Marcelo Deambrosi, un DJ que piensa la música como experiencia

El histórico programador musical mendocino repasa casi cinco décadas de carrera, analiza cómo cambió la forma de escuchar música y reflexiona sobre el futuro del entretenimiento.

Marcelo Deambrosi, un DJ que piensa la música como experiencia

Por:Florencia Silva
Secretaria de redacción

Cada 9 de marzo se celebra el Día Internacional del DJ (World DJ Day), una fecha creada en 2002 por la World DJ Fund junto con la organización Nordoff Robbins Music Therapy para reconocer el trabajo de quienes dedican su vida a seleccionar, mezclar y difundir música. En Mendoza, uno de los nombres que aparece cuando se habla de esta profesión es Marcelo Deambrosi, un hombre que lleva cerca de cinco décadas detrás de las bandejas.

La historia de Deambrosi con la música comenzó en los años setenta, cuando empezó a trabajar como disc-jockey en una época en la que el oficio implicaba algo más que reproducir canciones. En aquellas cabinas, donde los vinilos eran protagonistas y la música se construía tema a tema, el DJ debía observar permanentemente lo que sucedía en la pista. "Antiguamente se decía que había que leer la pista, o tomar la temperatura del público", recuerda. Esa expresión, explica, sintetizaba una forma muy particular de entender el trabajo: interpretar el ánimo de la gente y decidir qué música podía sostener ese clima o transformarlo.

Deambrosi junto a Iván de Souza y Humberto "Turco" Paz.

"Es un hecho emocional", dice sobre la música. "Uno va percibiendo lo que pasa con la gente, si la energía sube o baja, y a partir de eso decide hacia dónde llevar la música". Esa sensibilidad para interpretar al público sigue siendo, para él, uno de los rasgos centrales del oficio. A lo largo de su carrera pasó por distintas etapas de la vida nocturna mendocina y participó en espacios que marcaron época dentro de la escena local, experiencias que fueron moldeando su criterio musical.

Con el paso de los años esa experiencia se trasladó también al mundo de la radio y de la programación musical. En 1988 impulsó la creación de Red 101, una emisora que con el tiempo consolidó una identidad muy clara dentro del dial mendocino. La propuesta se basó desde el principio en una selección musical cuidada y en una comunicación que prioriza la moderación y el respeto hacia el oyente. "Siempre fuimos muy minuciosos para elegir qué se pone y por qué se pone", explica. "Es un trabajo parecido al del DJ frente a la pista: cómo arrancar, cómo encender la parte emocional".

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Durante la entrevista, Deambrosi también se detiene a analizar el cambio profundo que vivió la industria musical en las últimas décadas. Para él, la transformación más grande está vinculada al avance tecnológico. "Pasamos del disco y el casete a una nube virtual donde está toda la música", explica. Hoy cualquier persona puede grabar una canción, editarla con herramientas digitales y publicarla en internet sin necesidad de un estudio profesional.

Ese proceso democratizó la producción musical, pero al mismo tiempo generó un escenario mucho más saturado. "Hoy cualquiera con una computadora y un micrófono puede producir música, hacer la posproducción y hasta el marketing", dice. "Eso abrió oportunidades increíbles, pero también generó una enorme cantidad de material".

  Marcelo Deambrosi , un hombre que lleva cerca de cinco décadas detrás de las bandejas.

Otro fenómeno que observa con atención es el rol de los algoritmos en las plataformas de streaming. Cuando un usuario busca un artista o un tema, los sistemas suelen mostrar primero las canciones más reproducidas, lo que termina condicionando el consumo musical. "El algoritmo ya te sugiere qué escuchar", señala. "Buscás un artista y te aparecen las cinco canciones con más reproducciones, entonces muchas veces la gente termina escuchando eso".

Para Deambrosi, ese mecanismo produce una especie de automatización del consumo cultural. "Estamos sometidos a una cantidad enorme de información que llega permanentemente", reflexiona. Sin embargo, cree que todavía existe un espacio importante para la sensibilidad humana en la selección musical. "Un programador puede elegir una canción por la melodía, por la armonía, por el ritmo o por lo que transmite. Hay cosas emocionales que todavía no pueden reemplazar las máquinas".

En su mirada sobre el panorama musical actual, también aparece la relación entre música y contexto social. Según explica, muchos géneros populares reflejan realidades culturales y sociales específicas. "El género latino se concentró mucho en ritmos básicos como el reggaetón", observa. "Fue una solución sencilla para producir música y encontró su mercado". Sin embargo, advierte que detrás de esas expresiones también hay una representación de lo que ocurre en la sociedad. "A veces lo que parece más burdo también es una radiografía de lo que pasa en los barrios de Latinoamérica".

Al mismo tiempo, señala otro fenómeno interesante: el regreso de canciones de otras épocas. En los últimos años se multiplicaron los remixes y reediciones de temas de los años 60, 70, 80 y 90 que vuelven a circular entre nuevas generaciones. "La gente escucha esas canciones adaptadas a nuevos ritmos y muchas veces se sorprende", dice. "Descubren temas que ya existían y se dan cuenta de lo buenos que eran".

También cambiaron las formas de disfrutar la música en vivo. En Mendoza, por ejemplo, Deambrosi observa el crecimiento de propuestas como sunsets en bodegas o encuentros musicales al atardecer, eventos que combinan paisaje, gastronomía y música. Según explica, ese tipo de experiencias refleja una transformación en los hábitos del público, que ya no busca únicamente la salida nocturna tradicional, sino momentos distintos para reunirse y disfrutar.

Desde su mirada como empresario del sector cultural, cree que Mendoza tiene un potencial enorme para desarrollar una industria del entretenimiento más amplia. "Tenemos algo único: la montaña, los paisajes, el clima", afirma. "Cuando alguien viene de afuera y ve la cordillera o los atardeceres de Mendoza se queda impactado". A su entender, ese escenario podría potenciarse con una agenda más amplia de eventos culturales, musicales y gastronómicos que complementen la oferta turística de la provincia.

Después de casi cinco décadas dedicadas a seleccionar música, Deambrosi sigue viendo su trabajo como una forma de generar experiencias. "Al final, lo que perdura es lo que realmente vale", dice. En un mundo donde los algoritmos y la velocidad marcan el ritmo del consumo cultural, el oficio del DJ conserva una esencia simple: interpretar al público y lograr que la música vuelva a emocionar.