Con más de 30 años de trayectoria, este programa municipal se ha consolidado como un espacio de encuentro, inclusión y recreación en un entorno seguro, con equipos profesionales capacitados y una planificación pedagógica sostenida en el tiempo.
Más de 5 mil niños y niñas participaron de las Escuelas de Verano en Maipú
Familiaridad, inclusión y valores en acción son los pilares sobre los que se apoyó este año el programa Escuelas de Verano de Maipú, en una temporada que volvió a confirmar que el deporte y la recreación son mucho más que una propuesta estival: son una política pública sostenida, con identidad propia y anclaje vecinal en los 12 distritos del departamento.
Desde el 16 de diciembre hasta el 6 de febrero, la Maipú Municipio puso en marcha una nueva edición del programa en más de 12 espacios distribuidos estratégicamente en todo el territorio: polideportivos, campings, clubes y hasta una bodega formaron parte del circuito. La amplitud geográfica no es un dato menor en un departamento con gran extensión en kilómetros cuadrados, donde garantizar cercanía y acceso implica planificación y decisión política.
Los espacios que albergaron las actividades fueron los polideportivos Nº 1 Ribosqui, Nº 2 Juan Giol, Nº 3 Eva Perón, Nº 4 San Roque y Nº 5 Lucila Bombal (Rodeo del Medio); los campings Cooperativa Beltrán Norte, AMET, Alimentación, Ruta 31 (Fray Luis Beltrán), Caza y Pesca (Barrancas) y Granja Doble R; el Teqüe Rugby Club (General Ortega) y la Bodega Zuccardi (Fray Luis Beltrán), entre otros. Esta red de sedes permitió que miles de familias accedieran a una propuesta cercana a su barrio, consolidando un modelo de gestión con fuerte presencia territorial.
Con más de 30 años de trayectoria, la Escuela de Verano Municipal no es una experiencia aislada sino un programa consolidado, con un encuadre metodológico que se ha perfeccionado a lo largo de tres décadas. La propuesta combina aprendizaje, desarrollo de habilidades motrices y sociales, creatividad, inclusión y recreación en un entorno seguro, con equipos profesionales capacitados y una planificación pedagógica sostenida en el tiempo.
Con actividades acuáticas, juegos y deportes,el programa Escuelas de Verano de Maipú reafirmó su impronta comunitaria en cada barrio.
La edición 2025-2026 volvió a incluir programas para niños y niñas de 4 a 13 años, una escuela adaptada para chicos con Certificado Único de Discapacidad -que funcionó sin costo en el Polideportivo Nº 1 Ribosqui- y actividades específicas para adultos mayores. Esta integración de diferentes rangos etarios expresa un enfoque familiar que atraviesa la gestión municipal: el verano como espacio de encuentro intergeneracional, donde abuelos, hijos y nietos comparten el mismo espíritu comunitario.
Otro de los valores diferenciales de la temporada fue el costo. Las tarifas se mantuvieron accesibles, con modalidades aranceladas y múltiples sedes totalmente gratuitas, además de beneficios para residentes y empleados municipales. En un contexto económico complejo, garantizar el acceso al deporte y la recreación para miles de chicos y chicas constituye una decisión que prioriza la igualdad de oportunidades.
En las sedes se desarrollaron actividades deportivas como fútbol, básquet, handball, hockey, karate, vóley, natación y atletismo, junto a juegos recreativos, salidas y propuestas al aire libre que fomentaron la socialización y el trabajo en equipo. Pero la experiencia fue más allá del movimiento físico.
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Por cuarto año consecutivo, la Libreta de Valores volvió a ser el eje transversal de la propuesta. A través del juego, se trabajaron hábitos saludables, prevención del bullying y cuidado del ambiente, en un abordaje integral articulado entre las áreas de Deportes, Educación, Salud y Ambiente. Atentos a la realidad sanitaria y climática, este año se incorporaron contenidos específicos vinculados al cuidado del agua, reforzando la conciencia ambiental desde edades tempranas.
Bajo el concepto "En Maipú crecemos con vos", la Escuela de Verano reafirmó su misión: fomentar la amistad, el aprendizaje y la diversión como herramientas de crecimiento colectivo. En esa lógica, el programa no sólo ofrece entretenimiento estacional, sino que fortalece el tejido social, promueve valores compartidos y amplía derechos. La experiencia de esta temporada confirma que cuando la política pública se planifica con territorialidad, inclusión y enfoque comunitario, el impacto trasciende el verano. En Maipú, el deporte y la recreación son parte de una visión más amplia: una comunidad que crece cuando crece su gente.
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