El familiar del futbolista sufrió un accidente en 2024 donde perdió la pierna y permaneció un mes en el hospital.
El enorme gesto del sobrino de Heinze a un año del accidente en Mendoza
Ignacio Heinze de 28 años, sobrino del histórico jugador de la Selección Argentina de Fútbol, Gabriel Heinze, sufrió la amputación de su pierna por el accidente en auto que tuvo en Mendoza en diciembre del 2024.
Heinze viajaba en su auto junto a una joven de 25 años cuando perdieron el control, chocaron contra el guardarraíl y volcaron. Tras esto, las graves heridas que sufrió llevaron a los médicos a amputar una de sus piernas.
Luego de esto, el joven estuvo un mes internado recuperándose y realizando rehabilitación en el Hospital Central y creó un vínculo con el personal médico que lo atendió. Antes de irse escribió una carta agradeciendo. Ahora volvió a Mendoza y por el primer lugar que pasó fue por el Hospital Central en busca de quienes le salvaron la vida.
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Fue el propio nosocomio quien publicó las fotos con una emotiva descripción:
Cuando la vida vuelve a encontrarnos
A un año de un duro accidente de tránsito ocurrido en diciembre de 2025, mientras venía a vacacionar a la provincia de Mendoza, Ignacio Heinze volvió a cruzar las puertas de nuestro hospital.
Esta vez no como paciente, sino cumpliendo una promesa: regresar caminando, con una sonrisa y el corazón lleno de gratitud, a cada uno de los espacios que lo albergaron durante más de 20 días de internación.
En medio de la tragedia, Nacho creó vínculos entrañables. Hoy, acompañado por su gran familia, regresó para reencontrarse con quienes él mismo llama "sus amigos": personal médico, de enfermería, kinesiología y tantos otros equipos que, con compromiso, amor y empatía, hicieron posible que hoy esté de pie, avanzando con garra hacia una vida plena, con una nueva realidad, pero también con proyectos, sueños y objetivos que lo definen.
Abrazos, lágrimas, sonrisas y un sinfín de anécdotas marcaron esta visita que reconforta profundamente a quienes se dedican a la salud. Porque en momentos como este, cada esfuerzo, cada guardia, cada palabra de aliento y cada gesto humano cobran sentido. Hoy, ese resultado tiene nombre y rostro, y lo pudimos ver y abrazar.
Queremos agradecer especialmente a Nacho y a toda su familia, que viajaron desde Entre Ríos y Rosario hasta Mendoza, simplemente para decir gracias. Para compartir desde otro lugar, ya no como paciente, sino como amigo, con quienes cuidaron su salud y lo acompañaron en uno de los momentos más difíciles de su vida.
Historias como la de Ignacio nos recuerdan que la medicina también se construye con amor, empatía y humanidad. Y que, muchas veces, el mayor reconocimiento es volver a verlos caminar.
Gracias, Nacho. Gracias, familia. Gracias a cada trabajador y trabajadora de la salud que hace posible estos reencuentros.
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