Cómo eran los prostíbulos en Mendoza hace 100 años

Entre la tolerancia y el control, la prostitución formó parte de una provincia atravesada por la desigualdad y los márgenes sociales.

Cómo eran los prostíbulos en Mendoza hace 100 años

Por:María Belén Godoy
Periodista

A comienzos del siglo XX, mientras la Ciudad de Mendoza crecía hacia el nuevo centro trazado alrededor de la Plaza Independencia, otro mapa se dibujaba en silencio. En la zona de la Cuarta Sección, la parte más antigua, marcada por las huellas del terremoto de 1861, funcionaban prostíbulos que convivían en una legalidad difusa: no estaban autorizados, pero se permitían.

Las casas de adobe y los viejos trazos urbanos se convirtieron en escenario de una actividad que se movía entre permisos informales y controles arbitrarios. "Había un claro oscuro", explicó el escritor e historiador Oscar Miremont. "Si no pagaban lo que tenían que pagar, venían las redadas o terminaban presas".

Los prostíbulos se concentraban principalmente en calles como Ituzaingó y también en inmediaciones de Juan B. Justo, cerca de la estación de tren, una zona atravesada por el movimiento de migrantes.

 La prostitución formaba parte de una trama social más amplia, atravesada por la pobreza, la falta de trabajo y la desigualdad. En 1912 desembarcaron dos mafias en Argentina, las cuales se dedicaban a la trata de blancas, (como se la conocía por entonces). 

Imágenes del terremoto de 1861.

Por un lado, estaba la mafia polaca cuyo centro estaba en Rosario la famosa Zwi Migdal, y por el otro, existió una menos conocida, se trataba de una organización francesa llamada Milieu. Ambos grupos reclutaban mujeres de una Europa empobrecida y las traían con promesas al país.

Para reconstruir ese mundo, Miremont trabajó durante años con fuentes documentales. Utilizó prontuarios policiales en los que figuran nombres, edades, procedencias y hasta fotografías de las mujeres. También revisó registros de detenciones y traslados. "Existe un seguimiento muy detallado de sus vidas, incluso de cuándo entraban y salían de los calabozos", señaló.

Muchas de ellas no eran llevadas a cárceles en el sentido estricto. Algunas eran alojadas en el antiguo Hospital San Antonio, ubicado en la zona de la Cuarta, mientras que otras, especialmente menores, eran derivadas a instituciones como la casa de las monjas El Buen Pastor.

El trabajo de archivo incluyó además la lectura sistemática de diarios de la época. Durante seis años, el autor consultó ejemplares antiguos en la Biblioteca General San Martín. En esas páginas encontró no solo crónicas policiales, sino también el contexto social, político y económico que rodeaba a estas historias.

Imágenes de archivo que muestran cómo eran los prostíbulos hace 100 años.

En ese entramado aparecen también las trayectorias de mujeres migrantes. Muchas provenían de Europa del Este, en un contexto previo a la Primera Guerra Mundial marcado por el hambre y la inestabilidad. Algunas fueron captadas por redes de trata que operaban en el país. "Se les prometía una vida, una familia, una casa. Pero eso no sucedía: terminaban siendo explotadas", contó Miremont.

Otras llegaban desde distintas provincias argentinas, empujadas por la pobreza. En una Argentina que crecía económicamente pero distribuía de forma desigual, la prostitución era, para muchas, una forma de subsistencia. "No había clase media todavía. Había una gran riqueza concentrada y una mayoría que sobrevivía como podía", describió el autor.

Las mujeres eran las perseguidas y encarceladas no los integrantes de las mafias.

Ese universo es el que reconstruye Miremont en su libro: "Putas", donde recorre una Mendoza entre los años 1912 y 1918, además combina documentación histórica con una mirada narrativa. A través de capítulos que recuperan nombres y recorridos, el texto propone volver sobre historias que quedaron fuera de los relatos oficiales.

El libro relata la situación de las mujeres que habitaron los márgenes, en una ciudad que, mientras se modernizaba, también escondía sus propias sombras.

La tapa del libro que retrata cómo eran los prostíbulos hace 100 años.

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