El personal del Hospital Municipal Santamarina, en Monte Grande, provincia de Buenos Aires, volvió a ser víctima de violencia durante la mañana del domingo pasado: una neuróloga de guardia terminó con golpes en el cuello y la espalda, mientras que el jefe del servicio sufrió una fractura lumbar y un hematoma en el rostro tras recibir un puñetazo, según relataron los propios profesionales afectados.
El episodio se desató tras el cambio de turno en la Guardia. Los médicos que ingresaban a sus jornadas se encontraban en la sala destinada al personal cuando una pareja, que esperaba atención para una sutura, irrumpió y comenzó a exigir ser atendida de inmediato.
Pese a las explicaciones del equipo sobre la necesidad de que el cirujano a cargo llegara para ese procedimiento, la discusión escaló: primero hubo empujones e insultos y luego la agresión física. Testigos relataron que, en medio del forcejeo, el jefe de guardia fue arrojado contra una puerta metálica y perdió el equilibrio; al intentar reincorporarse recibió un golpe en el rostro que le provocó la lesión que ahora requiere reposo y un corsé. La médica agredida recibió golpes en la cabeza y el cuerpo y debió recibir kinesiología por las lesiones.
Según los trabajadores, la agresión no fue un hecho aislado sino el punto culminante de una situación de creciente inseguridad en el hospital: hacía poco más de un mes el equipo había elevado una nota a la dirección y al municipio solicitando medidas de resguardo ante el aumento de agresiones verbales y físicas provenientes de pacientes o acompañantes.
Desde la comuna de Esteban Echeverría indicaron que en el momento del incidente había presencia de seguridad y que, a raíz del suceso, se reforzaron los operativos: se duplicó la cantidad de efectivos de la Policía bonaerense destinados al hospital y quedó de manera permanente un móvil de la Guardia Urbana que anteriormente solo estaba disponible los fines de semana.
El Colegio de Médicos de la Provincia de Buenos Aires y otros organismos expresaron su repudio por lo ocurrido y reclamaron garantías de seguridad para el ejercicio profesional en los hospitales públicos.
Llamaban a "patearlos" cuando se juntaran en la Plaza Independencia. Tras detectar los mensajes violentos, los organizadores optaron por cancelar la reunión abierta.