El 2024 YR4 tiene grandes dimensiones y tanto la agencia espacial de EE.UU. como otras del mundo monitorean la órbita del objeto en forma permanente.
Un asteroide preocupa a la NASA
El asteroide 2024 YR4 ingresó en los registros de observación en 2024, cuando distintos equipos detectaron su presencia y comenzaron a trazar su órbita. Desde ese momento pasó a integrar el grupo de objetos que la NASA y otras agencias espaciales revisan de manera sistemática por su relación posible con la Tierra en las próximas décadas.
Los cálculos iniciales situaron su tamaño en un rango amplio, entre decenas y algunos cientos de metros. Ese dato lo colocó de inmediato dentro de la categoría de cuerpos capaces de producir daños de alcance local o regional en caso de impacto. Con ese criterio, la NASA lo incluyó en su lista de objetos de interés y ordenó un seguimiento sostenido para precisar dimensiones y ruta.
El foco de la inquietud no se ubicó en un choque inmediato, sino en la falta de precisión sobre ciertos parámetros orbitales. Entre ellos se destacó el efecto Yarkovsky, un fenómeno térmico que modifica gradualmente la trayectoria de los asteroides y complica las proyecciones a largo plazo. Esa combinación de variables abrió un margen de incertidumbre que la comunidad científica intentó reducir con más observaciones ópticas y mediciones por radar.
Sobre esa base, programas como Sentry y la oficina CNEOS del JPL actualizaron de manera periódica los números y cargaron los resultados en una tabla de riesgo que sigue en revisión. En esa tabla, 2024 YR4 apareció con probabilidades de impacto bajas, pero sujetas a cambios a medida que ingresan nuevos datos. Esta situación dejó abierta la posibilidad de reforzar campañas de monitoreo cuando el asteroide ofrece mejores condiciones de observación.
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Los escenarios simulados evaluaron qué podría ocurrir si un cuerpo de ese tamaño ingresara en la atmósfera terrestre. Los modelos describieron ondas de choque, incendios y caída de escombros con efectos marcados sobre zonas específicas, sin llegar a un cuadro de extinción global. Aun así, distintos organismos consideraron necesario revisar protocolos de protección civil y esquemas de evacuación para posibles emergencias regionales.
En paralelo, la NASA coordinó esfuerzos con observatorios de varios países para organizar sesiones de observación conjunta con telescopios y radares. Esos trabajos apuntaron a ajustar la órbita, reducir márgenes de error y alimentar bases de datos abiertas que hoy siguen disponibles para gobiernos y agencias de gestión de riesgo. La circulación de información entre instituciones se mantuvo como una herramienta central para diseñar respuestas técnicas y políticas si los pronósticos cambian.
En el plano de la mitigación, los estudios incluyeron diferentes líneas de acción: desvío mediante impacto cinético, empleo de naves que ejerzan tracción gravitatoria y, como último recurso, evacuaciones localizadas en áreas potencialmente afectadas. Misiones demostrativas recientes aportaron experiencia para mejorar estas técnicas y dejaron en claro que cualquier intervención necesitaría tiempo, coordinación internacional y financiamiento sostenido.
En síntesis, 2024 YR4 se convirtió en un caso de seguimiento continuo más que en una amenaza inmediata. La probabilidad de impacto se mantiene baja en los registros públicos, pero los especialistas insisten en que los modelos seguirán en revisión. Frente a ese escenario, las recomendaciones actuales apuntan a consultar fuentes oficiales y prestar atención a los comunicados de la NASA y de las agencias espaciales y de emergencia ante eventuales cambios en las proyecciones futuras.



