A 44 años de la Guerra de las Malvinas, el diálogo con una de ellas vuelve a poner en escena a las mujeres que cuidaron, resistieron y reclamaron reconocimiento desde el silencio.
Heroínas de Malvinas: "No hay victorias ni derrotas, hay ausencias"
Cada 2 de abril, el país vuelve a mirar hacia el sureste y a una herida que sigue latiendo en la memoria colectiva del pueblo argentino. Pero entre los nombres más repetidos, durante años hubo historias que quedaron al margen, silenciadas.
El papel de las mujeres de la guerra fue fundamental, y una de ellas lo trae al presente en este nuevo aniversario. Se trata de la historia de Stella Maris Morales, enfermera, veterana y testigo de un frente menos visible de la guerra: el de quienes curaban mientras otros combatían. En su historia, está la historia de otras mujeres que también vivieron la guerra en carne propia.
Oriunda de Villa María, Córdoba, Morales integró la Fuerza Aérea Argentina y en 1982 fue destinada al Hospital Aeronáutico Central. Con el inicio del conflicto, fue convocada junto a otras 13 enfermeras para formar parte de un hospital reubicable que, aunque inicialmente iba a instalarse en las islas, terminó desplegado en Comodoro Rivadavia.
"Allí recibíamos a los heridos que venían de ese infierno", recuerda. En ese hospital de campaña, montado al pie de la pista aérea, se realizaban cirugías, internaciones y tareas de emergencia. Las enfermeras también participaban en evacuaciones aéreas: aviones sin asientos, cargados de camillas, trasladando soldados heridos o debilitados por la mala alimentación.
La guerra fue dura y su papel fundamental a la hora de salvar las vidas de quienes venían de "ese infierno", tal como lo define la veterana de Malvinas. Pero tras el final de la guerra, llegó otro tipo de padecimiento: el silencio.
"Cuando volvimos, no se hablaba de lo que habíamos pasado. Cada una se encerró en sí misma", cuenta. Durante años, su participación -y la de sus compañeras- quedó invisibilizada. A diferencia de sus colegas varones, muchas de ellas no fueron incluidas en los listados oficiales ni accedieron a los beneficios como veteranas.
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Recién años después, esa historia empezó a cambiar. En los años 90 recibieron reconocimientos simbólicos, pero fue recién en 2021 cuando la Justicia reconoció formalmente a Morales y a otras enfermeras como veteranas de guerra.
"Nosotras también estuvimos. La guerra es un equipo: pilotos, mecánicos, médicos, enfermeras. Todos cumplimos una función", afirma.
Hoy, con el paso del tiempo, su mirada sobre la guerra se volvió más introspectiva, atravesada por una certeza dolorosa: "No se gana nada con una guerra. Para mí no hay victorias ni derrotas, hay ausencias".
Esa reflexión nace de las escenas que la marcaron para siempre: jóvenes soldados pidiendo por sus madres, cuerpos heridos, miradas perdidas. "Lo único que querían era que los atendiéramos, que les dijéramos a sus familias que estaban bien", recuerda.
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Tras dejar la Fuerza Aérea en 1984, continuó su camino en la enfermería, aunque con una carga emocional difícil de explicar. Más tarde, encontró en el arte textil una forma de reconstrucción personal: hoy teje con papel, transformando materia frágil en piezas que, como su historia, hablan de resistencia.
A más de cuatro décadas del conflicto, Morales insiste en la necesidad de hablar, de contar, de no callar. "Si uno no dice lo que pasó, no se logra nada. Y hablar también es una forma de sanar", sostiene.
Su mensaje, lejos de la épica, se acerca más a una advertencia de quien vivió la guerra en carne propia y miró a la muerte a los ojos. "No quisiera que mi hijo vaya a la guerra. Creo que el camino siempre tiene que ser el diálogo", expresa.
En tiempos donde las voces se multiplican para recordar Malvinas, la de Stella Morales emerge con una fuerza distinta. No desde el combate, sino desde el cuidado. No desde la épica, sino desde la memoria.
"Quién nos habla aquí de olvido, de renuncia de perdón...", los héroes -y heroínas- siguen presentes en la memoria o caminan entre nosotros y nos enseñan la importancia de mantener vivo su legado a 44 años de aquel conflicto armado.
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