A 90 años de la Fiesta Nacional de la Vendimia, un repaso por su impacto en la economía, cultura e identidad de Mendoza, el legado político que la sostuvo y los desafíos actuales para evitar su decadencia y proyectarla hacia el futuro.
Vendimia 90 años: pasado, presente y futuro
Hoy, 1 de abril, se cumplen 90 años de la Fiesta Nacional de la Vendimia, organizada en Mendoza. Es un momento de reflexión por los múltiples alcances en economía, cultura, política y desarrollo social, con tres preguntas clave. ¿Cómo fue posible sostener casi un siglo este esfuerzo? ¿Cuáles han sido sus implicancias? ¿Hacia dónde vamos ahora?
En la conversación diaria solemos criticar a los gobernantes y los partidos políticos por la brecha entre sus propuestas y lo que efectivamente logran realizar. También hay algunos vivos que aprovechan el Estado para beneficios personales. Pero una fiesta como la de hoy nos lleva a dar vuelta la mirada, y reconocer que, a pesar de esas debilidades, gracias a ellos tenemos obras trascendentes, resultado de políticas públicas sostenidas, visión estratégica y planificación a largo plazo.
En ese sentido, hay que reconocer el legado del Partido Demócrata, autor intelectual y sostén político de esta fiesta durante muchos años. Vaya nuestro reconocimiento al senador Armando Mario Magistretti, como representante de ese partido, que nos ha dejado este legado precioso.
Con Vendimia avanzó sustancialmente el proceso de diversificación económica de Mendoza, pasando del monocultivo a convertirse también en polo turístico nacional e internacional.
Además, gracias a la Fiesta Nacional de la Vendimia, Mendoza tiene una de las mayores estructuras artísticas del país, con innumerables academias de danza clásica, folklórica y contemporánea, que trabajan todo el año gracias al incentivo que representa esta fiesta y sus múltiples ramificaciones en departamentos y distritos. Se trata de un trabajo silencioso que fortalece a la juventud frente a amenazas como el narco, el crimen organizado y otros problemas sociales. La resiliencia de Mendoza tiene en Vendimia uno de sus pilares.
La identidad cultural de Mendoza es otra fortaleza. Vendimia, con su despliegue de arte, música y danza, ha logrado visibilizar una identidad única. Pocos lugares en el mundo han logrado algo similar con fiestas tradicionales, como las Fallas de Valencia, el Carnaval de Venecia, San Fermín o la fiesta del Dragón en China.
¿Hacia dónde vamos? Aquí viene el desafío. La Fiesta de la Vendimia debe mantener su identidad cultural y, al mismo tiempo, adaptarse con innovación y estándares internacionales.
Esto implica sostener su base como fiesta antropológica, sin perder su esencia. No puede transformarse en un espectáculo vacío o ajeno a su raíz, como un desfile de moda o una fiesta electrónica. Debe representar la historia de Mendoza, con los huarpes, los españoles, los inmigrantes, San Martín, la Virgen de la Carrodilla, el agua, la viña y el vino.
La innovación debe darse en los guiones, la puesta en escena y la calidad artística. En este punto se percibe cierta decadencia, con propuestas más superficiales, lejos del legado de grandes referentes como Abelardo Vázquez, Ernesto Suárez, Armando Tejada Gómez, Arístides Vargas, Tito Francia, Eduardo Hualpa, Luis Villalba y Vilma Rúpolo.
El punto crítico es mejorar el sistema de jurados de la Vendimia, encargado de elegir la propuesta del Acto Central. Se trata de un rol estratégico que debería contar con jerarquía internacional y especialistas en espectáculos culturales y antropológicos.
Si esto no se corrige, la Fiesta Nacional de la Vendimia corre riesgo de caer en decadencia e irrelevancia. El desafío de la dirigencia mendocina es garantizar un salto de calidad que asegure el futuro de esta celebración para los próximos 90 años.



