, con saldos comerciales positivos de manera persistente.
Además, la minería avanza en una fase de expansión. Las exportaciones del sector podrían alcanzar los 5.500 millones de dólares en 2025, mientras que las inversiones proyectadas hasta 2035 rondan los 51.900 millones de dólares, concentradas en cobre y litio.
Con un superávit primario proyectado del 1,5% del PBI para 2026 y cuentas consolidadas equilibradas, el Gobierno apunta a sostener la reducción del endeudamiento sin recurrir a nuevo financiamiento neto. Según Deloitte, si el crecimiento económico se mantiene y mejora el acceso al crédito para refinanciar vencimientos, los actuales niveles de deuda no representarían un riesgo significativo.
La caída del riesgo país por debajo de los 500 puntos refuerza esa lectura y marca un escenario financiero sensiblemente distinto al que enfrentaba la Argentina apenas dos años atrás, cuando la deuda y el déficit fiscal condicionaban cualquier horizonte de estabilidad.
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